Rosa Gallardo, agrónoma: “En el campo he aprendido respeto y dignidad”
A Rosa Gallardo el universo agrario le viene de fábrica. Su padre es agricultor. Y el padre de su padre. Y el abuelo de su padre. Y así unas cuantas generaciones. Cuando abrió los ojos los olivos ya estaban allí. Ha visto a su progenitor levantarse al amanecer cada día y mirar al cielo descifrando las señales del agua. Lo ha visto caerse estrepitosamente y levantarse en cada cosecha como si abriera una nueva página en blanco de un cuaderno. Por eso no es raro que sus pasos se acabaran dirigiendo a la Escuela de Ingenieros Agrónomos para entender mejor los secretos que esconde el campo.
Casualidades de la vida, nació el mismo año en que se fundó la prestigiosa Escuela de Ingenieros Agrónomos de Córdoba. 1968. Y cuando se licenció no se incorporó a la empresa familiar frente a lo que cabría esperar. Por el contrario, siguió formándose y se abrió camino en el mundo de la investigación donde hoy atesora una acreditada reputación de experta en cuestiones agrarias. De hecho, en 2024 fue incluida entre las diez mujeres líderes del sector agrario en España.
Fue la primera mujer en dirigir la Escuela de Ingenieros Agrónomos en 2016. Y hoy lidera la Cátedra de Inteligencia Artificial y Agricultura de la Universidad de Córdoba para abrir paso a la nueva revolución que se cierne sobre un mundo poco conocido y, a menudo, lastrado por clichés y prejuicios inmerecidos. Son las 10.30 de la mañana en la puerta del Aulario de Rabanales. Decenas de jóvenes salen de la estación de tren para distribuirse como una legión de hormigas entre los edificios del campus.
PREGUNTA (P). ¿Y qué le atraía del campo?
RESPUESTA (R). Me gusta mucho su gente. Son gente honrada. Gente que mira a los ojos. Gente a la que no siempre se le reconoce su trabajo, lo que aportan y lo que significan. Y aún así han seguido adelante con mucha dignidad. Son gente que es capaz de olvidar los problemas de cada año para levantarse y empezar una campaña nueva con toda la ilusión. A mí eso siempre me ha atraído.
Y es un sector que une lo tradicional con una necesidad de innovación enorme. Ese contraste me gusta. El olivar hoy en día no tiene nada que ver con el de hace unos años. Es un sector que acepta muy bien la innovación. No rechaza el cambio, aunque le gusta tomar decisiones con cierta certidumbre. Tomé esa decisión hace años y no me equivoqué. Me alegro mucho de haber optado por esta ingeniería porque me ha permitido crecer profesionalmente, aprender y crecer como persona.
En el sector agrario hay más innovación de lo que parece
P. Usted quería ayudar en el negocio familiar.
R. No exactamente. Y, de hecho, nunca he estado implicada directamente en la toma de decisiones. Preferí hacer mi carrera de forma independiente. Justo cuando acabé me fui a Alemania a trabajar en el año 92 en consultoría medioambiental. Después volví y decidí que quería dedicarme a la universidad.
P. ¿Su padre no tiro de usted ya que se estaba formando como ingeniera agrónoma?
R. No. Hemos hablamos mucho. Con mi padre tengo una relación fantástica. Nos entendemos bien solo con la mirada, pero la implicación directa no ha surgido. Estamos en el sector agrario, cada uno en nuestro lugar, y eso no quita para que tengamos muchas consultas y muchas conversaciones acerca de las decisiones que hay que tomar.
P. ¿Qué ha aprendido usted de su padre?
R. ¡Uf! Me emociona esa pregunta mucho. Yo creo que lo más importante que he aprendido de él es a respetar un sector que no siempre ha sido respetado. Eso ha guiado mi carrera. He visto a mi padre levantarse a diario tempranísimo. No siempre se conoce lo que significa el trabajo en este sector. Muchas de las decisiones que tomo es porque lo respeto mucho. De mi padre aprendí también el valor de la honestidad. Y con eso se va a todos lados.
