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Beatriz Sánchez: “A veces me pregunto ¿por qué tengo que hacerlo todo tan feo?”

Beatriz Sánchez | MADERO CUBERO

(Mensaje de Whatsapp) Hola Beatriz, dime si te apetece hacer la entrevista en algún sitio de Córdoba que tenga que ver contigo.

(Audio de Whatsapp) No me des ideas, porque ya se me está ocurriendo el colegio de monjas donde tripití EGB, tripití. Eso es el origen de todo si te digo la verdad: Las Esclavas.

(Mensaje de Whatsapp) No te creo!!! Yo también estuve allí... esas madres, ese túnel, ese Sagrado Corazón de Jesús, esa Santa Rafaela María Porras Ayllón…

(Mensaje de Whatsapp) Lo hacemos allí? 👀

(Mensaje de Whatsapp) Voy a preguntar.

Lo que sigue es la conversación con la creadora visual Beatriz Sánchez (Córdoba, 1977) tras un tour por su colegio de las Esclavas, en la cordobesa plaza de San Juan, de la mano de su amabilísimo director David Fernández. Una gran charla que arroja luz sobre la actitud punky de esta artista que mezcla lo digital con lo analógico, que ama el humor, el disparate, lo grotesco y la basura, que dispara a pie de calle contra las imágenes que producen tanto el sistema como la cultura elitista y que ha acabado acomodada al low cost que ha marcado su vida artística. Y la otra, también.

P. ¿Cómo te marcó ser Esclava del Sagrado Corazón de Jesús?

R. Pues sí, sí, me marcó. Primero me hizo esclava en el tiempo porque era como el día de la marmota al repetir tantos cursos [risas], repetí quinto, séptimo y octavo, por eso he decidido hacer allí la entrevista. Un poco representa cómo empezó todo y cómo sigue siendo todo. Allí fui como una pequeña inadaptada, una outsider que no está bien en ese lugar ni en ningún lugar. Quiero decir, realmente te sientes como fuera de tono estés donde estés. Empiezas siéndolo en el colegio, obviamente, un colegio estricto, religioso, te llaman esclava, ese tipo de cosas, pero no sé si en otro colegio la hubiese liado igual.

P. ¿Allí empezaste a ser desobediente?

R. Ahí empezó la desobediencia, sí, sí, sí. Y además, creo que incluso antes que en mi casa, desobediencia en todo. Después duré dos meses en los Boys Scouts, era culillo inquieto. No era mala, era gamberra. Era como payasa, que ahora suena mal, suena a insulto, pero bueno, tampoco una niña mala, era muy inquieta, siempre haciendo ruido. Una mosca puñetera. Rebelde porque no acataba las normas. A veces incluso yo he pensado que llego a estar en un colegio con la disciplina más suave, y a lo mejor no soy así. Tú respondes ante la dureza y también te estimula, cuanto más prohibido está todo más morbo te da, cuanto más te dicen que no le des al botón de la destrucción, más quieres apretar ese botón porque te causa tentación, morbo, atracción, lo prohibido.

Cuanto más te dicen que no le des al botón de la destrucción, más quiere apretar ese botón

P. ¿No te ha dado la sensación de que ahora en el colegio todo parecía más relajado a como lo era en nuestra época?

R. No sé, a mí los colegios, el sistema como está montado a mí no me gusta. Son lugares que no me gustan. Cuando terminé Bellas Artes la salida más estable era ser profesora, ser docente en colegios y siempre me ha dado como pánico volver a las aulas, esos sonidos, esos olores… todo el día trabajando, castigados, diciéndote continuamente todo lo que tienen que hacer. A qué hora tienes que comer, levantarse… Me parece que todo eso no va conmigo.

P. ¿Y qué alternativa propones?

R. No lo sé, pero como está planteado no. Lo bueno es que se incorporan cosas nuevas. He visto en el colegio que había un aula de vídeo, por ejemplo, cómo hubiese aprovechado eso en su momento. Eso no lo había ni en Bellas Artes en Sevilla cuando estudié allí. Luego está la educación bilingüe, impensable en nuestra época.

