La luna de la cosecha

En estos días, desde antes del atardecer y hasta después del amanecer, disfrutamos del plenilunio más espectacular del año. Es la luna llena más próxima al equinoccio: ya es otoño por aquí arriba.

Esta luna de la cosecha se ha adelantado a septiembre (su costumbre es aparecer como la primera de octubre) y eso no volverá a ocurrir hasta 2017 (¿dónde estaremos en 2017? No lo sé, ahora no importa. La luna llena estará ahí arriba, si no, chungo).

Llamamos ahora así al satélite pleno en el cielo porque, tradicionalmente, su luz ayudaba a las gentes del campo a aprovechar más horas en sus tareas de recolección de los frutos recién madurados a finales del verano septentrional. Pero también la luna se ha aliado desde siempre con los cazadores porque les presta su generoso resplandor para prolongar o facilitar el acecho a las presas ahora que la vegetación se ha agostado y es bien sabido que el buen cazador no descansa.

En nuestro hemisferio boreal, la luna de la cosecha se celebra con fiesta en muchos lugares. Es un agradecimiento y una despedida. Tiempo para llenar las despensas y embriagarse con en el primer mosto del año. Pero es una fiesta con cierta resaca triste: a partir de hoy la noche alargará su sombra y el día se encogerá hasta recluirnos en los cuarteles de invierno.

Pero, mientras, abajo, en el hemisferio austral, la misma luna está anunciando la primavera. Cosas de mi planeta.

La jueza argentina María Servini dicta orden de detención internacional, a través de Interpol, de cuatro ex funcionarios de seguridad acusados de torturas durante el franquismo.

Al revés que aquí, en el hemisferio sur el día empezaba a ganarle paso a la noche.

Yo me enteré de la noticia mientras miraba la luna de la cosecha en el cielo. Y me puse una canción de amor en el pickup para celebrarlo y dedicársela a mucha, demasiada gente.

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22 de septiembre de 2013 - 03:00 h
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