P. Los urbanitas no somos tan honestos.
R. También. Hay mucha gente honesta. Aprendí también el valor de la generosidad. En este sector hay que ser muy generoso a la hora de tomar decisiones. Hay que pensar no solo en el beneficio, sino en mantener una explotación agraria en buenas condiciones durante mucho tiempo. Y eso te condiciona. También aprendí a cuidar algo que no solo es la fuente de sustento económico de una familia, sino mucho más: querer mantenerlo para tus hijos. Mi padre, por cierto, también es ingeniero técnico agrícola.
P. Su padre era un agricultor formado.
R. Sí.
P. En esa generación no era habitual.
R. Efectivamente. No era tan habitual. Y eso también me hizo ver que el campo necesita gente formada porque es un sector complejo. Para tomar buenas decisiones hay que tener conocimiento. Hay mucha gente muy bien formada en este sector. Mucha más de lo que parece.
P. ¿Y qué aprendió su padre de usted?
R. Buena pregunta. Ahora miro con perspectiva hacia atrás y creo que mi padre aprendió de mí a no tirar la toalla frente a los obstáculos. Aquí no siempre eres bien recibida y no siempre se reconoce el trabajo que haces. Yo creo que él respeta cómo poco a poco he ido haciendo mi camino. Igual que yo valoré en él la honestidad, creo que él la valora de mí. No me equivoco si digo que está orgulloso no tanto por lo profesional sino por la persona en que me he convertido. Y ha sido gracias a mis padres. A los dos. Nada hubiera sido posible si no es por ellos. Así que estoy muy agradecida.
P. ¿Cómo ha cambiado el olivar que usted conoció de niña?
R. El olivar de hace 50 años quería innovar y ser un sector a la vanguardia. Ha habido innovaciones en el ámbito del regadío. De la utilización del agua con eficiencia. Dudo mucho que haya otros sectores que utilicen el agua de forma tan óptima como lo hace este sector.
Las mujeres desempeñan un papel más importante en el campo de lo que las cifras reflejan
P. Antes era de secano.
R. Había mucho secano. Y es verdad que el crecimiento y la transformación del secano en regadío en estos años ha sido muy importante. Ha permitido mejorar mucho la rentabilidad. Es un cultivo muy agradecido al uso del agua. Con poca agua responde de forma fantástica. El sector olivarero ha aprendido a regar muy bien y esta Escuela [de Agrónomos] ha tenido mucho que ver. Hay grupos de investigación importantísimos en cuanto a la eficiencia en el uso del agua, que es un recurso estratégico. Ha habido también muchas innovaciones en mejoras genéticas y variedades de olivar mucho mejor adaptadas a condiciones de sequía y a determinadas enfermedades.
También ha habido innovaciones en cuanto a la mecanización y eso tiene mucho que ver con la problemática asociada a la mano de obra. Ha sido un cultivo muy demandante de mano de obra en momentos muy concretos. Y ahí las innovaciones de maquinaria han ayudado a realizar las labores de forma más rápida y han permitido que la calidad del fruto se garantice evitando que caiga al suelo.
P. ¿Y por qué cada vez que pensamos en los agricultores pensamos en tradición y no en innovación?
R. Porque creo que en este sector tenemos un problema de comunicación importantísimo. No hemos sabido transmitir el nivel de innovación que hay. La tradición no está reñida con la innovación. Se puede ser innovador respetando la tradición. La tradición es el respeto al sector y a lo que significa el campo. Nuestra provincia y nuestra comunidad autónoma están indisolublemente unidas a este sector. El trabajo en común entre universidad, empresas y agricultores está a la orden del día. Pero es un sector que no ha sabido comunicar. Hemos puesto más el foco en comunicar los problemas que en comunicar lo que aporta. Y ahí tenemos responsabilidad todos. Tenemos que poner el foco en lo positivo si queremos que la sociedad y los jóvenes apuesten por este sector.
