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Diario del Confinamiento | Oposiciones

Una mesa de escritorio para estudiar.

Juan José Fernández Palomo

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Hay mucha gente que estudia oposiciones para conseguir un trabajo; me consta, están cerca, detrás de la pared de mi dormitorio, en esta manzana, en el barrio. Son los que saben de confinamientos, de tutoriales on line, de supuestos prácticos, de rutinas, de disciplina. Les deseo suerte: es decir, que sea lo que ellos quieran.

Tal vez algunos de ellos quieran ser “servidores de lo público” o pedir una hipoteca –no es excluyente- o “fundar una familia”, esa expresión tan rara.

Da juego la palabra “oposición”. También la hay, por ejemplo, en ajedrez cuando un rey se enfrenta a otro separados por un escaque (Ojo, ávido lector: metáfora de actualidad). O en la política, cuando unas fuerzas se enfrentan al gobierno; en este caso muchas veces podemos observar que la Oposición estudia menos y con menos disciplina que un opositor.

Las oposiciones, entendidas como concurso de méritos (un talent show o algo así) están ahora confitadas, conservadas, muchas aplazadas. La fecha de la oposición se retrasará en el tiempo y el opositor continuará en su presente continuo, parecido a la fábula de Aquiles y la tortuga.

Ah, siempre los mitos. Nada hay más parecido a Sísifo que un opositor que suspende una y otra vez. Nada es más parecido a asaltar los cielos para muchos que aprobar.

Mientras, los miembros de mi generación fuimos educados para que alguien nos contratase por nuestra formación y ahora nos recomiendan que nos autoempleemos. Posiblemente para que no le echemos a nadie la culpa del fracaso. Sólo a nosotros.

Vaya fraude.

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