P. ¿Tu enamoramiento del arte despertó en el colegio?

R. Sí, se lo he dicho al director, que allí no me llamaban artista, que estaba como mal visto, sino decoradora cuando valoraban mi actitud de plástica. Hacía los carteles y decoraciones, inventaba cosas y me valoraban mucho. Dibujaba y modelaba bien y hacía christmas, atrezzos de teatro…

He visto en el colegio que había un aula de vídeo. Cómo hubiese aprovechado eso en su momento

P. Y dibujabas a monjas con verrugas.

R. [risas] Eso me lo acaba de recordar mi profesora de deporte, Estrella. Me encargaron hacer unos folletos para una marcha solidaria, que no sé qué será eso, y dibujé a una pandilla de monjas corriendo con zapatillas de deporte y la falda moviéndose. A algunas les puse verrugas, sonrisas un poco de caricatura, rollo caricatura de Ibáñez, inspiradas en Mortadelo, muy graciosas, y, hombre, no les gustó mucho. Lo tuve que repetir e hice algo más moderado. A Estrella, la profesora de gimnasia, sí que le gustó mucho el original, me lo pidió y me ha dicho hoy que lo tiene todavía guardado.

P. Después saltaste a la Escuela de Artes y Oficios Mateo Inurria.

R. Sí, repetí tantos cursos que me pilló el Bachillerato Artístico que no correspondía a mi generación. Todo se me daba mal y en lo único que me valoraban era en que dibujaba bien. Pues ya está, parece que solo valgo para esto. La escuela estaba muy bien. Ahí me di cuenta realmente de la calidad y el nivel que tenía el colegio de monjas. No hacía nada y sacaba notables y sobresalientes porque venía de una preparación estricta y fuerte. Aluciné

con la mezcla de clases, de géneros, de una gran apertura. Las cosas buenas eran las asignaturas de dibujar, te tirabas horas dibujando, modelando… Yo no me lo podía creer. Era superfeliz. Decía, por fin voy a clases y me lo paso bien. Me siento que estoy enganchada a esto, que quiero aprender.

Todo se me daba mal y en lo único que me valoraban era en que dibujaba bien. Pues ya está, parece que solo valgo para esto

P. Y de ahí a Bellas Artes.

R. Empiezo la carrera en Sevilla, pero no me gustaba mucho porque era muy clásica en ese momento, un poco absurda, la verdad, no tenían medios ni mentalidad todavía avanzada. En el 98 empecé yo y el valor era pintar como Velázquez, imagínate. Ni video ni fotografía ni nada. Era muy clásica y estaba muy bien para quien le interese lo clásico. Y me fui a Valencia donde entré en contacto con las nuevas tecnologías que se llamaban entonces, arte interactivo, programación, internet como instrumento… Empecé progresivamente a dejar de pintar, aunque me metí en asignaturas de grabado y me metí a saco en vídeo y estuve un montón de años haciendo vídeo, como una loca, y arte interactivo también. Cuando acabé hice un master de arte digital en la Pompeu de Barcelona.

P. Y una beca te ha llevado a Bilbao.

R. Sí, una beca la Fundación Bilbao Arte. Allí llegué en 2017. En realidad, llevo 21 años fuera de Córdoba.

P. Me ha llamado la atención el no encontrar entrevistas contigo en medios cordobeses.

R. Las hay pero las han borrado. En el Córdoba tenía dos y las he buscado después y no están. Qué tacaños serán porque colgar un PDF online no cuesta tanto. Pero no soy nada conspiranoica y lo veo más como desastre administrativo. La ciudad ha contado conmigo, se ha portado bien. No he parado de trabajar y solamente por eso me merezco un respeto que yo creo que se me tiene y que se cuenta conmigo por muy outsider que sea. Este año, por ejemplo, me llamaron para ARCO desde la Fundación Botí como artista invitada.

