“Todavía estamos empezando a comprender la dimensión de la influencia de Fray Ricardo de Córdoba”
Quizá pocos lo conozcan por su nombre secular, pero igualmente es difícil que suceda por el título que recibió. Ricardo del Olmo López nació cerca de la Puerta del Rincón en 1946 y con el tiempo se convirtió en una figura esencial en el ámbito cofrade, así como en el religioso. Y no sólo de su ciudad natal, Córdoba, sino de Andalucía. Todavía hoy, camino de los siete años de su fallecimiento, es una referencia indiscutible.
Ahora, su vida y obra son la composición ideal para un libro. El título es sencillo: Fray Ricardo de Córdoba, que así es como se le conoció y recordará. Alejandro Aguilar, graduado en Historia por la Universidad de Córdoba entre otros méritos curriculares, es el autor de una publicación que traspasa la frontera estricta de la biografía. Lo suyo es un concienzudo trabajo de documentación, que para algo es experto en Archivística.
Pero en su texto, que publica Almuzara, realiza también un análisis. Porque un dato sin estudio no es valioso. El miércoles a las 18:30 presentará en el salón de actos de la Fundación Caja Rural del Sur su primera gran monografía de investigación. Después lo hará en Sevilla y Jerez de la Frontera. Antes de ese periplo comparte con Cordópolis su visión, sólo unos rasgos, del impulsor de la actual Semana Santa de Córdoba.
PREGUNTA. La hermandad de la Sangre cumple medio siglo. ¿Quizá sea la referencia más clara del legado de Fray Ricardo de Córdoba?
RESPUESTA. La fundación de la hermandad de la Sangre en 1976 refleja muy bien el pensamiento de Fray Ricardo. Para él, una hermandad debía ser ante todo una comunidad cristiana viva, con formación, compromiso y vida espiritual durante todo el año. En este sentido, la Sangre encarna esa idea de cofradía que él defendía: una hermandad con identidad propia, con un proyecto espiritual claro y con una presencia significativa en la Semana Santa de la ciudad.
P. Hablamos de una figura fundamental en el ámbito cofrade de la ciudad. Aun así, ¿crees que se le conoce en plenitud?
R. Durante mucho tiempo su figura se ha transmitido, sobre todo, a través de la memoria de quienes lo conocieron, de testimonios personales y de recuerdos en el mundo cofrade. Sin embargo, faltaba un estudio más sistemático de su trayectoria. Creo que todavía estamos empezando a comprender la verdadera dimensión de su influencia, no sólo en Córdoba, sino también en otros ámbitos de la Semana Santa andaluza. Este libro intenta precisamente aportar esa mirada más completa y contextualizada.
P. Parece que siempre se resalta su labor en Sevilla y a nivel andaluz, pero Córdoba fue su principal escenario. ¿Se entendería la Semana Santa actual de la ciudad sin su participación?
R. Córdoba fue, sin duda, el centro de su actividad pastoral y artística. Aquí desarrolló la mayor parte de su trabajo con las hermandades y desde aquí proyectó su influencia hacia otras ciudades como Sevilla o Jerez. Probablemente, la Semana Santa de Córdoba habría evolucionado igualmente por el propio avance de los tiempos y por la evolución natural de las hermandades, pero difícilmente puede entenderse ese proceso sin el impulso de Fray Ricardo de Córdoba, que fue una figura decisiva para orientar muchos de los cambios espirituales y estéticos que se produjeron en las últimas décadas del siglo XX.
P. Entre otros aspectos, ¿a lo mejor sin Fray Ricardo no tendería Córdoba imágenes de Luis Álvarez Duarte, tan relevantes todas?
R. Es muy posible. Fray Ricardo fue una figura clave para conectar a Córdoba con algunos de los grandes imagineros andaluces de su tiempo. Sin su mediación, quizá hoy no tendríamos en la ciudad imágenes de Luis Álvarez Duarte, pero tampoco podemos olvidar obras como el Señor del Silencio, de Luis Ortega Bru, ni las imágenes realizadas por Francisco Buiza para hermandades cordobesas como la Merced o los Dolores de Alcolea, gracias también a la influencia del fraile. Todo ello refleja su papel como mediador artístico entre las hermandades cordobesas y los grandes talleres andaluces.
P. Es fácil quedarse con su trabajo en elementos tangibles, como un manto o un palio, pero hay más. ¿Qué otro papel desempeñó en su vida ligada a las hermandades?
R. Más allá de los elementos artísticos, Fray Ricardo fue sobre todo un guía espiritual para muchas hermandades. Predicó, escribió y orientó a generaciones de cofrades y ayudó a reflexionar sobre el sentido profundo de la religiosidad popular. Él entendía que el patrimonio artístico debía ir siempre acompañado de una vida cristiana coherente y de una formación sólida dentro de las hermandades.
P. En cierto modo, hemos repasado parte de tu obra, que entiendo no es una biografía al uso. ¿Qué encontrará el lector en el nuevo libro de Almuzara?
R. El lector encontrará un trabajo de investigación que intenta reconstruir la figura de Fray Ricardo desde distintas perspectivas: su vida sacerdotal, su relación con las hermandades, su influencia en el ámbito artístico y su pensamiento sobre la religiosidad popular. No es sólo una biografía, sino también un estudio sobre cómo su figura ayudó a entender la evolución de la Semana Santa de Córdoba en las últimas décadas del siglo XX.
P. Por concluir, a tu modo de ver, ¿hubo o hay una figura que pueda igualarse a la de Fray Ricardo para las cofradías cordobesas?
R. Cada época tiene sus protagonistas, pero la figura de Fray Ricardo es muy singular, porque supo combinar tres dimensiones que no siempre coinciden en una misma persona: la espiritual, la artística y la cofrade. Por eso su influencia fue tan amplia y duradera en el mundo cofrade de Córdoba, y por eso su legado sigue siendo hoy una referencia para muchas hermandades.
0