Manuel Carrasco ya no es un ex 'triunfito'

Concierto de Manuel Carrasco en Córdoba | MADERO CUBERO

Lo que ha conseguido Manuel Carrasco en Córdoba es meritorio. Nunca antes un artista ha logrado llenar la Plaza de Toros durante dos días consecutivos. Y él lo ha hecho para presentar La cruz del mapa. Aunque la amenaza de lluvia se cirnió durante todo el viernes, el agua respetó el espectáculo que el onubense tenía preparado para la ciudad. Pasadas las 22:00, el agua empezó a arreciar con fuerza pero, en apenas unos minutos, la calma llegó al Coso de los Califas y a las 22:15 arrancó un concierto con uno de los singles que más ha marcado su último álbum: Me dijeron de pequeño.

Este alegato de lo nuestro, de nuestra Andalucía, se ha convertido casi en un himno para los seguidores de Carrasco, que ofreció un concierto vibrante durante más de dos horas y media en las que hubo de todo. Arrancó con muchísima fuerza gracias a Yo quiero vivir y Aprieta, un ritmo difícil de seguir si se hubiera alargado durante toda la actuación.

Carrasco consiguió congregar a más de 9.000 personas, una masa heterogénea que hacía imposible establecer un retrato del público del artista. Había jóvenes, parejas, familias y chavales menores de ocho años que apenas sabrán que a quien anoche le gritaban quedó finalista en la edición de Operación Triunfo de 2002. Aquel incipiente artista escondía su timidez tras una melena que frenaba con algunas de las múltiples felpas que mostraba cada semana en la Academia. De aquel Manuel ya poco queda. Es mucho más que todo aquello.

Ahora es un ídolo de masas que llena estadios y plazas por toda España. Tan sólo, quizás, es equiparable su éxito al que cosecha David Bisbal, que también quedó segundo en la primera edición del concurso. Bailar el viento supuso el impulso que le faltaba al onubense para conseguir lo que ahora está logrando. La cruz del mapa no ha sido nada más que la confirmación de que Carrasco es mucho más que un producto de un programa de televisión.

Antes de recordar cómo fueron sus inicios, incluso en Córdoba, “cantando en sitios pequeños”, Carrasco enarboló la bandera del feminismo y de la “igualdad real” que encarna en Vete, una de las canciones de su último trabajo, y la de la lucha de las mujeres contra el cáncer, con Mujer de las mil batallas, tema que también dedicó a los donantes de órganos que dan vida en el Hospital Reina Sofía. Viajó en el tiempo hasta recordarnos al cantante que en 2004 publicaba un segundo disco con temas como En el bar de los pesares y Montañas de sal, que interpretó acompañado exclusivamente con su guitarra y con pequeñas voces que rompían el silencio que se había apoderado de la Plaza de Toros.

El artista también habló de los amores imposibles. De los que no son para siempre y de los te quiero que no se dicen. Ya no me mires que sabes puedo caer. Porque hay amores planetarios imposibles de frenar. Huidas entre dos fugitivos que inventan galaxias en noches de choques de estrellas.

Hasta tres medleys con temas como Menos mal, Me sabe a poco, Soy afortunado, Sabrás o Yo te vi pasar hicieron que el público no dejara solo en ningún instante a Carrasco, que se despidió de la plaza hasta el concierto de este sábado con Qué bonito es querer. Aunque no sin antes dar las gracias a Córdoba con una bulería remasterizada sobre la que ya estrenó en 2016. Manuel ya no es un ex triunfito. Que comiencen a temblar los grandes.

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