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CRÓNICA

La alta velocidad entre Madrid y Andalucía intenta recuperar la normalidad entre retrasos y tramos lentos

La estación de tren de Córdoba tras restablecerse la alta velocidad por el accidente de Adamuz

Juan Velasco

17 de febrero de 2026 11:32 h

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La Estación de Córdoba-Julio Anguita ha vivido este martes una mañana de contrastes. Tras días de incertidumbre en la conexión ferroviaria más importante del sur de España, la alta velocidad ha vuelto a rodar, aunque lo ha hecho con un ritmo titubeante y una atmósfera inusual en los andenes. En los alrededores, algunos usuarios bromeaban con que la normalidad es que los trenes vayan con retraso, aunque este 17 de febrero, no era un día cualquiera.

No lo era porque el interior de la estación había recuperado algo de vida, pero seguía aún lejos del esplendor que mostraba hace apenas un mes, el día antes de que tuviera lugar el mayor accidente de la alta velocidad en España, cuando dos trenes (un Iryo con destino Madrid y un Alvia que se dirigía hacia Huelva) se estrellaron a la altura de Adamuz. Desde entonces, la joya de la corona del sistema ferroviario español estaba detenida entre Madrid y Andalucía.

Así que, lo que debería haber sido una jornada de plena operatividad se ha convertido, en la práctica, en un despliegue de pruebas donde los uniformes de las operadoras han sido más numerosos que las maletas de los turistas.

Trabajadores de Iryo bajan del tren este martes, en la vuelta de la alta velocidad entre Madrid y Andalucía

Un pasaje de “incógnito”: más trabajadores que clientes

La reapertura de la línea ha dejado una estampa curiosa: convoyes de gran capacidad circulando casi en exclusiva para el personal de las compañías ferroviarias. De hecho, en uno de los primeros servicios procedentes de Madrid con destino a Cádiz, ni siquiera se bajaron viajeros en Córdoba.

Sí se bajó un grupo de ocho trabajadores de Renfe, que, con más risas que ganas de hablar, sí que ironizaban con que “alguien tiene que probar las vías”. Más parlanchines fueron los trabajadores del Iryo que llegó poco después, a las 9:57 (con un retraso de veinte minutos). Era un grupo de casi una decena de trabajadores, que explicaban que el viaje había sido totalmente normal, con algunos tramos a velocidad mucho más lenta de lo habitual, pero sin ningún tipo de incidencia que reportar.

José Luis, uno de los primeros viajeros de alta velocidad entre Madrid y Córdoba, este martes 17 de febrero

En ese tren, según el personal de Iryo, se habían bajado dos pasajeros en Córdoba, aunque debían haber subido al vestíbulo por otro acceso, puesto que, con su marcha, la vía cuatro se volvió a quedar en total silencio, mientras la escalera mecánica ralentizaba hasta quedarse totalmente parada. Quedaban 13 minutos para el siguiente tren de alta velocidad procedente de Madrid: un AVE que acumulaba más de 25 minutos de retraso.

Llegó a las 10:10. De él se bajaron cuatro pasajeros en Córdoba, además de más personal de Renfe que, en este caso, contaban que los verdaderos viajes de pruebas se habían hecho en la jornada del lunes, y no este martes, en el que ya los viajes eran comerciales. “Hoy son viajes normales”, aseguraba uno de los dos trabajadores de Renfe que viajaba en este AVE desde Madrid.

Primeros trenes de Renfe e Iryo circulando por el tramo de Adamuz tras las obras por el accidente ferroviario

La “cicatriz” de Adamuz y el factor tiempo

Pero la normalidad parecía un objetivo lejano en los andenes de Córdoba, en parte porque todo el mundo coincidía en que había un punto que obligaba a recontextualizar el trayecto: Adamuz. Al pasar por este término municipal cordobés, la ingeniería de alta velocidad se ve obligada a claudicar ante la prudencia. De hecho, los periodistas apostados en este punto cuentan que el primer AVE de la mañana ha tocado un claxon al pasar por este tramo. No se sabe, casi como un aviso al reducido pasaje de que había que tomar nota de cualquier movimiento extraño.

José Luis, por fin un viajero que había cogido el tren en Madrid con destino Córdoba, confirmaba que en ese punto había un freno notable en la velocidad. Había partido de Madrid a las 08:00 horas, y explicaba que supo perfectamente qué estaban pasando por Adamuz porque el tren bajó tan notablemente la velocidad que, al pasar por la zona, pudo ver el convoy del Iryo que descarriló hace un mes y que lleva desde entonces apartado de la vía principal.

Lina, una estudiante cordobesa que viajaba de Madrid a la capital, no puede decir lo mismo. “Yo no me he enterado de nada. He venido todo el viaje durmiendo”, contaba. El suyo sería, pues el trayecto soñado para todos los responsables de la alta velocidad en España, que esperan que, poco a poco, la normalidad en las vías permita que todos los viajes entre Madrid y Andalucía vuelvan a ser apenas un zumbido que espanta los pájaros de los olivares de Adamuz.

La estación de tren de Córdoba tras restablecerse la alta velocidad por el accidente de Adamuz
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