Víctor Manuel revoluciona con la palabra el Gran Teatro
Solo faltó El cobarde, que le reclamaron entre el público en alguna que otra ocasión. Y no es porque él lo sea. Lo demostró a lo largo de las dos horas y media en las que pisó el escenario. “Llevaba unos 15 años sin estar en este teatro”, comentó. “Mucho tiempo”, le exclamó un espectador. No era para afeárselo, sino para señalar cuán larga se hizo la espera. Pero valió la pena, pues Víctor Manuel entregó el alma a viva voz en Córdoba.
El cantautor asturiano regresó al Gran Teatro dentro de la gira de su último disco Solo a solas conmigo. Quizá lo estuvo en la intimidad de la composición, pero no en la noche de este sábado. Le acompañaron seguidores de toda edad en un concierto al que todos se abandonaron. Ya fuera sobre las tablas o en el patio de butacas y etcétera. Comenzó el de Mieres con Déjame, por Dios, que coja aire, tema que abre su álbum más reciente.
Aunque predominó su repertorio mejor recogido por la gente. Para algo tiene su propio cancionero, sin necesidad de que sea colectivo. Ese carácter lo posee el arraigo en seis generaciones de sus poemas musicalizados. Al presentar Planta 14, esos versos sobre la dureza de la mina en su tierra, la ovación fue atronadora. Con 78 y el mundo recorrido, literal y emocionalmente, Víctor Manuel no escondió su rebeldía. Sin necesitarlo ya.
Al amor con canciones para siempre
En la honestidad de sus palabras y cada una de sus canciones estuvo, como siempre, el éxito del recital. El artista, con más de 60 años de trayectoria, no sólo cantó y narró, también fue cómplice de su público, que aceptó la proposición. Hizo reír en las paradas para relatar experiencias e ideas, al igual que emocionó. Como cuando expuso el nexo entre dos temas dedicados a su pareja, Ana Belén.
Lanzó ése Nada sabe tan dulce como su boca para acto seguido dar un Gracias por todo a su otra mitad. Ésta fue una de las canciones de su último trabajo discográfico, a las que añadió Yo nací a la sombra de un cerezo -con el deseo de que “ningún niño de siete años tenga que hacer el saludo fascista-, La muerte y el amor no tienen cura, Solo canto por cantar y Solo a solas conmigo, que ya interpretó en un bis memorable.
Y no, no dejaron de escucharse letras como las de Quiero abrazarte tanto o Soy un corazón tendido al sol. Para Víctor Manuel tanto es el amor como la reivindicación. A lo primero le escribió para la posteridad aquel ‘Sólo pienso en ti’ que provocó otra sonora ovación. No era para menos. Además de ser un tema icónico, cuenta una historia nacida en Cabra. En lo segundo, casi todas sus intervenciones tuvieron crítica social.
El asturiano de alma rebelde
Sorprendió con una inesperada versión de Cuelebre. El animal mitológico asturiano se miró al espejo y vio a Donald Trump. El “ser anaranjado” se convirtió en el protagonista de su afilada pluma. Y hubo más, con Como los monos de Gibraltar, por ejemplo. Pero el clímax lo alcanzaron los espectadores en el bis. De repente, sonaron los acordes de Asturias, el otro himno del Principado.
Para el cierre, la demostración de su perenne compromiso. A ritmo de rock, Esto no es una canción. Volvió el corte de manga musical del cantautor a los que van de salvadores de la patria, que los hubo tras el 23-F de 1981 y parece que los hay otra vez. No hay que callar. “Plantarse en un escenario a cantar música alternativa la guitarra es algo revolucionario”, sentenció en una entrevista a Cordópolis. Y el hizo su revolución.
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