Manuel Fernández: "El periodista tiene que denunciar lo que está mal hecho. Es nuestro oficio"

Manuel Fernández, periodista | MADERO CUBERO

Manuel Fernández (Villaralto, 1951) preside la Asociación de la Prensa de Córdoba desde 1988. En la puerta de su sede, en la antigua Estación Central de Córdoba, recibe a CORDÓPOLIS amable y dispuesto. Primero, la sesión de fotos. De forma instintiva, Fernández y CORDÓPOLIS piensan en una primera foto de pose: bajo la señal que da nombre a la Plaza de los Periodistas, justo en la parte de atrás de la estación. Pero la señal no está. Algún desconocido la ha arrancado de cuajo (descubrimos el agujero, limpio) y se la ha llevado. Sin querer, tenemos la primera metáfora del estado actual del periodismo. Por suerte, hay otra señal, a unos 200 metros. Y allá que vamos.

La entrevista se prevé, sobre todo, para hablar de periodismo y de periodistas. Fernández lleva en la trinchera más de tres décadas y además es el presidente de la Asociación de la Prensa más longevo. Redactor jefe de Diario Córdoba, donde llegó en 1984, ha ejercido también en el extinto periódico La Voz de Córdoba, además de En El Correo de Andalucía, tanto en su redacción de Sevilla como en la de Huelva y Córdoba. Hombre de pueblo, Fernández es un periodista hecho a sí mismo. En Villaralto, leía en voz alta los periódicos que llegaban a la barbería de su padre. Ya de niño soñaba con que algún día alguien leyese en alto en la misma barbería de su padre una noticia firmada por él. Y lo ha conseguido.

Fernández es un periodista de prensa escrita y además a la antigua usanza. Muchas veces alcanza la inspiración en el bar, tomándose una copa y escribiendo a mano en una pequeña cuartilla un primer esbozo de lo que luego será un artículo. Pero ahora, está al otro lado de la trinchera, el que nunca ocupa el periodista. Y es raro, la verdad.

PREGUNTA. ¿Usted ha hecho un montón de entrevistas, no?

RESPUESTA. Sí, claro.

P. ¿Esto de que le hagan una entrevista cómo es?

R. (Risas). Tremendo, tremendo. Cuando tú atacas parece que sabes controlar los tiempos y medir las palabras. Atacar entre comillas, ¿eh? Pero cuando te atacan a ti, te quedas como ¿qué es lo que se hace o dice en una entrevista?

P. Le pregunto porque casi nunca me puedo poner en el papel del entrevistado…

R. Además, ¿a nosotros los periodistas por qué nos tienen que entrevistar? No es por nada, eh. Pero nosotros hemos estudiado y decidido ser periodistas para entrevistar a la gente. Pero que te entrevisten a ti desde luego queda fuera de lo normal.

La gente de mi generación hemos empezado por el purgatorio y hemos acabado casi en el cielo. Al contrario que mi hija, que empezó en el cielo, yéndose de viaje todos los veranos, y ahora mismo está la pobre que no sabe para donde tirar

P. Nosotros le entrevistamos por muchas cosas, no sólo por ser periodista. Primero, por quién es, quien representa y los muchos años que lleva en la ciudad viendo cómo ha cambiado todo. Así que, arrancamos con una pregunta fácil. Mirando hacia atrás, ¿cómo ha cambiado la profesión de periodista en la ciudad?

