El asno andaluz lucha contra su extinción: solo quedan 700

Uno de los asnos andaluces en Hornachuelos.

Solo 700 asnos andaluces estaban censados en 2021, por ello, están “en un claro peligro de extinción”. Así lo ha señalado el presidente de la Asociación de Asnos de Pura Raza Andaluza (Asnopra), Álvaro Jiménez. Desde esta combaten desde hace un año la problemática de estos animales.

La consanguineidad y la dispersión geográfica son los principales problemas con los que se encuentran para poder reproducir a los ejemplares. En Hornachuelos, Pepe Selfa, cuenta con 18 ejemplares siendo así uno de los ganaderos que cuentan con una de las cantidades más amplias, ya que según detalla Álvaro, “la mayoría tienen dos o tres”. En su caso, cuenta con siete animales.

El asno de pura raza andaluza tiene sus orígenes, según ha detallado el presidente de la Asociación, en el asno egipcio del que es descendiente. Además, “es considerada una de las razas más antiguas de Europa”. Este tipo de asno entró en la Península de mano de un pueblo íbero, los camitas. “En el último estudio se plantea que entraron bordeando la cuenca mediterránea”. Las buenas características climatológicas de Andalucía son las que hicieron que la especie se mantuviera “y mejorar la especie primitiva”.

A esta raza la distingue su pelaje rucio, su temperamento “más equilibrado y sociable, son más dóciles” y su gran alzada ya que “no es el típico burro pequeño, es más refinado”. Su tamaño ha hecho que no se haya utilizado tanto para la carga sino más para la montura. Sin embargo, se han usado para los mismos fines que cualquier otra especie, como “arar y sacar agua de los pozos”.

Dispersión geográfica y consanguinidad

En los orígenes de la raza según cuenta Álvaro, “se denominaban burro cordobés o de Lucena” ya que se ha extendido más por la zona del Valle del Guadalquivir. Sin embargo, en la actualidad los 700 ejemplares se encuentran dispersos por la geografía española, aunque las zonas más importantes siguen estando en Andalucía, en zonas de Córdoba, Sevilla, Málaga o Huelva.

El hecho de que estén distribuidos por las distintas provincias “impide el cambio de sangre” pero a la vez “que haya un número tan reducido hace que aumente la consanguinidad”. Esta se encuentra en un 20% en el asno andaluz, “un nivel elevadísimo”. Por este motivo no pueden cubrir las hembras con cualquier macho y colaboran con la Universidad de Córdoba, desde la que el grupo de genética les orienta. “Ellos tienen análisis de los genes de todos los ejemplares y saben con cual los podemos cruzar para que no haya consanguinidad”, explica Pepe. En su caso, cuenta con dos sementales y sabe que no tiene consanguinidad entre sus 18 animales.

A pesar de los esfuerzos que tienen que realizar para llevar a un animal a cualquier otro lugar para que pueda reproducirse, los casi 200 ganaderos “están por la labor” para evitar que esta raza se extinga. Uno de los motivos por los que también han disminuido los ejemplares es que, según detalla Álvaro, “el animal no tiene uso”. Lo único para que se usan es “para echarlos con yeguas y tener mulos, que es lo que ha hecho que la raza se mantenga”. O en otro caso, para limpiar las parcelas y terrenos de hierbas.

Sin embargo, a pesar de las circunstancias, los ganaderos como Pepe o Álvaro -que también tienen otras profesiones- persiguen desde la Asociación el mantenimiento de la raza andaluza ya que “es patrimonio etnológico”, explica Álvaro. Evitando su pérdida, se evita perder “genética, nombres de aparejos...”, en definitiva, patrimonio.

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