Bellas Artes en Sevilla no me gustaba mucho porque era muy clásica en ese momento, un poco absurda, la verdad

P. ¿Es tan importante estar en ARCO?

R. No. Me di cuenta que yo no pego nada allí por el tipo de trabajo que hago. Yo no me muevo con galerías, no soy muy de salas. Mi espacio es internet, moverme de manera independiente, el arte efímero. ARCO está pensado para gente que hace productos artísticos y yo no hago productos artísticos. Yo estoy siempre produciendo como en un laboratorio constante de creación, con aciertos, con parcelas en las que me quedo, con fragmentos, cosas inacabadas, con lo sucio, porque no le doy un valor de acabado a las cosas. Por eso tampoco soy narrativa y ARCO expone piezas artísticas que son productos acabados. Yo no me identifico tanto con eso.

Luego el comisario de la Botí no hizo bien su trabajo. Invitaron a dos artistas mujeres por paridad, de cara a la galería, a Pepa Anguiano y a mí, pero él ya tenía muy claro a los dos hombres que iba a invitar [Gervasio Sánchez y Fernando Baena]. A nosotras nos puso en un espacio de mierda, sin iluminar… Y a ellos en el espacio bueno, iluminado, con todas las atenciones. A nosotras nos trató fatal. No nos había invitado como artistas, no conocía mi trabajo, éramos la comparsa. Me amenazó con sacarme de ARCO y todo porque no le gustaba mi obra.

P. ¿Es una pauta este tipo de comportamiento con las mujeres en el arte contemporáneo?

R. No. No sé igual hay cosas que tengo que analizar, sí que somos víctimas de una desigualdad. Yo realmente, por mi carácter o lo que sea, no siento que haya tenido muchos tropiezos por ser mujer. Sí que veo que se favorece más al hombre. Quizá no lo siento ya porque nos acostumbramos a no sentir, entonces no le das tanta importancia. Yo me dedico a hacer mi trabajo, la verdad, no estoy en ese campo de lucha. Soy consciente, soy feminista, pero no estoy en ese campo de lucha como otras artistas. No soy activista. Yo me centro en mi trabajo y creo que también es una manera de demostrar cosas que decir. Hay mujeres que tienen que estar en el campo de batalla haciendo ruido y denunciando cosas y por eso mismo deben dejar espacio a mujeres que avancen, que se demuestre que nos integramos, que somos iguales. Las supervivientes.

Tengo trabajos en los que apunto a esto, en los que hay malicia. Sobre el porno, sobre cómo nos vendemos, tengo una pieza que parodia todo esto, de las mujeres sexys, en la que hago un falso striptease para no ponerte nada, muy cutre, muy blando. Pero no es mi centro. Mi centro es desarrollar mi carrera artística.

No he parado de trabajar y solamente por eso merezco un respeto que yo creo que se me tiene en Córdoba

P. ¿Lo antes marginal se vuelve ahora tendencia?

R. ARCO no es el sitio donde está el arte Contemporáneo. Puede ser una sala más donde ver qué se cuece. Pero no es lo troncal, no es lo que representa el arte contemporáneo ni de coña. Es un mercado donde está todo lo feo, lo sucio del arte, todo lo pedorro. Parece una feria de cacharros, el Tívoli World del arte, ¿no? A mi me gusta, me desquicia, me parece aberrante, repugnante, pero a la vez me parece atractivo por esa suciedad que se hacen ellos mismos con tantas cosas y luces y ruido a la vez.

P. ¿Dónde está entonces el arte Contemporáneo?

R. No sé. Creo que tiene diferentes formatos y el otro día lo hablaba con una amiga. La figura del artista, el mismo concepto del producto acabado de arte, no sé si eso ya tiene tanto sentido. Los artistas tenemos que actuar ahora que el arte conceptual ha alcanzado ya un nivel. Hay que replantearse la figura del artista y a lo mejor un artista puede ser más teórico. Un comisario que rescata, que puede sacar cosas de la sociedad porque ahora la propia sociedad internetera hace que la gente produzca cosas, desde memes a arte. A lo mejor puedo ser una investigadora de lo que sucede en la sociedad y extraer cosa. Yo en mi caso hago remezclas de este tipo de cosas, de reutilizar cosas que ya están hechas con cosas que yo hago, ese tipo de cosas. No digo que lo que yo haga sea lo ejemplar, pero sí que creo que vivimos un momento en el que todo el mundo se expresa, entonces, a lo mejor la figura del artista tendría que replantearse un poco. No digo extinguir lo que hacen, pero tengo la impresión de que tiende para otro formato y otras cosas.