R. . Mucho. Ha cambiado de ser una profesión gabardina, bolígrafo y máquina de escribir a ser una profesión de Internet. Pasar de la bohemia a Internet es la definición más clara. Te achacan muchas veces que empiezas a añorar las cosas del pasado… No, sólo que has vivido otro tipo de periodismo y sigues viviendo éste. La gente de mi generación hemos empezado por el purgatorio y hemos acabado casi en el cielo. Al contrario que mi hija, que empezó en el cielo, yéndose de viaje todos los veranos, y ahora mismo está la pobre que no sabe para donde tirar. Entonces, nosotros hemos conocido el corral y la cuadra, y hemos pasado al cuarto de baño. La máquina de escribir estaba bien. Antes en la redacción del Diario de Córdoba se bebía. No estoy haciendo ninguna defensa del alcohol…

Antes no había gabinetes de prensa ni periodistas que controlaran a periodistas, que muchas veces son esos gabinetes. Nosotros mismos controlándonos a nosotros mismos

P. Y se fumaba.

R. Hasta hace poco. Hasta el dos mil y pico se ha fumado en mi despacho. Pero yo ya me he quitado, eh. Entonces, era salir y buscar la noticia en la calle. Recuerdo haciendo unas prácticas en Sevilla estar temblando todas las tardes en el periódico cuando llegaba el redactor jefe y preguntaba: "¿Qué has traído"? Entonces, no había ni convocatorias de prensa ni nada. Siempre le llevabas las cosas que te encontrabas por la vida. Entonces se buscaba la vida y eso se admitía en los periódicos. Yo le hecho entrevistas a ciegos vendiendo la lotería. Otra a un hombre que me encontré en la plaza del Duque de Sevilla que había sido corresponsal de El Correo de Andalucía en Roma, una cosa muy rara. Cada persona tiene su historia. Entonces se iba buscando el periodismo de calle. Eso desde luego es una diferencia. También había bastantes menos convocatorias de prensa que ahora. No había gabinetes de prensa ni periodistas que controlaran a periodistas, que muchas veces son esos gabinetes. Nosotros mismos controlándonos a nosotros mismos. Por las noches te ibas al bingo. (Risas). Terminábamos muy tarde y era una manera de tomar contacto después del trabajo. Y era la calle. Eso es lo que se ha perdido con Internet. Internet es lo mejor del mundo porque lo tienes todo. Pero casi no te mueves: construyes la realidad desde un espacio físico muy pequeño [señala como si estuviera consultando un ordenador en un despacho]. Sin embargo, el periodismo que yo he hecho ha sido el de buscarme la calle. Nunca he contado casi nada que yo antes no hubiese visto. Te da pie a contar cosas las imágenes que has visto que resuelves después en una página. Si no ves nada…

Internet es lo mejor del mundo porque lo tienes todo. Pero casi no te mueves: construyes la realidad desde un espacio físico muy pequeño

P. Nos ha pasado quizás eso que se critica tanto a los políticos, que hemos perdido el contacto con la realidad, hemos dejado de hablar con la gente en la calle, de subirnos en el autobús, de tomarnos cervezas en los bares con los policías…

R. La vida está en el autobús y todos esos sitios. Yo no lo he perdido afortunadamente, aunque esté, como yo digo, desterrado en el polígono de la Torrecilla [sede de Diario Córdoba]. Aquello no es vida ni nada, porque estás desconectado de ella. Así que cuando puedo, que no tengo coche encima, cojo el autobús para hacer un ejercicio de control mental mío. Me subo y digo no voy a mirar el reloj ni nada, aunque tarde diez minutos más voy pensando en cosas que tengo que hacer. No se tiene que ir siempre con prisa. Quizás, el tiempo, en vez de sacarle partido, lo estamos usando como una avaricia de minutos que nos impide relajarnos y tener un horizonte más amplio.

El tiempo, en vez de sacarle partido, lo estamos usando como una avaricia de minutos que nos impide relajarnos y tener un horizonte más amplio

P. Me quedo con una cosa que has dicho antes. Que usted es de la generación que ha pasado por el purgatorio y ha tocado el cielo, y que la generación actual se ha caído del cielo al purgatorio. Eso está pasando mucho en las redacciones de hoy día, que hay una brecha generacional enorme. Las redacciones no se refrescan con los becarios, que nunca o casi nunca continúan trabajando en el periódico por falta de medios económicos. Antes, a los jóvenes se les daban muchas más oportunidades que ahora.

