Casino

Casi paralelamente al anuncio definitivo de que Eurovegas se va a instalar en Alcorcón, Hoover Martín anuncia el inicio de los trámites para crear un macrocomplejo de ocio en el meandro del Arenal. Y no puedo dejar de rememorar la película Casino, de Scorsese, que nos dibuja la vida de Las Vegas, la ciudad creada para el ocio y el juego. Sé que en la propuesta cordobesa no se prevén, por ahora, instalaciones relacionadas directamente con el juego, por lo que nos podremos salvar de personajes como Rothstein (de Niro) o Santoro (Pesci). Pero, dedicar todo un espacio pseudovirgen para el ocio en sus distintas vertientes es una aventura similar a la de la creación de las Vegas americana o el Eurovegas yanqui-español.

La idea de esa Ciudad del Ocio no procede del equipo de MrChance Nieto, ni siquiera del de Jarabo Merino. Solo hay que recordar que, el PGOU que aprobó inicialmente el PP en 1998, dibujaba en toda la zona un Parque Periurbano. No es que tuvieran tal intención, pero eran minoría y las grandes sorpresas urbanísticas que tenían pactadas las dejaron pendientes de contar con mayoría. Pero no fue así, y, lo que tenían negociado con los propietarios del suelo, fue cerrado, finalmente, por Cleopatra Aguilar y Marco Antonio Mellado, que desarrollaron el proyecto con el acuerdo del mayor propietario, el omnipresente Ciudadano Gómez. A pesar de que ambos habían criticado la Ciudad Deportiva que, de forma ilegal y con permisividad municipal, una vez más, estaba construyendo el díscolo empresario, mutaron, cual pareja de camaleones, para facilitarle una solución para su inversión en la zona.

Es cierto que la idea de Ciudad del Ocio tenía como objetivo central trasladar la Feria al otro lado de la autovía, lo que Hoover Martín parece dejar conscientemente en el olvido. Igualmente, el Plan Especial del Arenal de la Fuensanta pretendía, al menos en su espíritu, preservar gran parte de los valores medioambientales del meandro, sometido durante mucho tiempo al peligro de una parcelación industrial descontrolada, así como a tensiones urbanísticas intensas a pesar de estar en gran parte en terreno inundable. De hecho, los terrenos se mantenían, casi en su totalidad, como no urbanizables, por lo que solo se podrían desarrollar equipamientos públicos y determinadas construcciones de equipamiento privado, compatible con la zona y que se concretaba en hoteles, bares, restaurantes, centros deportivos de diversa tipología, campo de golf… La autorización para conseguir permiso para realizar estas edificaciones debería permitir recibir financiación para las actuaciones públicas.

Ahora, los peperos nos traen una nueva, ¿cuántas van ya?, innovación (modificación) de lo dispuesto en el PGOU y en el Plan especial del Arenal de la Fuensanta, que, vuelvo a recordar, aprobó el gobierno de izquierda y la propia Junta de Andalucía. El objetivo no parece otro que adaptar los ámbitos de actuación, y algunas otras especificaciones que habrá que tratar con cuidado a las necesidades concretas que ha presentado el grupo Tremón. La cortina de humo que se ha dispuesto para tapar en qué consiste la innovación es la creación de empleo y, por eso, temo que nos oculten alguna mala jugada. El proceso de aprobación está sometido a la información pública, y, finalmente, será la autoridad autonómica quien decida. Por lo tanto, preveo una nueva guerra institucional: Los peperos, con la bandera de la creación de miles de puestos de trabajo; la izquierda autonómica, defendiendo valores medioambientales y antiespeculativos, olvidándose que ellos fueron los instigadores iniciales del proyecto.

Por eso, de nuevo retorno a la película Casino, porque, aunque aquí no haya gángsters dominando el juego, sí tenemos políticos que defienden y, ¿se aprovechan?, de estas iniciativas sobre suelo no urbanizable. También está por medio un negocio muy lucrativo, con el suelo por medio, que enfrenta a distintas familias. Y, como casi todo en nuestra ciudad, la sospecha de que los representantes públicos están siempre al servicio de unos pocos intereses privados. Esperemos que, al menos, nos encontremos con nuestra particular Sharon Stone, que nos sorprenda con una actuación estelar, en este caso, a favor de los intereses generales. ¿Tan difícil es?

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13 de febrero de 2013 - 07:00 h
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