ARCO no es el sitio donde está el arte Contemporáneo (...) Parece una feria de cacharros, el Tívoli World del arte

P. ¿El proceso de creación de una obra de arte puede ser una expresión artística?

R. Para mí sí. El proceso es superimportante. Me gustan más las exposiciones donde se explica la trayectoria de una investigación que el producto acabado. Un recorrido del por qué de ese artista. Me gusta más ver las entretelas de cómo se llega a un producto. Se explica mejor. Yo trabajo en ese terreno.

P. ¿No crees que, además, es una manera más natural de conectar con el público?

R. Sí, a mí que, por ejemplo, la idea de hacer una pieza acabada, la parte de llegar a la resolución final es como matar todo ese proceso, de repente deja de estar vivo. Es como cuando tienes una ecuación matemática superlarga igual a tres alfa elevado al cubo ¿Por qué? ¿no pueden ser diferentes cosas? No sé, yo no termino cosas, pero no porque no sea capaz, sino porque no me apetece. Porque vivo en el laboratorio.

P. ¿Cuándo fuiste consciente de que habías creado un universo Beatriz Sánchez, que tenías un lenguaje propio?

R. Pues igual a través de entrevistas o de enseñar tu trabajo o presentarte a becas de producción, porque tienes que autodefinirte. A base de hacerme muchas preguntas porque lo mío es un disparate y pensaba que lo mío es incoherente, que estoy perdida, pero luego realmente haces un análisis desde fuera y me parto. Tengo un video que grabé con mis hermanos cuando tenía catorce años que se llama Negro carbón y que mis amigos dicen que ya mi universo estaba ahí, lo grotesco, la caricatura de la monja… ahí ya estaba eso.

No hay un momento de click, de decir que ya he llegado. Yo no veo un fin, yo no veo que haya llegado a ningún lugar. Yo lo único que siento es que desde que empecé todo tiene una coherencia y ese es mi universo. Esa coherencia entre lo que estoy produciendo ahora y lo que producía hace diez años, que ha cambiado todo mucho, pero hay una esencia detrás que es la misma y eso me hace estar tranquila con lo que hago, estar más segura. Cuando era más joven tenía más dudas y sí me he dado cuenta que tengo un objetivo.

[en ARCO] A nosotras el comisario nos puso en un espacio de mierda, sin iluminar… Y a ellos en el espacio bueno

P. ¿Qué artista te ha cambiado la vida?

R. No sé, ahí ya no tengo las cosas tan claras. Para mi es algo que está en metamorfosis, es como cuando a una madre le preguntas a qué hijo quiere más. Yo picoteo mucho, soy muy dispersa de toda la vida, de ahí el fracaso escolar. Tengo déficit de atención porque estoy como picoteando siempre muchas cosas y lo más terrible que me tenía que pasar en la vida es que llegará Internet, entonces estoy todo el día consumiendo, estoy en todas las redes, leyendo artículos de arte, me linkan otros artistas... Tengo una basura en la cabeza, basura en el buen sentido. Creo que tengo un caos que sé pisar, un diógenes de información que está disuelta, todo ahí remezclado. A lo mejor a mí me ha influenciado una mezcla entre Goya y yo que sé, La hora chanante, ¿sabes? No tengo una preferencia. No tengo ahí como mis favoritos. Ni en la biblioteca ni en el cine ni en el arte ni en nada. Pienso que todo son influencias, puede haber sido mi madre la mejor influencia, ella es un personajazo que podía ser una fuente de inspiración.

P. O tal vez el telediario. Trump, Putin, Johnson, Bolsonaro, Salvini, Abascal… los hombres poderosos extravagantes se imponen en nuestro mundo.

