La primera Semana Santa de tres hermanos cordobeses en una familia de acogida

Luis y abrazados a los tres niños | MADERO CUBERO

Martín está sentado en el sofá y mira a Luis con una media sonrisa. El tercer hermano aparecerá en el salón en cinco minutos. Los dos últimos llevan colgados un tambor de juguete al cuello. Martín y Luis apenas se llevan un año. Marcos, el pequeño, tiene tan sólo siete. Cuentan que después de comer se irán a Sevilla “a ver la Semana Santa”. Martin reconoce que le gusta más la de Córdoba y enseguida enumera todas aquellas hermandades que, por una razón u otra, le despiertan mayor interés. Luis lo mira riendo y afirma que él si tiene ganas de viajar a Sevilla. Marcos no habla. Pero los tres sonríen. Es la primera Semana Santa que pasan con una familia de acogida a la espera de un futuro todavía mejor.

Bajo el cuidado y la atención de estos tres hermanos están Luis y Antonia, gracias el proyecto Siempre en familia de la Junta de Andalucía. Fue en 2003 cuando esta pareja de cordobeses emprendió el camino de las acogidas de menores que se encuentran en centros de protección. Los tres niños llegaron a la vivienda a finales del pasado mes de enero y, como mínimo, estarán con el matrimonio durante un año, período que se puede prorrogar otro año más. Durante el primero, la familia más cercana de los pequeños tiene plazo para luchar por su guarda y custodia. Si no se produce, la administración pública empezará con los trámites para buscar una familia de acogida permanente. En el peor de los casos, los hermanos volverán al centro de protección del que salieron.

Luis cuenta que empezaron a acoger “simplemente por casualidad. En 2003, mi hijo estaba de voluntario en la Asociación Española contra el Cáncer y conoció a un niño marroquí que tenía que ser acogido para un transplante de hígado. Un día nos lo dijo y decidimos acogerlo. Y hasta hoy”. En un primer momento, la pareja empezó a colaborar con el centro de menores Beatriz Enríquez y acogió a menores cuando estos no estaban en horario escolar, ya fuera en fines de semana o vacaciones. Sin embargo, fue a finales de 2014 cuando la pareja decidió realizar acogimientos formalizados a través de los cuales los menores necesitan todo tipo de atención y cuidados durante todo el año y las 24 horas del día.

Después de vivir la experiencia con un único niño, el matrimonio decidió acoger a hermanos. Ésa fue la última experiencia: tres hermanos de distintas edades que, finalmente, consiguieron una familia de acogida permanente para cada uno. Desde aquel 2003, por la vivienda de este matrimonio han pasado cerca de 20 niños de todas las edades e incluso de meses. Niños con historias y vivencias que familias como la de Luis y Antonio intentan que olviden. Sobre todo, el motivo por el que llegaron a esta situación: el desamparo que sufren por parte de sus familias biológicas o situaciones dramáticas, como abusos y maltratos. El matrimonio explica que por su casa “ha pasado todo lo que os podáis imaginar. Y hemos visto de todo. Eso que aparece en la televisión ocurre a nuestro alrededor”.

Los hermanos tienen a diario una llamada y una visita con su padre biológico. Semanas antes de que sus hijos fueran dados en acogida, el progenitor se reunió con Luis y Antonia para conocer quiénes iban a ser los “padres” de sus hijos durante todo este tiempo. Antonia comenta que “este hecho es la primera vez que ocurre en Córdoba. El padre tenía mucho miedo, hicimos una reunión y lo conocimos. Sus hijos, al ver que su padre estaba de acuerdo con la acogida, estaban tranquilos desde primera hora”.

Junto a la pareja y los pequeños viven también dos de los hijos del matrimonio, aunque la menor estudia en Sevilla. Todos luchan por que los tres hermanos se encuentren lo más cómodamente posible en una vivienda que, a pesar de no ser la suya, ya la sienten como propia. Pero este bienestar ha requerido de trabajo previo. Meses antes de la adopción, “los niños venían una tarde o un fin de semana para que se fueran adaptando. Cuando ya se vinieron finalmente, ellos sabían dónde iban a estar”, apunta Antonia. En este sentido, resalta “el trabajo que realizan las educadoras del centro”, ya que van “haciéndole el cuerpo a los niños y les explican que conseguir una familia es como un premio”.

Además de este tipo de acogimientos, Luis y Antonia también colaboran con la ONG Tierra de hombres, de la que Luis es el delegado territorial en Córdoba. Gracias a esta asociación, y a través del proyecto Viaje hacia la vida, la pareja también ha acogido a pequeños que han requerido una operación por padecer de cardiopatías congénitas. A lo largo del mes de junio esperan la llegada de un pequeño en su casa durante su estancia en Córdoba, período en el que también convivirá con los hermanos cordobeses.

En poco más de dos meses, la vida de estos tres hermanos ha dado un giro de 180º. Y no sólo en el ámbito familiar, ya que los pequeños también han empezado a ir al colegio. Pocos días después de llegar a la casa de Luis y Antonia, los hermanos fueron escolarizados. Aunque los padres de acogida reconocen que el nivel educativo que tienen “es bajo, lo importante es que van avanzando. Poco a poco, pero avanzan. Y eso es lo importante”.

Martín, Marcos y Luis no escuchan todo lo que están contando sus padres de acogida. Los tres están jugando en otra habitación con uno de los hijos de la pareja. Saben que Luis y Antonia son “papás de paso” y refugio de todo aquello que les ha tocado vivir. Ahora están conociendo todas las armas para que su inserción en la sociedad sea lo más fácil posible. “Ellos quieren saber lo que tienen que hacer y quieren actuar como los otros niños. Eso es lo que a ellos les da seguridad”, concluye Antonia.

*Los nombres reales de los pequeños se han omitido para preservar su derecho a la intimidad.

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