LOS YOGURINES. ESAS CRIATURAS CELESTIALES.

Sublimes, etéreas y empíreas criaturas. Afloradas y germinadas en el universo justo después que nosotras.  Irremediablemente tiernas y vulnerables. Inexpertas en el flirteo y el cortejo hacia su presa. Frescamente verdosas y frívolas. Aprendices impetuosas en el arte del amar. Sedientas de lo flamante, de lo insólito, de lo desconocido y de lo inédito. Criaturas novicias en el arte de conquistar, de seducir, ¿de dominar? y de enamorar al cosmos. Entes limitadas de efluvios verbales inteligentes. Deseosas de intercambiar fluidos corporales… ¡Cueste lo que les cueste!!!

Criaturas libidinosas, depravadas y pedorras cuando van en bandadas y su manera de atacar hace que nos recuerden a "los pájaros de Hitchocock". Uff… ¿no serán ahora "los yogurines de Hitchocock"…?

Eruditos de ovejos plastorros que beben de su sapiencia, cultura, ¿educación?, civismo e  ¿inteligencia?… Vamos… fieles a la lógica patriarcal… aunque ninguno te sepa dar una definición de patriarcado…

Piensan que las mujeres con mayor edad que ellos son DIOSAS DE LA DIVINIDAD DEL SEXO. INSTRUCTORAS Y MENTORAS del antiguo arte del erotismo, de la concupiscencia, de lo lujurioso, de lo obsceno y de la morbidez. Pobres… ¡Qué ingenuos e inocentes!!! Ja, ja, ja… Si ellos supieran la Biblia que tenemos de excusas para no inmiscuirnos en estos actos pecaminosos rutinarios y domésticos…  Y no es porque no sintamos necesidades biológicas, sino porque llega un momento en el cual estamos tan agotadas después de una larga jornada de niños/as, trabajo y bares… ¡Sí, también los bares! Que esas rutinas  conejeadoras egoístas… sinceramente… nos aburren. Se transforman en obligaciones y en lastres de nuestras vidas… O me ¿equivoco? Y no es que seamos castras, frígidas, asexuadas o desapasionadas…

Lo cierto es que - estas entrañables criaturas - cuando las vemos en su hábitat familiar son angelicales y cándidas y nos suelen dar confianza… Sí, ese tipo de confianza que nos autoriza a pellizcarles los mofletes sonrosados de la fuente de su juventud… Es entonces cuando ellos muestran una simpatía – casi tímida – jugando con nuestros hijos/as… Nosotras los miramos sin darnos cuenta de que por la noche pegan estirones de crecimiento y es entonces cuando sienten sacudidas hormonales y se transforman en … impacientes yogurines cuyo falo masculino – en plena efervescencia – no piensa más que en copular… Doy fe de ello… Entonces llega el momento del cortejo y lo hacen abriendo lascivamente sus ojos – como hipnotizados – con sus violentas y provocadoras hormonas masculinas que da la sensación que no paran de gritar para emerger de sus folículos pilosos faciales. Pero – en ese instante – tú no le puedes decir nada porque conoces a sus progenitores o familiares, los has visto crecer, incluso todavía, tienes el recuerdo de cuando iban con sus bocatas de mortadela con olivas por el parque… Pero no nos engañemos… realmente son plastorros ovejos en potenciaSon mentes patriarcales. 

La prueba más evidente es que cuando se cruzan en tu camino alguno – incluso – se atreve a decirte que los vas provocando (así, como exigiéndote que le acabes una faena que comenzó en su única imaginación). Otros – en cambio – te tiran una caña de pescar imaginaria y hacen movimientos… vamos, como si te hubieran pescado. Están también los que te traen al amigo yogurín tímido y te dicen "dice mi amigo que le gustas"… E imposible olvidarse de los que te dicen no les llames "el sobrino de…" porque tienen vello púbico. Otros se atreven a agarrarte y a decirte que quieren ser tu aprendiz… Uff… Estos últimos están ¡FLIPADOS!!! Realmente, agotadoras mentes patriarcales en proceso de formación… En fin… que todo esto en mi > me hace reflexionar y pensar… Y me pregunto y pregunto a mis ávidas lectoras y lectores… ¿realmente los yogurines son criaturas celestiales? ¿O, más bien, incipientes mentes patriarcales?

 

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8 de julio de 2015 - 03:52 h
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