La profecía

Carlos de Inglaterra se asoma a internet para ver la prensa española y llora su mala suerte.

Juan Carlos I de España le pone la puntilla diciendo que no quería que a su hijo le pasase lo mismo. Pobre Carlos.

Más cerca de nosotros, otro Carlos llora de emoción su buena suerte. Compró un club con poco "cash", creó un equipo que apostó por el fútbol y ganó, subido a la chepa bendita de Paco Jémez. A partir de ahí pensó que cada viernes le tocaría el cupón y apostó por entrenadores cada vez con menos experiencia y carisma, se trajo un director deportivo incendiario, vendió lo vendible y, todo hay que decirlo, cuadró las cuentas. En lo deportivo era pedir demasiado que le saliera bien el más difícil todavía, de manera que su segundo proyecto fue muy triste.

En su tercer año, el definitivo, según su intención inicial, no cambia de táctica, pero se permite subir la apuesta a quedar en fase de ascenso o, en caso contrario, no cobrar los abonos 14/15 a los socios de este año. En una temporada tan desconcertante como igualada, al Mirandés no le han valido los clásicos 50 puntos para salvar la categoría, y al Córdoba le han bastado 61 para entrar en play-off después de fases de flirteo con el descenso y consiguiendo sólo dos puntos en los últimos dos partidos.

Reconozco que el fútbol siempre puede superar cualquier análisis. Pero hay que reconocerle al Carlos feliz la fe y la osadía, y a los planetas el acierto de su alineación; que la expulsión del portero del Sabadell en los últimos minutos de su partido con el Recre no tuviera consecuencias. Que el Mallorca no necesitara más, ni nosotros tampoco. Que el primer cruce sea con el Murcia. Que ya sea capaz de creer en las casualidades.

Ya saben, como si fuera una profecía: En 1966, el Atlético de Madrid ganó la Liga, el Real Madrid fue Campeón de Europa, el Betis descendió a segunda y el Deportivo de La Coruña subió a primera. Austria ganó Eurovisión. España era campeona de Europa de fútbol. Y el Córdoba...jugó en Primera.

Espero que el Rey (y Alfonso Arús sabría de qué hablo), no lo haya estropeado. En 1966 nadie abdicaba.

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Publicado el
9 de junio de 2014 - 08:00 h
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