¿Cómo producir un vino que reste emisiones de CO2 al medioambiente?

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“Entendemos, como sociedad, que tenemos la obligación de cuidar, respetar, no solo la actividad hacia la que va dirigida nuestro producto sino todo lo que nos rodea”. Esa es la filosofía verde con la que nació en 1999 Bodegas Robles y que, con el paso de los años, ha hecho del cuidado del medioambiente su sello en el mercado. No en vano, ha sido la primera bodega española en calcular su huella de carbono, esto es, las emisiones de CO2 que lanza a la atmósfera en el ciclo completo de producción de sus vinos, en todas y cada una de sus etapas desde el cultivo del viñedo a la comercialización del vino.

Ese cálculo, realizado y certificado por una empresa especializada, ha sido el primer paso para establecer medidas que, cada año, reduzcan el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero que lanzan a la atmósfera, dentro de un compromiso con el entorno y el medioambiente con el que esta bodega se quiere diferenciar del resto.

Así, en ésta y anteriores campañas agrícolas, estas bodegas han tomado medidas para restar emisiones de CO2. Algunas de ellas han sido reducir el peso de las botellas en las que presentan sus vinos, de manera que, a menor peso, menos consumo de energía y de emisiones se realiza en su transporte. Otras acciones, por ejemplo, han pasado por eliminar los restos de la vendimia que se conservaban de un año para otro para hacer abono para campañas siguientes, ya que estos restos acababan emitiendo gases.

Y así, un suma y sigue de acciones. De hecho, si el compromiso con el medioambiente es firme en la producción del vino, realmente puede llegarse no solo a reducir las emisiones de CO2, sino a producir de tal manera que se absorba más CO2 del que se lanza a la atmósfera. Es decir, que hagamos un favor al medioambiente a la vez que producimos el vino.

“Al desarrollar un manejo del cultivo a través de prácticas agronómicas sostenibles, podemos ser capaces de que el producto en el campo absorba más CO2 del que puede llegar a emitir”, explica la ingeniera agrónoma de CO2 Consulting, Mª Paz Ruiz. Y, en ese sentido, esta experta destaca la importancia de llevar a cabo una producción agronómica sostenible con prácticas y medidas que se desarrollen, por ejemplo, “con productos ecológicos y con una producción basada en sistemas eficientes de consumo energético. E incluso en la fase de envasado, primando el uso de envases reciclables y, más allá, en los procesos de comercialización acortando el canal de comunicación y fomentando la reutilización de envases”, apunta.

Seguir esa línea de actuación y compromiso con el medioambiente es la apuesta de estas bodegas, que le ha hecho merecedores de galardones nacionales e internacionales por su producción ecológica. “La agricultura, en definitiva, es una actividad ancestral. Desde los inicios de la humanidad, el ser humano se preocupa de alimentarse y, como tal, lo único que hemos hecho ha sido entender esto desde un origen: entender que hay que alimentarse (producir vino en este caso) sin destrozar la fuente de alimento. En nuestro caso la fuente de alimento es el viñedo, es la tierra, son las levaduras…”, afirma el gerente de la firma, Francisco Robles.

“Al final, un producto que se pone en el mercado no solo tiene que ser el producto en sí, sino desde donde viene el producto y cómo se ha desarrollado ese producto”. Una filosofía que ha sabido recuperar el modo artesanal y natural de hacer el vino, sumado a la última tecnología que mejora su producción. Es, en definitiva, la primacía de la conexión del vino con su entorno, con la tierra y las vides de donde nacen estos vinos de Montilla-Moriles.

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