R. El telemuerto lo llama mi madre.

Creo que vivimos un momento en el que todo el mundo se expresa, entonces, a lo mejor la figura del artista tendría que replantearse un poco

P. ¿De qué manera te pones a prueba a ti misma en el arte?

R. Pues mira, trabajo muy bien en los extremos, cuando queda poco tiempo para entregar algo, para grabar algo es cuando más me concentro porque soy muy dispersa. Eso no quiere decir que no trabaje ahí, parece que estoy procrastinando todo el rato, pero en realidad estoy recogiendo datos y te pones en plan flecha y es cuando más me concentro. El déficit de atención ya no existe. Y digo, en una semana todo lo que he hecho, si fuera así todos los días sería la bomba. Pero se ve que trabajó bien así, bajo esa presión, el empuje del que no llegas es el que me da lucidez.

P. ¿Tienes muchas inseguridades?

R. Estoy en paz. Inseguridades yo creo que tiene todo el mundo, pero yo creo que estoy en paz conmigo misma y con lo que hago. Tengo incertidumbres por la vida precaria que he decidido tener. Ser artista no es fácil. Entonces, inseguridad no, yo sé porque estoy ahí. En todo caso incertidumbre, pero no me asusto mucho. Prefiero vivir el presente, pero tengo 42 años y no sé cuánta pasta tendré en el banco dentro de tres meses. Antes yo era un bicho raro por dedicarme al arte, pero ahora los currelas se están comiendo los mocos igual que yo. Estamos todos con la incertidumbre, no solo el artista.

Yo no termino cosas, pero no porque no sea capaz, sino porque no me apetece. Porque vivo en el laboratorio

P. Hace unos años realizaste junto a la artista Verónica Ruth Frías un duelo videoartístico titulado Y murieron con las pelucas puestas, una batalla feminista con mucha retranca.

R. Era como la contra-sororidad desde el humor. El humor pertenece al hombre. Hay muy pocas mujeres en el ámbito de la comedia, muy pocas mujeres que hacen gracia. Seguimos pareciendo parientas, novias, madres, hermanas mayores, cuidadoras, las corta rollos.

P. ¿Porque tenemos más sentido del ridículo tal vez?

R. También, sí, porque nos han pisado un poco más, no hay tanta soltura, la jeta que hay que echarle a todo esto, decir, me da igual todo. Y entonces lo del duelo sí que tenía una cosa así como de reírnos de nosotras mismas. Yo en mi trabajo personalmente sí que trabajó mucho el desprestigiar el arte, todos los ideales de belleza, el orden, todo lo que sea normativo. Un poco yo juego en ese terreno siempre. Por eso lo canalla igual viene de ahí, un poco cuestionar lo que está establecido como tendencia, correcto, acabado, el buen lugar, el buen hacer. Yo todo eso siempre lo pongo en cuestión. Entonces, había ahí dos tías haciendo vídeos, haciendo cosas desde el humor, y Verónica le sacó mucho punto. Yo no hago comedia ni ella tampoco. Hay una diferencia entre el humor que hay en mi obra y en decir que soy cómica.

A lo mejor a mí me ha influenciado una mezcla entre Goya y yo que sé, 'La hora chanante'

P. Era una especie de cara B de las batallas de gallos del hip hop.

R. Sí, el rollo duelo. Y murieron con la pelucas puestas remitiendo a las películas del oeste, de tiroteos, de tíos. Pero somos dos tías, claro. Pelearse siempre fue de la testosterona. A mí me faltó un poco más de sangre en el duelo, Verónica fue muy benevolente. Yo creo que tuvo momentazos, pero yo al final le dije, pero métete conmigo, dame en la cara. Estuvo guay, fue un ejercicio que nos pusimos las dos como videocorrespondencias. Pusimos de jurado todo hombres, le pregunté a un par de mujeres, pero no respondieron. Usamos las redes sociales que dan mucho juego.

