Una ración de croquetas, un tomate sobre la mesa

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Una ración de croquetas, un tomate encima de la mesa, un niño jugando en el parque, una pareja que mira a la cámara mejilla con mejilla con el mar al fondo, amigos que se abrazan… Me gustan particularmente los perfiles de los y las poetas, aunque las fotos de sus lecturas suelen ser regulares, oscuras y turbias, antes y después se abrazan mucho, sonríen, le hacen fotos a las servilletas y a las piezas de fruta,  a los dibujos en las esquinas de las mesas, a las mesas rodeadas de amigos y amigas. Todo el tiempo nos parece poco porque tenemos en nuestro bolsillos infinitos guiones enlazados unos con otros, incluso en alguno de ellos tenemos un modesto papel, de extra se decía antes, y no hay forma de resistirse a la tentación de inventarse una historia tras otra, un personaje tras otro hilando señales, pistas, indicios.

Es imposible no perderse entre tantas historias reales o imaginadas, no hay forma de aburrirse ni de conectarse a lo que antes llamábamos lo real. Yo prefiero las fotos, la información o la biografía las miro al final, las imágenes las controlamos menos aunque pensemos lo contrario, se nos escapa la inseguridad o el narcisismo, un pequeño gesto en la mirada, y a partir de ahí construyo una historia, un híbrido de esos instantes y los muchos que me guardan en la memoria. Estoy en plena construcción de esta chica que parece de Huelva y aparece aquel chico que veo en casi todos los líos reivindicativos, aunque no sé exactamente de dónde viene. La poeta me estaba quedando bien, aunque no terminaba de ponerle profesión, todas las que imaginaba la empeoraban, y el chico me ha intrigado, algo sé de él que no recuerdo. Me hago una spin off y le sigo.

No daba para mucho, ya le conocía, pero aparecí yo en la fotografía de un tianguis, charlando y con una Bandolera en la mano. Me sirve de excusa para volver, miro mi perfil y me veo un personaje de segunda, con imágenes siempre prestadas, tengo suerte porque me rodea gente guapa pero yo estoy siempre fuera de plano, como si fuera un error del guión, el extra Hrundi V. Bakshi que tan bien caracterízó Peter Sellers en El Guateque. Ves, siempre somos indulgentes con nosotros mismos, no le llego yo a Sellers ni a la suela del zapato, pero hay una foto con Guadalupe que me salva, volvemos a las poetas, busco de nuevo la ración de croquetas, el tomate encima de la mesa, el niño jugando en el parque…

Nota: En la imagen, creación pictórica de Mario Marín en El Arsenal, con extra que no se sabe el guión al fondo

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Publicado el
28 de julio de 2015 - 10:27 h
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