2017

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2016 se despidió con muertes cercanas y casi no he hablado de ellas porque soy un clásico y apenas hablo de eso. Carmen López, Manuel Ramiro, José Ignacio Montoto,  amigas, compañeros, personas brillantes, generosas y jóvenes. Eran como nosotros o más jóvenes y su muerte nos deja el vacío de su ausencia y un pánico oculto porque tenemos la sensación de que podíamos haber sido nosotros, y de alguna manera lo hemos sido, lo seguimos siendo. Después de sus muertes nos sentimos de prestado, la muerte ya es algo nuestro, y ellas nos han recordado que todos estamos de paso y que no elegimos cuando se acaba la fiesta.

Mi hijo Iago se ha vuelto un loco del fútbol. Nos lleva de acá para allá con el balón, aprovechando cualesquiera dos ejes paralelos y perpendiculares al suelo para montar un partidillo, una tanda de penalties. Va por la calle y dice "mira una portería", dos farolas, árboles, puertas de cocheras, todo vale. Observa minucioso cualquier espacio buscando el hueco suficiente, y nos pone a mí y a su hermana a jugar en el pasillo de casa, en parques, en un aparcamiento, aunque mi debilidad son las porterías improvisadas en los descampados. A veces incluso jugamos en campos de césped artificial, y me veo como en un sueño cuando yo tenía la edad de Iago, años en los que el césped era sólo para las grandes figuras, y el artificial algo que había en el campo del Cosmos, el equipo de Nueva York. Jugueteo al fútbol después de tantos años y revivo posturas, sensaciones que no tenía desde la infancia, el montón de ropa tirado en la esquina de la portería, y veo la mirada de mi hijo fascinada por una pelota que choca contra la red.

Que se te mueran amigas y que a la vez estés criando hijos es una somanta de palos, un vapuleo contra el adocenamiento y el tedio. Con las hijas recuperas el ritmo auténtico de la vida, eres testigo de cómo el más pequeño hecho nos va construyendo, no hay cosa menor en la vida, no hay gesto, elección banal, aprendes mucho mejor que con los memes del facebook que todo el tiempo es vital, esencial, presente puro. Después de la infancia la vida parece ralentizarse y perdemos de vista los significados, nos olvidamos de que estamos constituidos por el cambio, el movimiento, y aquí que se presentaron Carmela, Manuel y Nacho para recordárnoslo. En este tumulto he empezado el año.

Nota: Iago y Mariana jugando en un descampado

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Publicado el
17 de enero de 2017 - 13:57 h
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