R. Sí, ya no entra nadie en las redacciones. Ahora lo que vienen son becarios, una palabra que no me gusta. ¿Qué es un becario? A ti te dan una beca cuando terminas tus estudios, pero cuando has hecho las has terminado y no vas a seguir siendo un becario eterno. Bueno, esos son los eufemismos para no contratar a la gente y más con esta normativa laboral. Claro, las redacciones no se refrescan. El becario llega seis meses o un año, y cuando lo vas conociendo se va. Es verdad, hay una distancia entre los fijos y los que llegan nuevos. Pero cuando se rompe esa barrera el becario se tiene que ir. Y sí, las redacciones envejecen. Los que estamos, además, no vamos a quejarnos por estar. Hemos tocado el cielo porque nos han pagado bastante bien. Ahora, eso ya no existe.

Las redacciones envejecen

P. Bueno, nos han pagado lo que nos merecíamos.

R. Sí, Sí. Hombre, la profesión de periodista no es que fuera la mejor pagada ni mucho menos. Pero vamos, que lo que nos daban nos servía para nuestras copas, nuestro tabaco, comprarnos nuestros pisos, nuestras hipotecas. Vamos, lo normal. Pero es que eso ya no lo tiene la gente de ahora. Eso es lo malo. Cuando la gente se refiere a aquellos tiempos como un desbarajuste yo les digo que no, que fueron los tiempos de la normalidad en los que tú tenías un puesto de trabajo, cotizabas en la Seguridad Social y por lo menos pagabas el alquiler del piso o la letra de la hipoteca. Si es que no se pide más. Por lo menos, tener para lo básico. Y eso es lo que esta profesión ha perdido.

P. Enric González que es un periodista al que yo nombro mucho y admiro dice que para ser buen periodista hay que tener o haber tenido un agujero en el estómago.

R. Sí, claro. Una vez tuve un encontronazo con un director al que le tuve que decir que yo venía de abajo y que no tenía miedo. Claro. Haber tenido un padre como yo que estuvo ocho años en la cárcel… Yo he mamado una filosofía… Vengo de una parte del periodismo en la que lo principal era denunciar lo que el poder hacía mal. A mi hija, que quería estudiar periodismo pero que al final no lo hizo, yo le preguntaba que porqué quería ser periodista, y me decía: "Para denunciar lo que está mal hecho". Y es eso. El periodista tiene que denunciar lo que está mal hecho. Es nuestro oficio.

No soy partidario de ser amigo del poder. Hay que ser un poco esaborío con el poder porque si no te dejas embaucar

P. Quizás nos hemos acomodado demasiado.

R. Sí. Yo no soy partidario de ser amigo del poder. Hay que ser un poco esaborío con el poder porque si no te dejas embaucar. Te halagan, te dicen cosas, y vas perdiendo fuelle, vas perdiendo fuerza. Y eso no puede ser. Te dejas querer. Otras veces, por conseguir publicidad también te dejas querer por el poder…

P. Claro, eso al final es lo que provoca que la gente deje de creer en los periodistas y en el periodismo.

R. Sí, pero son circunstancias, no anomalías. Son circunstancias que con el comportamiento del periodista se pueden superar. A lo mejor el Ayuntamiento te dice que te va a dar tanta publicidad. Tú quizás das una tregua momentánea, pero a los pocos días vuelves a la carga, pues bueno. Es que la vida a veces es un toma y un daca. Hablamos de la corrupción de los políticos. Pero claro, todo el mundo se tiene que controlar porque al final tendemos a esa pequeña corruptela. Acuso a los políticos, acuso a los demás, pero también me tengo que mirar a mí mismo. Hay que empezar por uno mismo para evitar todo esto, todos estos pequeños engarces de corruptelas que al final se convierten en una burbuja que te aprisiona y te ahoga.