P. ¿Puede la mujer artista dirigir el arte hacia territorios desconocidos?

R. No sé, yo como creo en la igualdad pues tampoco creo que las mujeres tengamos la llave del futuro. A mí me gustaría decir que si hemos estado mucho tiempo vetadas, en silencio, entonces feminizar también la expresión artística creo que puede dar muchas sorpresas.

P. ¿La cuarta ola de feminismo tendrá ecos en el arte?

R. Ya se está notando, ha estado siempre, pero con una escala de visibilidad siempre menor que la del hombre. La mujer está en el arte desde hace mucho tiempo y ha sido siempre cañera, desde Artemisa. No creo que antes hiciera floripondios y ya está. Siempre ha sido cañera pese a que no se le ha dado el espacio ni la visibilidad que necesitaba. Ahora se está luchando porque haya más visibilidad y, bueno, como todo eso está muy incandescente, pues seguramente haya más expresiones sobre esto en el arte. Pero tampoco veo que especialmente el arte contemporáneo hecho por mujeres tenga que ser una reivindicación feminista. Es como decir que todos los artistas que son negros hablen del racismo. No, no me parecería ¿por qué no puedes hablar del amor o de la muerte o hacer una crítica de la sociedad? ¿por qué tienes que hablar solamente de los negros, porque eres negro?

Creo que estoy en paz conmigo misma y con lo que hago

P. ¿Cómo describirías la realidad virtual del arte contemporáneo hoy día?

R. Como un espacio de fácil acceso, en el que todo el mundo puede aportar, ahí no hay cribas. Es interesante, hay mucho ruido. Hay que saber detectar y filtrar ahí y ese puede ser un trabajo interesante de los artistas. Saber filtrar, seleccionar, extraer el néctar de cada cosa que puede haber en internet. Todo el mundo habla, produce, cuelga cosas y tú puedes acceder a todo eso. Ofrece visibilidad a gente que antes no la tenía. Hacerte una cuenta en Instagram, usar las cartas de Instagram y ser perseverante y tener talento, de repente, un perro que tiene la lengua partida tiene dos millones de seguidores. Es caprichoso por qué tienen éxito las cosas en internet.

Internet es otro espacio para la comunicación, para la expresión y para la exposición del mundo del arte contemporáneo. También para leer textos, de hecho, yo prefiero leerme un texto sobre arte que ir a una exposición de arte conceptual en la que veo una pieza que no entiendo nada. Prefiero las cosas que me da Internet, que puede ser un texto del comisario de esa exposición que me da claves sobre la obra. Internet es un espacio de consumo de arte estupendo.

P. ¿Existe arte en Instagram?

R. Sí, sí. A ver lo que pasa que esto es muy nuevo. Son cosas un poco de usar y tirar. Todo esto es un experimento. Igual es una plataforma genial y dentro de un año la gente se ha ido a otro lado, como le pasó a Flickr antes. Instagram tiene limitaciones que tienen que ver con la calidad, pero bueno para hacerte un mapa de cositas que está haciendo la gente que sigues está bien. Es visual completamente, estético, pero es una porción, no es todo. Pinterest me gusta mucho, hay maravillas. Y Facebook lo utilizo para las tonterías.

Estamos todos con la incertidumbre, no solo el artista

P. Hubo un debate reciente bastante interesante desde mi punto de vista, aunque también generó muchísimo ruido y muchísima toxicidad, sobre el asunto del apropiacionismo en el arte digital. Surgió a raíz del cartel que la artista María Cañas hizo para el Festival de Cine Europeo de Sevilla en 2017 por el que se la acusó de plagio. ¿Esto no estaba superado?

R. Eso te iba a decir. Se le pusieron en contra un montón de diseñatas, ya ves tú, y no hay nadie más copión que un diseñador, con perdón y con respeto a los diseñadores. Pero no hay nadie más víctima de las tendencias y se puede ser creativo. Mira, para mí el diseñador es como el DJ en cuanto al músico. El diseñador es el DJ de lo visual, o sea, tú eres una persona que tiene buen gusto y sabes dónde están las tendencias y ole tú. Pero no estás haciendo música en tu caso, no estás inventando nada a nivel estético formal. Estás pillando tendencias, tienes buen gusto, te combinas tu rollo. Entonces, a María es que se le echaron encima los diseñatas me dio a mí impresión sobre algo del todo superado. Además, quien conoce la obra de María Cañas sabe que eso es lo que ella hace. Ella no suele trabajar con material rodado por ella misma, que más bien extrae fragmentos de otras películas.

