José Rodríguez: “A un constructor de violines le gustaría tener su taller en Cremona; a uno de guitarras en Córdoba”

José Rodríguez, guitarrero | TONI BLANCO

Ajeno al bullicio del tránsito en la calle San Pablo, casi haciendo esquina con Capitulares, se encuentra el taller de José Rodríguez. Un lugar silencioso y coqueto que recibe al visitante con unas vitrinas donde se exhiben guitarras terminadas y un pequeño mostrador abatible de madera que deja paso al taller en sí, donde José trabaja a la vista del público como si fuera una de esas cocinas de los restaurantes donde los comensales pueden observar el quehacer de los cocineros.

Rodríguez es natural de Andújar, donde aprendió el oficio con el maestro Cayuela y ya, desde muy joven, con unos trece años, abandonó el colegio viendo cómo crecía su amor por el oficio, “a los dieciséis años hice mi primera guitarra, aún la conservo.”, nos cuenta. En aquel taller se hacían guitarras de estudio; pero él, desde muy temprano, quería hacer instrumentos profesionales a pesar de la advertencia de su maestro, que le decía que eso “no daba dinero”. Pero José asegura que nunca le ha importado mucho el dinero.

Desde siempre tuvo cierta relación con Córdoba, con el taller de Miguel Rodríguez Beneyto de la calle Alfaros y asegura que, en sus desplazamientos por motivos familiares de Andújar a Sevilla, cuando observaba nuestra ciudad desde la Cuesta del Espino, siempre pensaba en trasladarse a Córdoba para hacer guitarras. Él lo explica de una manera tan romántica como contundente: “la ilusión de un lutier de violines es tener un taller en Cremona; pues un constructor de guitarras siempre querrá tener uno en Córdoba”.

Y aquí lleva ya dieciséis años, en este local de San Pablo alquilado al torero Fernando Tortosa, que obtuvo ciertos triunfos a fines de los sesenta y primeros de los sesenta.

Lleva construidas, según sus cuentas, 668 guitarras y no creemos que se equivoque porque, además de tener ensartados los círculos que se extraen de la tapa para hacer la boca de la guitarra, como manda la tradición, también conserva un libro de registro perfectamente actualizado donde, a doble página, describe las características del instrumento junto a una foto del cliente con su nueva guitarra recién entregada.

Imaginen ese libro donde están con sus guitarras “José Rodríguez” artistas como Paco de Lucía, su hermano Pepe –compadre del guitarrero-, Patrocinio, Rafael Trenas, Isaac Muñoz, Vicente Amigo, José Tomás, Paco Peña y muchos más, clásicos y flamencos.

Rodríguez acaba de terminar una guitarra muy especial: la que celebra sus cincuenta años en el oficio que se cumplen este año. Para ello ha construido esa guitarra que sorteará entre sus clientes –perfectamente- numerados combinando su número de cliente con las tres últimas cifras del próximo sorteo de la lotería de Navidad. “Si no sale a la primera, lo pasaré al sorteo del Niño y, si no, ya improvisaremos; pero será un sorteo limpio, por si se la lleva un amigo”, explica con una sonrisa divertida.

Clientes a los que Rodríguez les construye guitarras “como un traje a medida”, seleccionando las maderas, adaptando el mástil y los trastes, decidiendo si las cuerdas serán de nylon o de carbono; “por eso es bueno y me gusta verlos tocar, para conocerlos y hacerles un instrumento con el que se sientan a gusto”.

Rodríguez echa de menos el Festival de la Guitarra; “pero no porque se vendan más o menos instrumentos, sino porque se hacen contactos, intercambio de conocimientos, se conocen publicaciones, se imparten conferencias…”

Es optimista con el futuro del oficio, “no se acabará, hay mucha gente haciendo guitarras, aunque cualquiera pueda construirse una de las que se venden prefabricadas por piezas, siempre se buscará la máxima calidad”, reflexiona. Aunque también apunta que se trata de un oficio complicado, “es muy delicado, hay que ser cuidadoso, conocer muy bien la madera, su comportamiento, por eso no suele haber aprendices”. “Cuando un cliente quiere que le repasen su guitarra de gran calidad, quiere que se lo haga el maestro al que se la compró, no cualquier otro”, explica José.

Él tiene dos nietas y dos nietos, “no sé si les dará por seguir el oficio, ya se verá, lo que si tienen cada uno de ellos es una guitarra hecha por su abuelo desde que nacieron”. Y nos señala una guitarra a medio hacer que está colgada del clavijero y encordada para cerrar la madera: “ésta la está haciendo mi nieto, de doce años, conmigo a su lado, claro”.

José no puede evitar una sonrisa de satisfacción o de cierto orgullo. Una sonrisa prudente, en todo caso.

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