P. Usted fue en 2016 la primera mujer directora de la Escuela Técnica de Ingeniería Agronómica en sus 50 años de historia. ¿Qué dice el dato de la Universidad de Córdoba?
R. Pues dice que las mujeres hemos estado en la base y nos ha costado llegar a puestos de responsabilidad. Hay dinámicas que son difíciles de romper. Yo no sabría decir exactamente en qué momento una mujer da el paso para optar a este tipo de puestos. Por suerte, ahora mismo es una cosa natural y vemos a los diez centros de la Universidad muchos de ellos dirigidos por mujeres. Pero es verdad que la presencia de mujeres en cargos directivos no era frecuente hasta hace unos años. Ahora sí lo es.
P. ¿Tuvo que romper muchas barreras?
R. Yo no las sentí como tales. Era subdirectora en el equipo anterior y el respaldo que recibí fue fantástico por parte de todos mis compañeros. Ahí no tuve problema. Es verdad que, a veces, tienes que demostrar algo que a lo mejor en el hombre se da por supuesto. Soy una persona muy responsable y comprometida. No por demostrar nada, sino porque tengo esa vocación de servicio.
P. Su mandato estuvo caracterizado por la digitalización, la formación de nuevas generaciones y la visibilidad del talento femenino. ¿Estaba oculto?
R. Había mucho más talento femenino del que se visibilizaba. Hicimos un esfuerzo muy importante en visibilizarlo e identificamos que teníamos un problema, en general, en las ingenierías. Es decir, estábamos perdiendo la mitad del talento de una población que le costaba tener en mente formarse como ingeniera. Chicas jóvenes en cuya decisión de formarse descartaban la ingeniería desde muy pequeñitas por razones más sociales o culturales. Y ese es un problema para la sociedad en su conjunto. Hicimos una apuesta importante por llegar a ellas para que viesen en esta ingeniería una opción de desarrollo importante. Y hemos mejorado las cifras, quizás a un ritmo no tan alto como hubiéramos deseado. Pero la tendencia es positiva y el talento femenino que está entrando es fantástico.
P. El 70% de las explotaciones agrarias andaluzas están dirigidas por un hombre.
R. Sí. Ahí también hay otro reto en romper ese tipo de dinámicas. Y no es fácil la presencia de la mujer no solo en las explotaciones agrarias, sino en puestos de dirección en cooperativas, empresas e industrias agroalimentarias. Es verdad que las mujeres están menos representadas de lo que nos gustaría. Diría que el trabajo de la mujer en el campo está invisibilizado. Hay mucha más presencia de la que las cifras nos dicen. Y desempeñan un papel mucho más importante. El reto está en que las estadísticas reflejen la realidad y todo lo que la mujer aporta en este sector. Hay que seguir trabajando para que ese 70% se vea reducido.
El recambio generacional es un problema enorme
P. La edad media de los agricultores supera los 60 años. ¿No hay recambio generacional?
R. Ese es un problema enorme. Estamos muy preocupados pero también muy ocupados en darle respuesta. Para que haya relevo generacional necesitamos que este sector sea atractivo. Que sea una opción de desarrollo profesional interesante para los jóvenes. Necesitamos dignificar la profesión. Comunicar mejor lo que significa para toda la sociedad. Que los jóvenes que optan por ella se sientan orgullosos. Que no sientan que se quedan en el campo porque no tienen otra opción sino porque tienen mucho que aportar y económicamente puede ser un medio de vida interesante. Sin ese recambio no hay sostenibilidad futura para este sector. Y hay que facilitar el acceso de los jóvenes a la tierra.
P. Seguimos huyendo del campo.
R. Seguimos huyendo. Quizá no es generalizado. El campo es muy heterogéneo. Cada realidad agraria por subsectores no tiene nada que ver. La problemática del sector agrícola no tiene nada que ver con el ganadero. La problemática de la agricultura de regadío no tiene nada que ver con la de secano o la agricultura bajo plástico en Almería. El sector agrario es muy diverso pero deberíamos tener mucha más capacidad de atracción de talento. Tenemos que pensar qué imagen estamos trasladando de un sector esencial para la sociedad. ¿Habrá algo más importante que alimentarnos?
