El Zoco Municipal no tiene quien le compre artesanía

Zoco Municipal | ÁLEX GALLEGOS

La Judería cuenta con un zoco contemporáneo situado en otro de sus lugares recónditos y mágicos. Cuero, madera, cerámica y plata. Objetos realizados por artesanos cordobeses que mantienen intacta las manera de trabajar de siglos pasados es lo que se puede encontrar en este lugar empedrado, con callejón y patios llenos de vegetación, quienes hoy tienen la espada de la incertidumbre sobre qué será en los próximos meses de este lugar y de su artesanía.

El Zoco Municipal posee dos entradas, la principal frente a la Capilla de San Bartolomé, y una segunda en la calle Judíos, frente a la mirada de Maimónides, a modo de pasadizo con medios arquillos. La casa solariega del s. XVI que acoge este auténtico comercio artesano es de estilo mudéjar y, en su vida nocturna, ha vivido veladas legendarias de flamenco en su patio principal.

De la voz árabe suq, que significa mercado, surge nuestro vocablo castellano zoco. Este lugar ubicado a la espalda del Museo Taurino tiene su origen, como homenaje a los zocos andalusíes, en 1954 con el alcalde Antonio Cruz Conde y fue construido en los jardines de la primitiva Casa de las Bulas. Hoy el conjunto es de Interés Cultural en el Plan General de Bienes Culturales, por lo que goza de especial protección.

En el Zoco Municipal, se ubican distintas tiendas-taller de plateros, ceramistas o curtidores del arte del cordobán, muy enfocado al turismo, pero donde se encuentran objetos llenos de autenticidad, muy alejados de lo que venden los coloristas tenderetes de souvenirs del barrio. Cinco artesanos pasan últimamente sus peores días, ya que el lugar vive jornadas en las que está vacío, “y si resucita algo los fines de semana es con alguna pareja intrépida que no compra, solo hace fotos, y que habla español”, explica uno de estos artesanos, Blas Pérez, quien lleva realizando figuras en pasta de papel desde hace más de 30 años.

Además, el Zoco cuenta con una tienda más grande, la sede de la Asociación de Artesanos de Córdoba. Esta asociación, cuenta con un espacio para exposición y venta de los productos de diez de los artesanos que la conforman y que se van rotando en su atención al público.

Blas describe una situación poco esperanzadora: las circunstancias que van a obligar a jubilarse a alguno de estos profesionales y a otros los pondrá en una situación difícil cuando se acaben las ayudas que ahora están recibiendo y gracias a las que subsisten en estos tiempos de pandemia. El ritmo al que producen sus piezas y su modo de trabajar no casa bien con el comercio online. “Se trata de artesanía pura, no produces al ritmo que te pueden pedir, en mi caso, por ejemplo, hago piezas seriadas”, describe Blas.

El artesano también lanza su mirada sobre el resto de la Judería y cree que “solo sobreviven los que tiene en propiedad” en esta zona, ya que los alquileres son altísimos y todos “los negocios oportunistas” han cerrado. De hecho, pasear por el barrio estos días es comprobar que hay muchos locales cerrados a cal y canto y con vocación de permanencia.

Para este artesano que también confiesa haber vuelto a “reconocer” algunas calles de la Judería al verlas vacías o con muy poca gente, solo sobrevive algo comercialmente la Ribera “adonde acuden más cordobeses”. Y apostilla, “esta ciudad se preparó para vivir de la avalancha y la avalancha no es segura”.

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