Paco Jémez, principio y fin en el Córdoba

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Es solo una foto. Juega el Córdoba el último partido de la Liga de Primera División en El Arcángel. Paco Jémez está sentado en el banquillo. Una imagen de lo más sugerente si no fuera porque el último partido es, realmente, el último de los blanquiverdes en la elite hasta quién sabe cuándo. Y Paco, con la mirada perdida y gesto enigmático, no lleva en su polo blanco el escudo del equipo que le vio nacer. Luce el emblema del Rayo Vallecano, donde va ya por tres años elevando el listón de los récords de la entidad madrileña, que vive bajo su guía una edad de oro. El destino quiso que Paco Jémez, por el que se pelean algunos de los mejores clubes de Europa, estuviera en El Arcángel el día en el que el Córdoba decía adiós a la máxima categoría. El Rayo vino para hacer exactamente lo mismo que todos los equipos que pasaron por aquí en la segunda vuelta: ganar y alimentar, todavía más, la humillante sensación para los cordobesistas de ver a su equipo lejos, distinto y peor que todos.

Paco estuvo en el césped y en la tribuna. Abajo se encontró a un colega interino, José Antonio Romero, que está sin estar en el Córdoba. Arriba no se cruzó con Carlos González, que no apareció por allí precisamente este día. A veces mirar de frente a los ojos de alguien puede hacer más daño o remover más cimientos por dentro que cualquier desplante. Paco Jémez fue el primer técnico de González, pero ahora no se tratan. Viven en mundos distintos. El Córdoba se marcha apaleado de Primera y busca ahora a alguien que reconstruya el proyecto. Será, si le dejan, Emilio Vega. El hombre al que un día se le ocurrió que Paco Jémez, recién retirado como futbolista y dedicando muchas horas a jugar al golf, podía ser un buen entrenador. El resto es historia.

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20 de mayo de 2015 - 14:10 h
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