P. Al sector agrario le siguen persiguiendo los prejuicios.
R. Yo creo que sí. Y es el momento de romper con eso. Es un sector que tiene problemas. Por supuesto. No creo que haya que mirar a otro lado con los problemas. Pero lo que hay que darle es la dignidad, la visibilidad y el carácter esencial que tiene.
P. ¿Cuáles son los tres principales problemas que tiene el campo hoy en día?
R. El primero es el relevo generacional. Es un problema transversal. Estamos en un momento de pura innovación, de digitalización, que puede ser un atractivo muy importante para los jóvenes que han nacido ya con herramientas digitales. La digitalización puede ayudar al desarrollo económico y ambiental, y a mejorar la calidad de vida de agricultores y ganaderos. Un segundo ámbito de problemas yo lo situaría en la mano de obra. Es un sector que tiene problemas en incorporar la mano de obra que necesita para un correcto desarrollo de todos los procesos productivos.
P. No hay trabajadores para el campo.
R. Exacto. Cuesta encontrar.
P. Los inmigrantes están ocupando gran parte de estos puestos de trabajo.
R. Sí. Los inmigrantes tienen un papel importante, pero hay una problemática asociada a la mano de obra. Y después hay un problema relacionado con la rentabilidad. Hablamos de la dimensión económica. La agricultura necesita que se tomen decisiones para que sea rentable y que los agricultores puedan vivir del sector. Y ahí emerge el problema del agua, que es un factor estratégico para el futuro de la agricultura. Hoy en día la digitalización nos permite utilizar muy bien el agua y ser eficientes en el uso. Y ahí creo que hay una línea de mejora importante.
P. ¿Hay agua para más regadíos?
R. Es un problema complejo. La clave está en utilizar bien este recurso. Y yo me atrevería a decir que utilizándolo bien existiría posibilidad de ampliar el número de hectáreas. Hay cultivos que son muy receptivos y que responden muy bien a una aportación de agua muy pequeña. Son decisiones complejas que no dependen de un único factor. Hay decisiones políticas que adoptar sobre infraestructuras y mejora del reparto de un recurso que probablemente haya que repensar.
Si se usa bien el agua podemos ampliar el regadío
P. ¿Pero faltan embalses o sobran regadíos?
R. Las infraestructuras hidráulicas son muy necesarias porque los años de sequía que hemos vivido han sido muy duros. Estamos en un año con disponibilidad de agua porque ha llovido, pero no se nos puede olvidar que la sequía volverá y pasaremos años difíciles. Las sequías se gestionan cuando no hay sequía. Ahora es el momento de tomar las decisiones adecuadas para evitar que cuando llegue una nueva sequía las consecuencias sean tan graves como las que hemos sufrido estos años. Es necesario infraestructuras hidráulicas que nos permitan prepararnos. El regadío es una parte importantísima del sector agrario que nos garantiza la provisión de alimentos en la cantidad que la sociedad necesita. Y en momentos geopolíticos complejos como este quizás mucho más. Un país que no es capaz de garantizar la alimentación de su población es un país vulnerable. En Andalucía podemos presumir de regar bien y de utilizar la tecnología necesaria para garantizar un uso eficiente de un recurso tan escaso.
P. Las previsiones indican que la cuenca mediterránea en los próximos años perderá entre el 5% y el 20% de las precipitaciones pluviométricas. ¿Vamos tarde en la gestión sostenible del agua?
R. Yo creo que nunca es tarde. Se debía haber hecho más, pero hay que actuar porque los escenarios son los que usted plantea y la sostenibilidad en el futuro es imperiosa.
