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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Augusto, los Agostos y el calor

Córdoba en agosto

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Cada año cuando llegan las vacaciones forzosas de agosto para los que demandamos justicia - distinto es obtenerla - es como si el cuerpo me pidiera echar la vista atrás para reflexionar sobre el año que se va cuando me sumerjo en el mes de Octavio Augusto. Un auténtico gusto. Agosto. 

A este agosto llego con sentimientos encontrados, viva y vacunada, agotada de un duro año de trabajo, agradecida por ello, pero literalmente asfixiada y con el aire acondicionado de mi despacho roto. Si, la reflexión de este año es que jamás he pasado tanto calor. Así que, o es cosa de la edad, o el cambio climático me ha llegado. 

No puedo ni imaginar como antes hacía aquellos viajes en coches de asientos de escay, espacios minúsculos y el sol entrando por las ventanas, abiertas. Cómo podía soportar las siestas sin frigorias y las noches a ritmo de ventilador o pay pay; cómo soportaba las horas de espera en pasillos y salas de vistas sin más fresco que el que se sentaba en el banquillo, ni más aire que el caliente que entraba por la ventana y con aquella toga recia de doble forro y terciopelo. Y cómo cuando llegaba por fin, como hoy, al mar, ese mar, sentía en aquella primera inmersión que los huesos se me congelaban y los labios se me volvían morados. 

No sé si entonces había inundaciones como las de Renania, olas de calor en Canadá, lluvias torrenciales en China y trozos de Antártida diluyéndose como azucarillos en el café hirviendo que mi abuela se bebía de un sorbo. Sólo sé que ahora el planeta está que arde, que el clima se ha convertido en extremo, que el calor me resulta sofocante, que tenemos mas grados que un tequila y que el agua de ese mar es ahora caldo caribeño.

Cuando llega la hora del justo camino al descanso, este año no quiero países exóticos, ni destinos exclusivos, ni más calor sofocado con frigorias. Quiero cerrar los ojos y volver por el camino de regreso al paisaje en el que fui para llegar a ser lo que soy. Baños de sol cálido y arena; sal en mis labios y agua fría purificadora. Volver al paisaje que reconozco a oscuras, con los ojos vendados y ser libre, sin la cruel atadura del aire acondicionado. 

Octavio Augusto quitó y puso días a varios meses del calendario para que el mes al que le puso su nombre, en el que había vencido a Cleopatra y Marco Antonio, no tuviera ni un solo día menos que el mes de julio, el de Julio Cesar. Por eso los dos tienen 31. En Agosto, el dia 12, Cleopatra se suicidaba para evitar la deshonra de ser exhibida como trofeo del triunfo romano. Acababa aquel agosto la era helenística. El destino llevó a Augusto a morir también en agosto, pero ya de la era de Cristo. En fin, este agosto no será tan trascendente, pero se que es el fin de otra era, la de ir al cine de verano con la rebequita puesta y la de morir, no por la mordedura de un aspid, sino porque te falle el aire acondicionado. En agosto pasan muchas cosas. Ya les digo. 

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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Publicado el
1 de agosto de 2021 - 05:00 h