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ENTREVISTA

El “baile diabólico” con Tito Ramírez: “Lo que el barrio inventa, la multinacional lo vuelve blando e inofensivo”

Tito Ramírez.

Juan Velasco

10 de marzo de 2026 20:27 h

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¿Quién es Tito Ramírez y por qué lo suyo es tan actual como lo que hace Bad Bunny? El músico granadino, un ciclón detrás de un antifaz, aclara que él no hace música del pasado, sino música viva que simplemente empezó a fraguarse hace muchas décadas. Mambos, chachachás, boogaloos, descargas o cumbias que cruzaron océanos y siguen sonando en pistas de baile de medio mundo. Él los recoge, los sacude y los vuelve a lanzar al presente con una mezcla de reverencia y desparpajo.

Este sábado, este proyecto, un alias tras el que se esconde todo un veterano de las músicas negras de Andalucía -un pasado sobre el que prefiere no ahondar, pues prefiere que se hable solo de Tito Ramírez-, aterriza en Córdoba. Lo hace acompañado de seis músicos que forman su orquesta, Los Verdaderos Reales, con la que presentará en el Ambigú de La Axerquía Sonido conquistador (El Volcán Discos) el tercer disco de su carrera. Será apenas el segundo concierto de esta nueva gira, lo que significa repertorio renovado y sorpresas en el escenario. “El público se va a encontrar al mismísimo ‘emperador de todos los ritmos unificados’”, bromea en una charla con Cordópolis, en la que promete “satisfacción garantizada y un bailazo diabólico”.

Si algo define el nuevo trabajo de Ramírez es la celebración del baile. Sonido conquistador reúne diez canciones pensadas para encender la pista: para “raspar la chancla”, como dice él, para acercarse mejilla con mejilla —“que ya sabemos que esas son las más peligrosas”— o simplemente para dejarse llevar por el ritmo. En el disco conviven estilos que nacieron a ambos lados del Atlántico y que terminaron entremezclándose hasta formar una identidad sonora compartida: mambo, cha cha cha, boogaloo, rumba, swing o cumbia. Son músicas “de ida y vuelta”, explica el músico, que atravesaron océanos y acabaron impregnando tanto a los músicos como a las audiencias que las bailaban.

Trasladar ese universo al directo es, precisamente, una de las claves del proyecto. La presencia de vientos y metales —fundamentales en este repertorio— cobra en el escenario toda su potencia con la banda al completo, convirtiendo cada concierto en una pequeña fiesta tropical con espíritu de club nocturno.

Músicas del mundo que salen de España (a todo el mundo)

Aunque estos sonidos -los hermanos mayores del reguetón- puedan considerarse minoritarios en España, los discos de Tito Ramírez llevan tiempo encontrando su público tanto aquí como en otros lugares. Su anterior trabajo, El Prince, ya suma tres ediciones y se distribuye en países tan diversos como Japón, Australia o Estados Unidos, además de América Latina.

Parte de esa expansión internacional se explica por la edición norteamericana que publicó el sello neoyorquino Hi-Tide. “Se interesaron por reeditar el disco en Estados Unidos y aceptamos”, recuerda. La conexión tenía lógica: el sello está apostando por estos sonidos dentro de su catálogo y comparte con el artista esa mirada hacia los ritmos afrocaribeños y latinos. Además, en un momento en el que las tasas y los costes de importación complican la distribución musical, Ramírez lo tiene claro: “Tal y como se está poniendo el tema, creo que la única forma de tener tus discos en Estados Unidos va a ser editando con un sello de allí”.

La estética sonora y visual del proyecto —portadas, cartelería, vestuario o puesta en escena— remite con frecuencia a un imaginario clásico de clubes, vinilos y elegancia retro. Sin embargo, Ramírez rechaza la etiqueta de “música vintage”. Su argumento es sencillo: muchos de los estilos que interpreta nacieron en los años cincuenta y sesenta, pero siguen más que vivos hoy en día en bailes y sonideros de América Latina.

El origen del flamenco data de hace hace siglos y nadie le dice a un flamenco que hace música vintage

La reflexión va un poco más allá: “El punk o el rap surgieron hace cuatro o cinco décadas y nadie dice que una banda de punk haga música vintage”, apunta. Más lejos todavía: “El origen del flamenco data de hace hace siglos y nadie le dice a un flamenco que hace música vintage”, concluye, antes de aclarar que su propuesta parte de esos lenguajes clásicos, pero intenta aportar una mirada fresca, propia de alguien que vive en el presente

En ese viaje musical también cuenta la imagen. Ramírez lo resume con una metáfora sencilla: “Al caramelo hay que darle un buen envoltorio”. Las portadas de los discos, los carteles o la escenografía del concierto forman parte del mismo mensaje artístico que la música. Ese cuidado estético ayuda a construir el personaje y a transportar al público a un universo muy concreto: un territorio imaginario donde conviven el soul, el rhythm & blues, el boogaloo o la psicodelia latina.

A la hora de hablar de influencias, Ramírez evita limitarse a un puñado de nombres. Prefiere pensar en un legado colectivo construido por miles de grabaciones y artistas, muchos de ellos olvidados o conocidos por una sola canción. Aun así, reconoce algunas figuras clave en su formación musical: desde el rey del mambo Pérez Prado hasta el huracán escénico de James Brown, pasando por artistas como King Coleman, Los Calvos, Sandro, Juan Gabriel o Alfredito Linares. Todos forman parte de ese gran archivo sonoro que alimenta su proyecto.

Tito Ramírez

¿Auge de lo latino?

Un proyecto que convive en la sombra de todos esos titulares que hablan (a veces de forma simplista) de la “conquista latina” de la música global, sobre todo a partir del éxito del reguetón. Ramírez observa el fenómeno con cierta distancia histórica. Recuerda que este género lleva más de dos décadas circulando. “Hablamos de un estilo que era repudiado por la sociedad, de forma a veces muy racista. Desde hace unos años, en los que su difusión ha sido inevitable, ha sido aceptado por los occidentales y el establishment. Y hoy en dia puede sonar sin extrañar a nadie en la inaguracion de una galería de arte llena de ricos que no saben quien es Don Omar o Tego Calderon o un caserío”, reflexiona.

Y apunta al hecho de que hay una nueva fase, en la que artistas masivos como Bad Bunny han empezado a incorporar elementos más orgánicos del folclore puertorriqueño —incluida la salsa— dentro de su música. “Parece que ahora está surgiendo un auge de esos sonidos”, comenta, antes de recordar que la apropiación cultural es mucho más antigua (e inofensiva) que las músicas de las que lleva hablando toda la entrevista.

“Entiendo por apropiación cultural el agarrar elementos de una cultura, comercializar con ellos y banalizarlos por completo. Y eso ha pasado toda la vida y creo que es inevitable. Al final, el barrio inventa, el barrio crea, el barrio lo elige. Pero luego llega la multinacional, lo agarra , lo comercializa y lo vuelve blando y e inofensivo”, sentencia.

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