Uli & Pacheco: La gran noche americana en El Arcángel

Uli Dávila celebra su primer gol al Hércules FOTO: MADERO CUBERO
El mejicano Uli Dávila, con tres goles, y el argentino Germán Pacheco, brillante y solidario, abanderan la sufrida victoria blanquiverde ante un Hércules indómito

Pudo parecer sencillo en algún momento, sobre todo cuando el Hércules quedó tambaleante después de un 2-0 en veinte minutos. En la grada, entre el frío y la lluvia, se oían comentarios sobre una goleada impactante, el despedazamiento de un rival endeble y sangrante. No sucedió así. Quedó un resultado vistoso, sí, pero costó lo suyo. Hubo angustia en el graderío de un estadio que sigue manteniendo su sello en la categoría. El Córdoba ha conseguido en su hogar 17 de los 21 puntos posibles y ahí cimenta su magnífica cuarta posición al término del primer tercio de la Liga. En los instantes finales, el Hércules se lanzó con todo y el Córdoba se atrincheró sin miramientos, desgastado al máximo. Si el árbitro hubiera pitado un poquito antes, hubieran sacado a hombros del estadio a Mikel Saizar por salvar los puntos para el Córdoba. Pero aún hubo tiempo para que Uli Dávila, el chico que llegó del Chelsea, redondeara su gran noche con un hat-trick. Los focos fueron para el punta sudamericano. Falta le hacía. Y al Córdoba.

Al equipo de Villa le vino fenomenal el atisbo de fragilidad anímica que mostró el Hércules en cuando las cosas se le torcieron. Los alicantinos habían arrancado con brío, con una posición al menos efectista. Quique Hernández salía con Dioni y Portillo en punta, como si fueran un equipo pujante y seguro de sí mismo y no un semicolista agobiado por las bajas. Adrián Sardinero lanzó un aviso a Saizar, pero pronto se alteró el escenario y el Córdoba exhibió su estampa más eficiente. Al Hércules se le descompuso el gesto cuando a los once minutos Uli Dávila, de cabeza, dejó en evidencia a la retaguardia alicantina para rematar un precioso servicio a balón parado de Germán Pacheco.

Poco después, a los veinte, al cuadro levantino se le vino el mundo encima cuando otro envío medido del argentino lo colocó dentro del marco de Aulestia un motivado Xisco Jiménez, que reaparecía después de dos semanas rehabilitándose de sus molestias. Un 2-0, una colección de oportunidades posterior -Caballero, López Silva, Xisco...- y un contrario herido de muerte. El Hércules sacaba ramalazos de raza. Portillo pudo marcar en un lanzamiento lejajo, pero poco después López Silva le arrancó el balón de los pies al fornido pero torpe Pamarot y no pudo resolver ante Aulestia. En el intermedio, el personal se las prometía felices en El Arcángel.

El duelo cobró una nueva dimensión en los primeros segundos de la reanudación. Portillo, para empezar, lanzó un disparo con mucha intención que Saizar desvió. Seguidamente, el meta de Ibarra vio cómo el larguero repelía un zapatazo de Héctor Yuste. El balón fue a parar a la cabeza de Fran Cruz, que en su urgencia por alejarlo de allí fue a colocarlo dentro de la portería. El autogol reabrió las opciones del Hércules y exigió una respuesta al Córdoba. Que la dio. Aunque los alicantinos habían cambiado. Para un equipo al que le persigue el infortunio, un golpe favorable del azar parecía haber sido interpretado como un guiño del destino. Enrabietado, insistió en reconducir un partido torcido.

Llegó otro golpe del Córdoba, que reeditó el diseño del primer gol. Centro de Pacheco y remate, de cabeza, de Uli Dávila. El argentino está cogiendo el tono. Tiene una buena virtud: no hace tonterías, no intenta nada que no esté seguro de poder hacer bien. A Peña lo llevó por la calle de la amargura. Con el 3-1, el Hércules sacó a relucir toda su rabia contenida. De nuevo se encontró con una ocasión cuando Arias López señaló penalti tras dar en la mano de Abel un zurdazo de Juanma Ortiz. Lo convirtió Portillo y corrió como un poseso para volver a sacar de centro. La batalla entraba en su capítulo final.

De Lucas y Gai Assulin entraron en escena, confirmando que Quique Hernández sacaba ya todas sus cartas. Todo podía ocurrir. Strahman lanzó fuera una buena contra y Saizar se puso el disfraz de superhéroe para abortar un puñado de situaciones de riesgo extremo. La tuvo De Lucas, pero mandó la pelota arriba. El japonés Sugi, en un mano a mano con Saizar, aceleró los corazones en la grada. Villa fortificó la defensa con el ingreso de Samu. Bajo una lluvia torrencial, el Córdoba se disponía a afrontar el clásico final de partido con la ruleta rusa. Pudo encajar, pero terminó marcando. Y lo hizo su hombre más inspirado, el refuerzo de última hora del que se esperaban grandes cosas. Como, por ejemplo, la que hizo. Abrir un partido y abrocharlo con goles. El eco del “Uli, Uli...” resonaba en la fría noche cordobesa.

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA, 4: Saizar, Iago Bouzón, Armando, Fran Cruz, Raúl Bravo, Abel, Caballero, Pacheco (Luso, 76'), Uli Dávila, López Silva (Samu de los Reyes, 84') y Xisco (Strahman, 68').

HÉRCULES, 2: Aulestia, Juanma Ortiz, Pamarot, Escassi, Peña, Héctor Yuste, Sissoko, Adrián Sardinero (Sugi, 74'), Ferreiro (Gai Assulin, 63'), Dioni (De Lucas, 63') y Portillo.

ÁRBITRO: Arias López (Cántabro). Amonestó con tarjeta amarilla a los cordobesistas Iago Bouzón y Abel y a los visitantes Peña, De Lucas y Juanma Ortiz.

GOLES: 1-0 (11') Uli Dávila. 2-0 (20') Xisco. 2-1 (46') Fran Cruz, en propia puerta. 3-1 (58') Uli Dávila. 3-2 (62') Portillo, de penalti. 4-2 (89') Uli Dávila.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la decimocuarta jornada de la Liga Adelante, disputado en El Arcángel ante 9.679 espectadores.

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