La sangría defensiva arruina el paso al frente del Córdoba CF y agrava su peor crisis
La resaca de la visita a El Sardinero deja un sabor amargo, una mezcla de frustración e impotencia que escuece especialmente por las formas. El fútbol, caprichoso por naturaleza, demostró en tierras cántabras su cara más cruel -una vez más- con un Córdoba CF que, paradójicamente, recuperó su identidad ofensiva y tuteó sin complejos al indiscutible líder de la categoría. Sin embargo, las buenas sensaciones no dan puntos. La escuadra dirigida por Iván Ania volvió a caer víctima de sus propios demonios, confirmando que el agujero en la retaguardia sigue siendo una auténtica sangría que hace que este equipo no pueda ser competitivo mientras no se arregle.
El guion del partido en Santander fue el resumen perfecto de la actual crisis blanquiverde. El equipo saltó al césped con personalidad, dominó por tramos y generó peligro constante en la casa del líder ante un público que, tras el partido, reconoció la propuesta de los blanquiverdes y muchos marcaron al Córdoba CF como el mejor equipo que ha pasado por El Sardinero. Pero todo el enorme esfuerzo físico y táctico se esfumó en un abrir y cerrar de ojos tras el paso por vestuarios. Apenas cinco minutos de apagón defensivo y de errores clamorosos, sobre todo en la portería, que dieron al traste con todo lo trabajado hasta el momento.
Lo verdaderamente desesperante para el cuerpo técnico es que esos desajustes no llegaron por méritos del rival o por acciones de dominio contrario. La plantilla había invertido toda la semana en entrenar “hasta el infinito” -así lo definió Ania- las vigilancias defensivas para frenar las letales transiciones locales, y lograron hacerlo en gran parte del duelo. Pero a la hora de la verdad, los errores individuales no forzados, las dudas en la salida de balón y la falta de contundencia en las disputas volvieron a dictar sentencia en contra de los califas.
La peor dinámica de la era Ania
Los números que arroja este tramo de competición son demoledores y certifican un hecho inédito. Por primera vez desde que Iván Ania asumió las riendas del banquillo allá por el año 2023, el equipo ha encadenado cuatro derrotas consecutivas. Un bache profundo que se explica, única y exclusivamente, desde la alarmante fragilidad en área propia. La progresión estadística asusta a cualquiera: el Córdoba CF ha recibido ocho goles en sus dos últimos compromisos, once en los últimos tres y la friolera de trece tantos en apenas cuatro jornadas. Un balance totalmente insostenible para cualquier plantilla que pretenda pelear por los puestos de privilegio.
Además de ello, la derrota en Cantabria prolonga otra pesada losa que merma la confianza del bloque semana tras semana. Ya son nueve las jornadas consecutivas en las que el equipo se ve incapaz de dejar su portería a cero. Si antes los colapsos se producían sistemáticamente en las primeras partes -como evidenciaron los ocho goles encajados antes del descanso de forma consecutiva frente al Almería, el Ceuta y el Andorra-, en El Sardinero la desconexión se trasladó al inicio del segundo acto. Un dato que demuestra que la falta de fiabilidad es un problema estructural que puede aparecer en cualquier instante del choque.
A todos aquellos amantes del motor que hayan seguido la Fórmula 1 esta semana, habrán escuchado eso de que el AMR26 -el monoplaza de Fernando Alonso esta temporada- es tan bonito como inútil: una aerodinámica trabajadísima y agresiva que se ve lastrada por completo por un motor anticompetitivo. Este Córdoba CF es un espejo completo de ese coche: un equipo que juega bonito, alegre, que propone, que entretiene y que hace goles -7 partidos seguidos anotando-, pero que se ve lastrado por completo por unos errores groseros y una defensa que hace aguas, haciendo así del equipo, hoy por hoy, un ente anticompetitivo. Al menos, el orgullo demostrado ante el Racing y el evidente paso al frente en la propuesta futbolística deben servir como base sobre la que reconstruir la moral, pero la clasificación no perdona: el play off ya está a siete puntos y el descenso, a diez.
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