La gente se agarra al periodista como a un mesías. Si le han fallado los políticos, que era lo más cercano, los periodistas, que tienen mucha influencia también

P. Además en estos tiempos que es cuando peor lo está pasando la gente. Yo lo que sí noto es que al periodista ahora se le exige muchísimo y el público le pide al profesional un compromiso con la sociedad mucho mayor que antes. No tengo claro que estemos respondiendo a ese compromiso.

R. El periodista está en todas las pantallas, en todos los altares, en la tele, en la radio, por las mañanas, en internet... Está en todos lados. Incluso en las tertulias inaguantables que hay por las noches. Además, resulta que la de periodista es una de las profesiones peor valoradas por la ciudadanía. La gente se agarra al periodista como a un mesías. Si le han fallado los políticos, que era lo más cercano, los periodistas, que tienen mucha influencia también. La sociedad quiere en el periodista a un redentor, que en parte sí que lo es. Hay muchos periodistas que han hecho cosas que han servido claramente a la sociedad. Desde luego, es un reto. Que te crean eso... A mí me da muchas veces hasta miedo, cuando me preguntan en mi pueblo. Joer, si yo tuviera que saber la respuesta de todo lo que me preguntan, uf. Y creen que eres como Dios.

A mí me da muchas veces hasta miedo, cuando me preguntan en mi pueblo. Joer, si yo tuviera que saber la respuesta de todo lo que me preguntan

P. Tenemos muchas preguntas nosotros también y la mayoría de las veces tenemos pocas respuestas.

R. No, no las tenemos.

P. Yo no viví la Transición, por edad, no había nacido...

R. No es culpa tuya (Risas).

P. Pero, siempre me he imaginado al periodista de la Transición. Imagino que era muy complicado y lo comparo con la actualidad. Antes, tendría que ser más difícil que ahora porque las amenazas desde luego eran físicas. Ahora, son más soterradas, son amenazas económicas. Es decir, si escribes esto mañana te despiden y no vas a tener para comer. Pero me gusta pensar que antes el periodista era más valiente.

R. A mí me han escrito cartas amenazándome. Me decían: "sabemos donde vives". Me cago en diez. Te ibas todas las noches asustado. También me procesaron... Quizás era la inconsciencia de la edad. Pero es que todo no se puede hacer de forma reflexionada, sino inconsciente y espontánea. Entonces sí, estuve procesado un tiempo. Estuve mis dos o tres años yendo todas las semanas a los juzgados y no podía viajar al extranjero ni nada. Y en esa época había más miedo porque entonces estaba la extrema derecha y se hablaba de los comunistas, de los rojos con unas palabras... como las que ahora están surgiendo con las pintadas nazis por la ciudad. Eso sí te daba miedo. Es que se venía de la Dictadura, de 40 años de haber estado sometidos. Y ahora se critica la Transición: bueno, bastante bien se hizo aquello. En enero de 1977, yo estaba estudiando en Madrid cuando la matanza de Atocha. Es que eran todos los días asesinatos. Pensabas que era como en los tiempos de la Guerra Civil o la República y te decías, es que esto es tremendo. En esos momentos escribía yo aquí en El Semanario Cordobés y tampoco tenías que ser demasiado valiente. Después, en Huelva cubrí las primeras elecciones de la Democracia. Entonces la gente era también más condescendiente en una época en la que empezaron a surgir una infinidad de siglas políticas. Por las calles, no te daba miedo. Pero cuando escribías, sí. Pero bueno, era lo que pegaba en aquellos tiempos y había que escribirlos.

En la Transición por las calles, no te daba miedo. Pero cuando escribías, sí

P. ¿Se era entonces más valiente, más temerario o más inconsciente?

R. Las tres cosas a la vez. Inconsciente sí, por supuesto. Yo en aquella época era joven y si no eres inconsciente es que no eres joven. No puedes ir con todo medido y menos a esa edad. Lo de temerario también.

