La pólvora no se moja en la peor crisis de resultados del Córdoba CF
En el fútbol existe una máxima tan antigua como el propio juego que habla de la teoría de la manta corta. Si tiras de ella para taparte la cabeza, te acabas congelando los pies, y si te tapas mucho los pies, se te hiela la cabeza. El propio Iván Ania recurría a este sabio refranero en la sala de prensa de El Sardinero para explicar el drama que atraviesa en la actualidad su equipo. El Córdoba Club de Fútbol ha apostado por abrigarse la cabeza, buscando la portería rival con una vocación tremenda, pero a cambio ha dejado su retaguardia a la intemperie. Sin embargo, en medio de la peor racha de resultados de Iván Ania en el banquillo califa, con cuatro derrotas consecutivas, asoma una realidad paralela a la que agarrarse de forma innegociable.
Y es que el gol sigue ahí. Lejos de venirse abajo por los continuos mazazos que recibe en área propia, el conjunto blanquiverde no ha perdido su instinto. Pese a las derrotas y la mala racha, el equipo ha logrado perforar la red rival en cada uno de sus recientes tropiezos frente al Almería, el Ceuta, el Andorra y el Racing. De hecho, los andaluces encadenan ya siete jornadas consecutivas celebrando al menos un tanto, una muestra de rebeldía que confirma que la pizarra en campo contrario fluye y que los jugadores jamás bajan los brazos cuando el marcador se pone cuesta arriba. El gran 'pero', no obstante, siguen siendo los regalos defensivos, volviendo así a una versión del Córdoba que parecía ya desterrada.
La explosión goleadora en números
Los fríos datos ilustran una evolución superlativa en este último tercio del campeonato, dibujando a un equipo letal en los metros finales. En los últimos 11 compromisos ligueros, los califas han anotado la friolera de 20 goles para 6 victorias y 5 derrotas. Para poner este dato en perspectiva, basta con mirar el retrovisor de la competición. El cuadro blanquiverde suma en la actualidad 41 goles, y, si los últimos 20 han llegado en el tramo final, los otros 21, por su parte, se consiguieron en los primeros 18 partidos. Es decir, prácticamente la mitad de las dianas han llegado en estos últimos 11 encuentros de los andaluces.
Pero este caudal ofensivo no es un espejismo sostenido por un porcentaje de acierto irreal o por la simple fortuna. Basta con ver los partidos para poder sentenciar que, pese a todo, los blanquiverdes podrían haber firmado muchos más goles. El Córdoba es actualmente el tercer equipo de toda la categoría con mayor volumen de tiros a puerta por partido, según los datos de @StatsSegunda, tan solo por detrás de la UD Almería y del propio Racing. La valiente visita a tierras cántabras fue la enésima prueba de esta identidad innegociable, plantándose en el feudo del indiscutible líder para rematar hasta en nueve ocasiones entre los tres palos (19 tiros totales y 5 ocasiones claras de gol) y logrando hacerle tres rotos a una defensa local que sufrió de lo lindo.
Todo influye, en ataque y en defensa
Aun así, tal y como analizó también el propio Ania en los últimos días, la labor defensiva es una cosa del bloque completo, no solo de la zaga. Desde el delantero centro con su presión, hasta el portero con sus paradas, contribuyen a un sistema que, hoy por hoy, no está logrando dar con la tecla. Cabe recordar, como punto importante, que Ania también confesó en la previa del partido contra el Almería que ahora su equipo tenía la línea defensiva más atrás que antaño. ¿Es el momento de darle otra vuelta de tuerca al sistema defensivo? ¿O la mala racha proviene únicamente de una mala ejecución del plan? Tan solo el asturiano tiene las respuestas a estas preguntas.
Pese a ello, la lectura que deja esta extraña dualidad goleadora debe servir como bálsamo para un vestuario herido. Construir un equipo desde cero para que genere volumen ofensivo y marque goles con facilidad es, de largo, la tarea más compleja en el fútbol profesional. El Córdoba ya tiene ese tesoro en su poder. El reto de Ania no es inventar nada nuevo arriba, sino encontrar la manera de ajustar, una vez más, esa manta corta para abrigar un poco los pies sin que el ataque se resienta. Si se logra taponar la sangría atrás, la pólvora está más que seca para volver a dinamitar la clasificación.
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