Fútbol y violencia

Mi compañero y amigo Paco Merino tiene la teoría de que en el fútbol se acaban viendo cosas latentes en la sociedad, que después inundan nuestra vida. Las buenas y, desde luego, también las malas. Antes de que estallara la guerra que desintegró Yugoslavia, el Estrella Roja (de Belgrado) y el Dynamo de Zagreb jugaron un partido que pasará a la historia como el presagio de lo que ocurrió después. Se ha escrito que Boban, un futbolista del Dynamo de Zagreb, fue el que empezó la guerra, cuando le dio una patada voladora a un policía yugoslavo (luego resultó ser un bosnio musulmán) que a su vez agredía a los aficionados croatas.

Este futbolista, desgraciadamente, sigue siendo considerado hoy como un héroe de la resistencia croata ante la tiranía serbia. Pueden leer más en este fenomenal artículo de JotDown.

El fútbol, convenimos, como deporte de masas no deja de ser un reflejo de la sociedad. Su corrupción, sus trampas e incluso las aficiones de los diferentes clubes no dejan de ser un espejo en el que más o menos adivinar qué está pasando en esas ciudades, e incluso en esos países. En España, lo estamos viendo, un portero acusado de proxenetismo es titular de la selección.  Es reflejo de una sociedad que consiente ese tipo de abusos a las mujeres. Pero, por otro lado, el equipo puede disfrutar de tener la afición que menos incidentes está provocando en la Eurocopa (para aquellos que se preguntan si hay muchos o pocos fascistas en España).

Sin embargo, los miles de incidentes que cada día llenan las televisiones (y se olvidan de la titánica lucha del pueblo francés contra la reforma laboral aprobada por el Gobierno socialista) no dejan de ser un reflejo de lo que está pasando en Europa. Los ultras rusos han sido hasta apoyados por el Gobierno de su país, que acusa a la Policía francesa de provocarles y a los ingleses de agredirles antes. Los ingleses no se quedan atrás (no hay que olvidar que hasta ahora son los hooligans los que más muertos en campos de fútbol han provocado). Y a la fiesta parece que se han unido los croatas (apoyados en la guerra de Yugoslavia por Alemania), los turcos, los propios alemanes y hasta los polacos.

Fui niño en los años ochenta. Entonces, ser niño e ir a un campo de fútbol era difícil. Como mucho, ibas al de tu pueblo o al Arcángel, aunque a veces allí también pasaban cosas. En Fernán Núñez recuerdo cómo la afición local defendió a un árbitro que salió del campo por patas huyendo de los hinchas visitantes. Aquello no acabó bien. Hoy, afortunadamente, unos padres no se la juegan en España cuando deciden llevar a sus hijos al fútbol. Incluso, se está sancionando a aquellas aficiones no solo que provoquen incidentes sino que agreden al prójimo verbalmente. Ese es el camino.

Pero algo extraño está pasando en Europa. Algo se está viendo en los campos de fútbol que esperemos no llegue después a la calle cuando no haya partido, si es que no ha llegado ya. Y es que definitivamente parece que Europa se está yendo a la mierda.

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19 de junio de 2016 - 03:29 h