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El alcalde que acabó con los cines de verano

Ángel Ramírez

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La política tiende a la simplificación, necesitamos imágenes sencillas que nos cuenten bien lo que significan las cosas y los tiempos. Al final la memoria va seleccionando y se queda con lo que le sirve, lo que aporta más información desde una aparente sencillez. Digo lo de la simplicidad porque al final una o dos imágenes, algún adjetivo, es lo que queda para la historia de la mayoría de los líderes políticos. Zapatero es el presidente que aprobó el matrimonio homosexual, Aznar el que nos metió en la guerra contra Irak, y nuestro José María Bellido va a ser, si las diosas y los vecinos no lo remedian, el alcalde que acabó con los cines de verano.

Los cines de verano llevan cien años en Córdoba, el San Andrés es el más antiguo del país en activo. Fue una forma habitual de socializar de la España del siglo XX, pasar las noches de verano viendo cine en cualquier descampado, terraza o hueco que la ciudad nos permitiera. En Córdoba se consolidaron en espacios del casco histórico y es uno de esos pequeños milagros que dan personalidad a esta ciudad. Sobrevivían a todos los cambios tecnológicos y sociales, y nos ayudaban a sobrellevar el insoportable calor, la soledad a que este te obliga, dándonos la oportunidad al final del día de ver películas en formatos que ya es imposible encontrar a la vez que veías a los amigos y disfrutabas de la noche. Era, aún es, el veraneo de los que no tienen veraneo.

Demasiado bonito, alguien tenía que venir a prohibirlo. Primero fue un empresario de su tiempo que quiso ganar mucho dinero y muy rápido, y los cines de verano, tan valiosos, para eso no sirven. Y después ha sido al alcalde, hasta hace no mucho un político de la escuela de Moreno Bonilla, en transición hacia el otro rostro de la misma cosa. Sin que nunca el Partido Popular ni nadie haya planteado la más mínima objeción a los cines, sino todo lo contrario, José María Bellido dijo que los cines (tres de los cuatro supervivientes) ni tienen licencia ni pueden tenerla, y que el Ayuntamiento iba a intentar comprarlos para convertirlos en islas verdes, pero nunca cines de verano. Esto lo hizo después de renunciar por dos veces el Ayuntamiento a quedarse con los cines, por 400.000 y 300.000 euros en cada ocasión, así que no los quiso ni regalados.