P. ¿La inteligencia artificial es una oportunidad o una amenaza?
R. Yo quiero verlo como oportunidad, no exenta de riesgo, por supuesto. El peor riesgo es mirar para otro lado. Rechazar la inteligencia artificial solo por los riesgos que representa sería una decisión muy poco acertada. La inteligencia artificial nos permite tomar decisiones basadas en datos y eso es una oportunidad para tomar mejores decisiones. Esa es la clave. Que seamos capaces de convertir estos datos en información útil para el agricultor o para el técnico de una industria agroalimentaria. Bien utilizada puede ser una gran aliada para el sector agrario. De hecho, se está viendo ya.
P. ¿Cómo va a cambiar la inteligencia artificial la agricultura en los próximos años?
R. Puede permitirnos, por ejemplo, adelantarnos en el tratamiento de enfermedades y plagas para actuar a tiempo y evitar la pérdida de cosechas. Nos está ayudando ya a hacer predicciones y eso es fundamental a la hora de tomar decisiones. También nos puede ayudar en los procesos de la industria agroalimentaria a identificar patrones de calidad para posicionarnos en cada mercado. Nos puede ayudar mucho a la calidad de vida del ganadero o del agricultor. Yo lo veo clarísimo. Esa dedicación 24 horas, 7 días a la semana sin ningún día de vacaciones, las herramientas digitales pueden ayudarle a hacer una gestión mucho más cómoda.
P. ¿Ya la están utilizando a diario?
R. Sí. Hay una utilización clara de estas herramientas, pero no en todo el sector. Y ese es el reto. Hay sectores de alto valor en la que está clarísimamente presente la inteligencia artificial. Por supuesto, en la agricultura bajo plástico. En el olivar hay mucha presencia ya de este tipo de herramientas. Y en frutales. Y en comunidades de regantes.
P. ¿La agenda verde es enemiga del campo?
R. No debería. El sector agrario debe ser un aliado del entorno natural en el que se desarrolla.
P. ¿Y qué está pasando? La impresión general es que los agricultores se rebelan contra las normas climáticas.
R. Los principales aliados del medio ambiente han sido siempre los agricultores. El principal interesado en que el entorno natural y ambiental se mantenga. En el entorno que conozco los agricultores están muy comprometidos con el medio ambiente. Es verdad que la sensación que han tenido en los últimos años ha sido de un exceso de normas, de exigencias, de requisitos, que han hecho que todo su tiempo y su esfuerzo casi tengan que dedicarlo a justificar que estaban haciendo bien las cosas. Y además con la amenaza de penalizaciones o de pérdidas. Quizás tienen la sensación de estar en el ojo de mira.
P. ¿Hay que flexibilizar las normas ambientales?
R. Hay que hacerlas más empáticas. Hay que ponerse en el lugar de un agricultor y de un ganadero que quiere que su entorno natural sea favorable y correcto. Hay margen para flexibilizar y para entender en qué situaciones hay que exigir más y cuándo hay que reconocer y no tanto penalizar. Hay distintas posibilidades para incorporar las cuestiones ambientales en la actividad agraria sin necesidad de que todo sea un requisito con la amenaza de penalización. Se puede enviar al sector un mensaje de que aquí vamos todos juntos.
La del campo es gente que mira a los ojos
P. ¿Europa escucha a los agricultores?
R. Europa debería escuchar más a los agricultores. Y si se escucha más se puede entender mejor lo que están demandando. No tiene nada que ver la realidad del sector agrario centroeuropeo con la del mediterráneo. Nada que ver. Hay que adaptar la realidad de una política única a 27 estados miembros muy diferentes.
P. Leo en internet: “Rosa Gallardo es una de las 10 mujeres más influyentes del mundo agroalimentario”. ¿Cuál es su mérito?
R. No hay más secreto que trabajar, trabajar y trabajar con vocación de servicio al sector. Me dediqué a la ingeniería agronómica porque entendía que podía ayudar al desarrollo de un sector con el que siempre he estado comprometida. Eso es lo que he hecho en mi carrera: tomar decisiones, no escatimar ni un segundo de mi tiempo y estar cerca de los problemas del sector. Y ya está. Trabajo, compromiso y seriedad. Todo eso ha generado un ambiente de confianza y de cercanía que te permite hacer cosas.