P. ¿Te consideras videoguerrillera como ella?

R. Yo soy videoporculera. Con este feísmo de mi obra, esta estética kitch, desagradable, tocapelotas en esencia. A veces me pregunto ¿Por qué tengo que hacerlo todo tan feo?

Si estoy haciendo un dibujo o una figura y me está quedando muy bien una cara de una niña, de repente empiezo a ponerle una nariz larga y hago un monstruo.

Trabajó mucho el desprestigiar el arte, todos los ideales de belleza, el orden, todo lo que sea normativo

P. Por otro lado, hay otra parte insaciable desde mi punto de vista en tu obra, entre lo digital y la cacharrería. Un horror vacui absoluto.

R. Sí, sí, sí total, que se lo digan a mis compañeros de piso. Tengo un montón de cajas que son de Pandora y cuando las abres es un lío loco, con piezas de futbolín, un Pokémon, un billete de cinco mil pesetas de los antiguos, un motorcillo de no sé cuánto, un dildo… y eso así random. Tengo cajas en casa, en casa de mi abuela, en Bilbao en la casa donde vivo, en la Fundación Bilbao Arte donde me becaron y tuve una exposición. Me atrae la adquisición de objetos pobres, las imitaciones que encuentras en rastros y mercadillos, esa esencia decadente de mala copia o de deterioro. Y eso se combina con figuraciones con materiales que hasta me da igual que se deshagan como la plastilina, que me encanta. El año pasado hice animaciones con plastilina, me gusta como escultura, con ese colorido, ese aspecto mierdoso, blandengue y lejana a la talla el mármol. Tiene una plasticidad que había olvidado desde la infancia.

Ahora estoy trabajando en una especie de remezcla en la que entran muchas cosas, apropiacionismo fílmico, internetero, creación de memes… Combino objetos encontrados en rastros y en internet, basura, trabajo con basura y con mi propia basura generada por mí en cerámica, plastilina. A veces me voy al Tiger y encuentro masas moldeables de colores muy locos y texturas marcianas y combino un poco todo. Estoy en ese camino de hacer montoncitos, como dice un técnico de Bilbao Arte sobre mi obra. Ahora estoy más objetual o analógica.

P. Y eres directora de videoclips. Has trabajado con Guadalupe Plata, Cabezafuego, David Donnier...

R. Sí, le he hecho a varios grupos, a Athom Rumba que son muy míticos. Yo siempre he editado videos. En realidad comencé con los programas de edición de sonido y aluciné. Luego aprendí photoshop y empecé a editar vídeo. Grababa cosas, siempre me ha gustado mucho, mucho, mucho la música, y los sonorizaba yo. Tenía unos vídeos que parecían videoclips, ¿sabes? Eran muy videocliperos en su época, 2005, 2006. De ahí viene la cosa. Luego me empecé a juntar con los de Guadalupe Plata y vieron este trabajo que yo tenía, les gustaban también mis ilustraciones y estuve un tiempo trabajando con ellos haciendo vídeos y portadas.

Haciendo un videoclip para ellos me metí en la aventura de aprender yo sola a hacer effects. No veas, el videoclip de Esclavo ese, me tiré un mes en casa, en Granada, me salieron sabañones en las manos. A esta gente los conocí cuando no eran tan famosos y luego, de repente, hicieron bimba, y todo el mundo los conoce y todo el mundo ve tus videos. Entonces, hay un efecto de contagio que te va llamando una banda y otra y así hasta hoy.

