... ¿ Y el Madrid otra vez campeón de Europa?

Pues sí. Las cosas están como hace tiempo recordaba. Pero todos tenemos más años.

Han transcurrido muy diversos episodios en nuestras vidas. Y aunque he redescubierto la vieja sensación de la alegría irracional, desbordante, por una épica que otros hacen por nosotros, también percibo una contención respetuosa hacia mis amigos y adversarios. Una euforia compasiva. Una forma, en definitiva, de compartir las dos caras de la moneda. Niguna celebración es completa. Y en deporte el presente es muy estrecho. El futuro ya ha empezado. Soy feliz y al tiempo soy consciente de que cada logro tiene la llave de nuevos retos. Nadie se queda a vivir en la fuente donde baña sus cánticos.

También cada victoria es distinta. Una manera de sobreponerse a nuestros propios lastres. Puede que el Atlético no mereciera repetir el cruel ritual de perder el mayor trofeo justo cuando le iba a poner sus manos encima. Otra vez el 4 del equipo rival. Otra vez en el descuento. Pero también es cierto que el Real Madrid mereció ganarla. Otra vez con la épica. Otra vez con la fe extendida más allá de sus propios límites.

Pablo García Casado, en uno de sus habituales brochazos de inspiración, se ha acordado de nuestros amigos colchoneros, de las lágrimas cómplices, de los entrañables rivales. Y, con un guiño a Lope de Vega ha construido un aforismo inapelable: Esto es fútbol. Quien lo probó lo sabe.

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26 de mayo de 2014 - 08:00 h