La luz inextinguible

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“Esta es una obra rara de cojones”. Así de realista reveló Rafael Álvarez El Brujo su última producción, Autobiografía de un yogui, anoche delante del público en el teatro Góngora. En el escenario sonaba un sitar y lucía un modesto altar dedicado a Paramahansa Yogananda, el gurú indio que introdujo el yoga en occidente en los años 20 del siglo pasado. Su autobiografía cambió la vida de El Brujo hace 30 años, aunque el maestro espiritual ha llegado a escena cuando el discípulo ha estado preparado.

El resultado del último espectáculo del actor, autor, director, juglar y místico es otro de sus atrevimientos. Una obra de otro mundo en la que El Brujo baila -literalmente- en el escenario con una historia de la India que pasa por el yoga y la meditación, uniendo el humanismo espiritual con sus chanzas. Un territorio que el actor ya recorrió con otro místico de occidente y del Siglo de Oro, San Juan de la Cruz, en La luz oscura a través de una fuente espiritual que corre y que mana aunque sea de noche.

“¿Qué existe más allá de la oscuridad de los ojos cerrados?”

El Brujo invitó al público a abandonarse. A no intentar comprender. A mirar al interior y a asumir la oscuridad que lleva a la luz. Todo ello echando mano de su increíble elocuencia, capaz de parar la función para hablar con el respetable. Un alma iluminada por la acción libre, que deja margen a la improvisación y a la imaginación y que en su caso, lo ha convertido en un género en sí mismo.

Así viajamos de “Lusena”, su padre y el cura de su pueblo a las profundidades de lo sublime. Esta vez, y como siempre, El Brujo utilizó el humor como herramienta para abrir la ventana al paisaje de lo desconocido. Con risas, chistes, ironía, alegría y sentido de fiesta nos hizo conocer que todo eso forma tan parte de nosotros como la divinidad a la que aspiramos. También, que este espectáculo “acerca de la luz” es un choque romántico de temas trascendentes y lenguaje de taberna que cuando se cruzan hacen saltar chispas. Algo que solo hace posible una gran técnica y la dualidad de este actor funambulista.

“El mal y el bien siempre han de alternarse”

Transitando por las profundidades de la consciencia cósmica y de trascender toda dimensión, una intuía desde el palco que si Yogananda cambió el mundo interior de El Brujo, Dario Fo cambió su forma teatral. El actor encontró su propio estilo a raíz de Francisco juglar de dios, en donde absorbió el lenguaje de la juglaría y se hizo productor de su propio sistema de trabajo, de su forma de entender el teatro.

No sabemos si el inconsciente lo ha traído hasta este texto que él ha transformado para actor solista, pero sí que el público de anoche en Córdoba, cobijado en un teatro con nombre de poeta luminoso, conectó de forma intuitiva con su obra. Y tal vez con alguna rendija de luz.

“La sabiduría es lo que transforma”

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