P. Dice Elías Fereres: “La agricultura andaluza es un ejemplo para el Mediterráneo”. ¿Da en el clavo o exagera?
R. Elías da en el clavo. Y es uno de los grandes referentes en agronomía en esta Universidad y a nivel mundial. Podemos estar muy orgullosos de haber contado con grandes referentes en la Escuela de Agrónomos. En Andalucía se están haciendo muy bien las cosas en el ámbito agrario con unas condiciones muy difíciles, escasez de agua y un entorno climático adverso. Y con condiciones socioeconómicas también complicadas hemos sabido lograr una agricultura que ha avanzado y ahora mismo es un pilar muy importante de la economía andaluza.
P. ¿Qué decreto firmaría mañana?
R. Un decreto que facilitase la incorporación de jóvenes al sector. Es verdad que hay ayudas a los jóvenes, pero llegan muchas veces tarde o para fines que no siempre son los que necesitan.
P. ¿Y qué le pide la Consejería del ramo?
R. Que siga trabajando por el sector. Que considere a todos los actores que tenemos algo que decir. Hoy en día la administración sola no puede responder a todo lo que el sector está necesitando y creo que la clave está en las alianzas, en el trabajo en común, y que cuente con las universidades.
P. ¿No cuenta?
R. Sí, pero que cuente más. Que nos considere. Hay grandes universidades en Andalucía que pueden aportar mucho. Tenemos una relación estrecha con la Consejería de Agricultura. Que trabajemos juntos y que siga siendo una Consejería esencial y estratégica en Andalucía. El sector agrario en Andalucía es mucho más que el sector agrario en otras comunidades autónomas.
P. Dice José Esquinas: “El planeta produce el 60% más de alimentos de lo que la humanidad necesita y hay 800 millones de hambrientos”. ¿Cómo se come esto?
R. Los problemas de desigualdad son importantísimos a nivel mundial. El problema del hambre es un problema más de acceso a los alimentos que de producción y eso es lo que plantea Pepe Esquinas. Esa es la gran paradoja que debería avergonzarnos a todos. Un planeta que es capaz de producir alimentos con esas cifras de hambre y de inseguridad alimentaria no debería dejarnos a nadie dormir tranquilos. La población que tiene dificultad de acceso a los alimentos es probablemente la que está más cerca de los lugares de producción.
P. En su último libro advierte: “Vamos rumbo al ecocidio”.
R. Yo no sería tan pesimista. Todavía estamos a tiempo de tomar buenas decisiones. La sostenibilidad entendida en sentido amplio es lo que debería marcar las agendas: la dimensión económica, ambiental y social entrelazadas y equilibradas. En el equilibrio está el acierto.
¿Mañana produciremos misiles en Rabanales? Espero que no
P. En el Parque Tecnológico de Rabanales antes producíamos naranjas. ¿Mañana produciremos misiles?
R. Espero que no.
P. Ya estamos produciendo lanzacohetes.
R. Sí. Hay algunas empresas de ese sector. En fin. Tengo relación con el campus tecnológico porque hay empresas que tienen que ver con la digitalización de la agricultura. Tenemos una relación muy estrecha y estamos implicados en proyectos y en seminarios de divulgación. De otras realidades del campus tecnológico no estoy muy informada.
P. ¿Hay futuro en el campo?
R. Sin duda. Hay futuro en el campo porque lo creo, porque lo veo y porque lo conozco. Y porque no hay un escenario de futuro para la sociedad sin el campo. Hay actores que están haciendo las cosas muy bien. Hay agricultores y ganaderos que merecen todo el respeto y la dignidad. Y hay grandes, medianas y pequeñas empresas que conforman un tejido agroalimentario del que podemos estar muy orgullosos.
0