P. No sé yo si el periodista actual es tan valiente como antes, sobre todo por esa censura económica...

R. Sí, sí. Ahora se es valiente de otra manera. Quiero decir, una valentía que no se percibe como heroicidad. En la Transición, pues esa valentía te venía dada. Pero ahora, los poderes económicos son peores. Con los políticos se ha podido meter uno siempre. Aquí cuando estaba el PCE en el poder te podías meter con ellos perfectamente, con el PSOE y hasta con UCD, pero con lo que no te podías meter era con Cajasur. El poder económico es más fuerte y hay que bandearlo más. Con ese poder también he tenido yo miedo en un momento dado. Fue en la Feria. La Caseta de la Asociación de la Prensa estaba al lado de la de los empresarios de CECO. Me contó el concejal de la época que el presidente de Cajasur le dijo: "Quiero estas dos casetas". Yo me lo imagino como cuando en el Evangelio pone que se subió a un monte y señaló: "Eso, quiero que sea mío". Me vino el concejal de entonces y me dijo: "Manolo, prepárate para la que te va a caer". Entonces, Cajasur era accionista del periódico. La que se me viene a mí encima, me decía. Entonces, convoqué un referéndum en la Asociación de la Prensa y votamos que no, y le dijimos que no podíamos darle la caseta. Le mandamos el resultado a Cajasur. Los empresarios sí se la dieron, pero nosotros no.

Muchas veces te dicen: "Uh, esto no se puede publicar". No pasa nada. En la mayoría de las ocasiones no pasa nada

P. Y al final no paso nada.

R. No.

P. Muchas veces quizás pesa más la autocensura que la propia censura.

R. Sí, sí. Eso lo tengo estudiado a lo largo de mi vida. Pesa muchísimo más. De ahí viene lo de que eres más papista que el Papa. Hay que ser un poco inocente a la hora de publicar una cosa. Con esa inocencia de como si no fuera contigo hay que actuar en la vida. Muchas veces te dicen: "Uh, esto no se puede publicar". No pasa nada. En la mayoría de las ocasiones no pasa nada. Claro, que también te arriesgas a que pase algo. Pero ya te digo, los poderes económicos son los más difíciles. Mucho más que los políticos.

Los políticos no tienen tanto poder como el que parece que tienen. El que manda en todo esto es el poder económico

P. Esos se cambian cada cuatro años.

R. Eso es. Y además que no tienen tanto poder como el que parece que tienen. Tienen, pero sólo una parcelilla. El que manda en todo esto es el poder económico.

P. Y también están los vetos, como el que actualmente impone el Córdoba CF con la entrada de medios al Estadio del Arcángel.

R. Como en todo, hay que especificar bien y saber bien los matices de las cosas, pero nunca, nunca, nunca se puede permitir la prohibición de la libertad de expresión. Es que es uno de los pilares del periodismo. Sin libertad no hay periodismo y sin periodismo no hay democracia. Prohibir no es algo de este mundo democrático.

P. ¿Cuántos afiliados tiene ahora mismo la Asociación de la Prensa?

R. Cerca de 90.

P. ¿Se ha notado pérdida de afiliación por tanto paro como está habiendo en la profesión?

R. A los que están parados les cobramos menos y no influye tanto. Quizás por la gente que se muere, ahí sí se nota (risas).

P. Bueno, pero la edad del periodista medio cordobés no es muy alta.

R. No, hombre, no. Pero hay un gran salto. Estaban los periodistas de antes, del franquismo. Luego llegamos nosotros y ahora hay una nueva generación.

P. Usted lleva unos 20 años al frente de la Asociación de la Prensa en Córdoba. Entonces, cuando usted llegó, había un periódico, varias radios y una televisión local...

R. Emisoras de radio había más que ahora. Estaba La Voz de Andalucía, Antena 3, Radio Mezquita, Radio Córdoba, RNE y Radio Popular, la Cope. También estaban las cadenas en frecuencia modulada que tenían mucho empuje en Córdoba. Estaba el Diario Córdoba, pero también estuvo La Voz, La Tribuna y varios semanarios, como La Calle de Córdoba. Ha habido bastantes.