Por eso me he quedado en Bilbao. Me dieron una beca de Bilbao Arte, que era de seis meses, pero al llegar allí, el tercer día yo estaba trabajando con Cabezafuego que es navarro e hice un concierto con él, de las cosas que yo hago en directo. Vinieron los de Athom rhumba, otros que se llaman Sonic trash, Los tupper. Ese día conocí a tres bandas diferentes que me encargaron videoclip. O sea, de un concierto me salieron tres encargos llevando menos de una semana en Bilbao. Todo se va contagiándose, eso se va moviendo en Internet, la gente lo ve y te llama.

Tampoco veo que especialmente el arte contemporáneo hecho por mujeres tenga que ser una reivindicación feminista

P. ¿Eso es arte?

R. Sí, sí. He tenido mi charla a veces con compañeros del mundo del arte, del sector, que incluso pensaba que ellos mismos iban ser más censores de esto y que va, me decían que no. Bueno, personalmente gracias a hacer los videoclips nunca paro. Me potencia el nivel de producción y de investigación que yo tengo. En los últimos años me he metido a hacer stop motion, algo que no había hecho en mi puta vida. Como estoy ahora con técnicas más analógicas, pues me digo, venga, stop motion, plastilina, vuelvo a modelar. Cuando empecé con Guadalupe plata tengo vídeos que uso after effects, con animaciones como más de software, y ahora me desarrollo más.

He visto que el mundo software es como testosterónico casi, los tíos hablando del último plugin de no sé qué, la última cámara de no sé cuánto… y digo, paso, yo no voy a estar todo el día con las puñeteras tendencias, el último plugin, yo hice Bellas Artes y me dije, vamos recordar nuestros orígenes. ¿Yo dónde tengo talento? en las ideas y en las formas. Así que voy a seguir haciendo vídeo, pero el último plugin me lo paso por el ojete porque no dice nada. A los cuatro años ves videos hechos con esos plugins y apestan a 2003, a 2010 a no sé cuando, y yo ahora estoy contenta con lo que estoy haciendo porque creo que va a quedar algo como más personal y no tanto de tendencia de software.

P. Para terminar convierto una frase de Dora García en pregunta: ¿el arte es para todo el mundo pero sólo una elite lo sabe?

R. Ese es el punto de error del arte actual. Y en eso estoy super en contra. Y por eso yo digo que soy un poco outsider en ese sentido. Hay gente que me dice que a su hija le ha encantado mi video y le ha pedido que se lo ponga mil veces. Pues eso, según la élite, no sirve. No me quiero poner pedorra porque hay arte de las élites que es buenísimo, pero hay veces que tengo la impresión y me siento desplazada porque lo mío es como muy aceptable tanto para la alta cultura como la baja cultura, para la gente de a pie de calle. Y a mí me pareció siempre, si te digo la verdad, que el arte conceptual que habla de política y de sociedad se quede solamente en la élite que ya previamente conoce esas problemáticas. Eso es un autoaplauso y una chorrada, un disparate. No estoy a favor. Ahí tiene que haber un cambio si no, nos vamos a la mierda los artistas y te digo la verdad. No digo que tenga que ser mainstream, que tengamos que ser Beyoncé todos, pero ¿por qué no? Antes pasaba, mira Bowie.

Yo soy videoporculera. Con este feísmo de mi obra, esta estética kitch, desagradable, tocapelotas en esencia

P. Mira Rosalía.

R. Pues la respeto mucho. No estoy dentro de esos códigos en los que está así como súper instalada. No me la pongo, no la escucho, pero la respeto bastante. Me molesta cuando la gente empieza gratuitamente a meterse con ella. Me parece además que remite a lo de siempre, a sacarle la mierda. Puedes decir que no te gusta lo que hace, pero decir que es un maniquí, falsa no, hay mucho trol por ahí.

P. ¿Alguna frase para la posteridad?

R. Tengo miedo de la frase que me vas a entrecomillar. El cielo está entrecomillado, quién lo desentrecomillará, el desencontramillador que lo desentrecomille, buen desentrecomillador será. Eso quiero que me entrecomilles [risas].

Tengo un caos que sé pisar

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