El gol salvador de Abel y las verdades del perro viejo

Abel celebra su gol al Depor en la Copa. FOTO: MADERO CUBERO
El Córdoba se inyecta una ración de entusiasmo gracias al talento de un futbolista controvertido y clave en el proyecto

Que la semana haya arrancado con el cordobesismo en ebullición es algo de lo que tiene muchísima parte de culpa Abel Gómez, quien resolvió en décimas de segundo una cuestión que llevaba casi cinco meses enquistada en el mismísimo corazón del equipo. Hay quien ve en su gol en El Toralín el banderazo de salida en la carrera hacia el ascenso. Hasta ahora, el Córdoba era un magnífico conjunto en casa que se desvanecía en los viajes. Su cosecha en los desplazamientos era ridícula, impropia de un aspirante. En este arranque de año, la mancha se ha borrado. El empate en el Iberostar de Mallorca (2-2), donde el Córdoba dejó momentos de gran fútbol, y el triunfo en Ponferrada (0-1), con la solvente victoria ante el Recre en medio (2-0), han dejado al equipo de Villa con todo el aspecto de un candidato como es debido. Abel sonríe ahora. Su gol fue todo un mensaje. En las peores condiciones se pueden sacar los mejores resultados. Es posible bailar con armonía sobre piso de barro. Es lo que hizo el sevillano, que zanjó la cuestión en Ponferrada cuando su equipo peor lo pasaba con una acción bella y eficaz.

"Fue un pase de Iago en largo. Cuando veo que el balón viene tenía en la cabeza lo que iba a intentar, un control hacia adentro, muy difícil, y tras hacerlo sabía que lo tenía que meter. Lo más difícil era el control. Luego había que tener algo de sangre fría delante del portero y ha salido bien". Así contaba el jugador su gol a la Ponfe, una obra de orfebrería fina. El mediocentro hizo su tercer tanto de la temporada. Cada vez que marcó, el Córdoba venció. Anotó ante el Numancia para empatar y abrir la senda de la remontada (3-1). Más relevantes fueron los que firmó ante Tenerife (1-0) y Ponferradina (0-1). Y, por supuesto, los pases a balón parado que propiciaron los goles de López Silva en Riazor (0-1) y Bouzón (1-1) ante el Alavés. También le marcó esta temporada un gol al Deportivo. Fue en la Copa del Rey, que terminó con los blanquiverdes fuera de combate después de la tanda de penaltis más larga de la historia del torneo: se lanzaron 28.

Su trascendencia en el juego del Córdoba de Villa es indiscutible. Sigue siendo un futbolista controvertido, que llegó desde Primera División -salió del Granada- para ser el líder en una zona que había perdido referentes queridos por la afición como Javi Hervás o Borja García. Desde la grada le exigen. Y Abel, perro viejo, sabe que esa presión se puede convertir en un estímulo. "A la afición podemos pedirle poco. Ojalá podamos brindarles una victoria, porque se lo merecen", dijo el jugador a propósito de la próxima visita del Deportivo. Será el duelo ante los gallegos el primer gran partido de la temporada, un encuentro con etiqueta propia. Los titulares de prensa hablarán del asalto al liderato y de la rivalidad por al ascenso directo. También, por ser la Segunda División como es, se podría haber convertido en una confrontación a machete con la amenaza de la zona de descenso. Pero todo lo ha cambiado un gol. El golazo de Abel, un tipo que sabe de qué va esto.

Ya ascendió a Primera División con el Murcia, con el Xerez Deportivo y con el Granada. "Eran equipos que estaban hechos desde el primer momento para ascender, con jugadores con mucha calidad y contratos altos", relataba Abel en las vísperas de la visita blanquiverde a Murcia. Pero llegó la crisis y todo cambió. Cualquiera gana a cualquiera. Abel sueña con conquistar su cuarto salto a Primera y sabe que será de una forma distinta a los anteriores. La vía es el sufrimiento. No se trata de correr con más estilo, sino de no parar. Su gol en El Toralín fue una especie de homenaje a los viejos tiempos. Bouzón y él mismo se aliaron para desenmarañar el lío con sorprendente sencillez. Pase largo, control orientado y remate. Gol. Victoria. Y la vida se vuelve maravillosa.

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