El Córdoba es el periódico que tiene más plantilla. Por lógica, esa proporcionalidad en la Asociación de la Prensa existirá

P. Por donde va mi pregunta es porque el periodismo ahora es más plural, hay más voces que antes. Las ediciones de ABC y El Día tienen 14 y 13 años, respectivamente. A la Asociación de la Prensa quizás se le ha criticado que muchos de sus afiliados proceden del Diario Córdoba. No sé si se trata de un problema de la Asociación o de la profesión.

R. Hombre, el problema en principio es de la Asociación por no predicar y hacer adeptos para la causa. Eso sí se nos puede criticar. Pero claro, el Córdoba es el periódico que tiene más plantilla. Por lógica, esa proporcionalidad en la Asociación de la Prensa existirá. Es cierto que ha habido gente de otros medios, pero menos. Hay una evidencia casi numérica que responde sobre todo a eso y también a la inercia. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la mayoría de los afiliados de la Asociación de la Prensa son de gabinetes de prensa. Claro, es que ahí el subconsciente nos delata. Estamos hablando de los periodistas que están en la calle y trabajan en medios. Pero los otros también están ahí.

P. Desde luego, también son periodistas y también son compañeros.

R. Eso es.

P. Siempre nos fijamos en el periodista que publica.

R. Claro, claro. El otro periodista es que parece un negro, que es el que le hace los discursos...

P. Se deben, evidentemente, a quien les paga.

R. Claro, hombre. Y eso está bien, eh.

P. [Habla ahora Rafael Madero Cubero] ¿Y no puede ser esa baja afiliación que uno de los requisitos sea ser licenciado en Periodismo?

R. Sí, también.

Si yo no hubiera tenido la titulación no habría sido periodista

P. [Vuelve Alfonso Alba] Pues yo con eso nunca he estado de acuerdo. Siempre he pensado que el periodismo es un oficio que se aprende con la práctica. No hace falta una carrera o un título para ser periodista. De hecho, no te habilita una licenciatura para ejercer.

R. Sí, claro. Se puede estar de acuerdo o no. Yo estoy de acuerdo contigo. Si tienes el título y luego no sabes escribir bien o manejarte en la profesión, no eres periodista aunque tengas el título. En ese caso, que quiten las Facultades de Periodismo porque qué falta harían. Lo que no pueden hacer es engañar a la gente. Pero hubo un momento en el que a la profesión se accedía por generaciones. Tú eras hijo de tal y poco a poco te ibas haciendo periodista, como el que entraba de botones en un banco y ascendía. Pero eso servía solamente para la gente que estaba en la capital y tenían acceso a la emisora tal o al periódico que estuviera entonces. El padre, el hermano o el amigo llegaba y decía: "Hombre a ver si a mi hijo que le gusta esto del periodismo lo vais metiendo poco a poco". Y así se llegaba. Pero la gente de los pueblos no tenían esas oportunidades. Por tanto, para mí el título es lo más democrático porque para el acceso tienen todos la misma igualdad de oportunidades. Así pueden acceder tanto los que están muy relacionados con la profesión como aquellos que no lo están. Si yo no hubiera tenido la titulación no habría sido periodista. Me habría quedado en mi pueblo o me habría venido a Córdoba a buscarme la vida. Otra cosa que se me quedó grabada fue una conversación en Madrid, durante una asamblea de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), con Julio Anguita Parrado, que estaba en una manifestación de alumnos de la Facultad de Periodismo. Cuando salí, como estaba él me paré y me dijo: "No consintáis que no sea necesario conseguir el título para entrar en la Asociación, porque si no nos están engañando a todos. No se os ocurra". A mí se me quedó grabada esa imagen, de que hiciésemos lo posible para que el acceso a la profesión se regulara por ahí, a través de las facultades. Cada cual puede tener su criterio pero a mí me parece una fórmula democrática de acceso, en igualdad de condiciones.

P. [Vuelve a hablar Rafa Madero] Pero ahora los tiempos están cambiando. Por ejemplo, está la figura del fotoperiodista.

R. Hombre, pero eso habría que regularlo, a quien le toque regularlo. Desde luego que el fotógrafo es un periodista.

¿Por dónde va a ir esto? ¿Va a haber periódicos de papel? ¿Va a ser todo en pantalla? Yo que sé

P. De cara al futuro de la profesión, ¿es optimista o pesimista?

R. No, hay que ser optimista siempre. Simplemente, hay tiempos y cada tiempo hay que solucionarlo de una manera. La Transición se arregló de una manera y este tiempo de ahora de otra. Lo que pasa es que todo va tan deprisa que quizás no nos dé tiempo a rebobinar y a buscar las soluciones como antes. La vida siempre ha sido tranquila, pero desde que están los chismes estos [señala al iPhone que hace las funciones de grabadora] ahora es demasiado rápida. Está todo muy acelerado. Pero, ¿por dónde va a ir esto? ¿Va a haber periódicos de papel? ¿Va a ser todo en pantalla? Yo que sé. A lo mejor se quedarán algunas cosas en papel como un simple testimonio. Cuando ya nos hayamos muerto los viejos y sólo quede gente que ha nacido con esto [vuelve a señalar] ya no habrá periódicos en papel. Los que hayan nacido con esta maquinita no necesitarán el papel, porque no estarán acostumbrados. Esto será hasta que se extinga la especie. Nos extinguiremos la especie del papel y dejará de existir.

P. Pero eso no tiene porqué ser malo. Lo importante es la noticia, la información, y da igual el formato.

R. No, claro. Pero a ti además te interesa evidentemente (risas).

P. Hace ya muchos años que mi firma no sale en una publicación en papel...

R. No, pero te digo que no lo veo mal, ni mucho menos. Muchas noches cuando vengo del periódico me abro una cerveza y me siento delante del ordenador. Entonces, veo las noticias de los periódicos digitales con sus adornos y sus cosas, y son bonitas. Es otro tipo de lectura. Tiene su atractivo, claro. Antes iba la gente con el periódico a los bares debajo del brazo, ahora van con su tableta.

Nos extinguiremos la especie del papel y dejará de existir

P. Antes había gente haciendo cola en los bares para leer el periódico y ahora los ves leyendo su tableta o su smartphone.

R. Esto es cuestión de tiempo. Cuando se extinga la generación del papel, pues los que han nacido con las nuevas tecnologías lo verán tan normal que no harán un problema de donde no tiene que hacerse.

P. Al menos nosotros hemos tenido la suerte de vivir la transición de lo analógico a lo digital. Aunque usted ha visto máquinas de escribir. Yo no.

R. Bueno, yo todavía conservo en mi casa la máquina de escribir. La utilizo de vez en cuando para hacer las presentaciones para los pregones de la feria de mi pueblo.

P. Eso es romanticismo.

Todavía conservo en mi casa la máquina de escribir. La utilizo de vez en cuando para hacer las presentaciones para los pregones de la feria de mi pueblo

R. (Risas). Y sonido. Me compré el primer ordenador porque yo escribía a máquina por las noches. El vecino de abajo decía que daba mucho por saco, por el ruido. Entonces, me compré el primer ordenador por prudencia solidaria de vecindad.

P. El ruido que había antes en las redacciones. Las máquinas de escribir, los teléfonos sonando, las voces que se daban...

R. Ahora las redacciones es como si fueran oficinas de los bancos. Se ha perdido la fisonomía. Entras a una sucursal de un banco y a la redacción de un periódico y parece que es lo mismo. Ya no existe esa algarabía de vida, ese desorden donde tenías que componer el orden. Pero bueno, que los bancos tienen papeles con números y no papeles con vida como las redacciones.

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19 de enero de 2014 - 01:30 h
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