Eterna canícula: cansancio, irritabilidad, calor, calor, calor...

Dos personas se refugian a la sombra de las altas temperaturas | ÁLVARO CARMONA
Las larga ola de temperaturas extremas afecta al carácter de las personas y obliga a extremar las precauciones

No hace falta que nadie se lo explique. Si usted vive en el valle del Guadalquivir sabe de primera mano cómo está siendo este verano. Porque es un hecho que en julio y agosto tiene que hacer calor. Pero en el estío de 2015 se echan de menos las treguas que todos los años suelen dar los episodios de calor extremo. Es decir, las canículas eran eso, picos concretos en los que el mercurio alcanza cifras extremas durante unos días para luego volver a estabilizarse a la baja. Pero lo que llevamos de presente estío se ha tornado en una especie de canícula sin fin en el que las treguas por debajo de 40 grados han sido casi la excepción. Y todo eso pasa factura.

"Las olas de calor prolongadas pueden terminar afectando al carácter de algunas personas, volviéndolas más irritables. También es común tener mayor sensación de cansancio y agotamiento a causa del sofoco", señala Jorge Martínez, médico de Atención Primaria en el centro de salud Lucano. "Hay que tener especial cuidado con las personas mayores, incluso si están en casa, porque muchas veces, al estar en casa, pierden la sensación de sed, no beben lo suficiente y pueden sufrir episodios de deshidratación", señala el doctor. Por último, deben extremar la precaución las personas con alguna patología asociada.

La recomendación principal para sobrellevar los meses de calor es la de todos los años: beber mucho. Sobre todo eso, agua, aunque también se recomienda, por ejemplo, gazpacho, "que además de hidratarc ontiene sodio, potasio y vitaminas muy recomendables para estas situaciones de calor", prosigue Martínez. También existe la posibilidad de aportar limón al agua natural para aportar sensación refrescante o beber té frío, que quita mucho la sed, pero sin dejar de beber agua natural.

Desde el 10 de julio, Córdoba ha encadenado una tarde tras otra por encima de los 40 grados. Ese día, el termómetro se quedó en 37 grados. No era fresquito, precisamente. El sábado 11 de julio, la temperatura superó la barrera psicológica de los 40 grados por una décima. Al día siguiente, el domingo, subió a 41,2 grados. El lunes, el calor intenso siguió y se quedó en 41,3. Bajó algo el martes, pero se quedó fijado en 40,8 grados. Ayer volvió a subir y se quedó en 42,9 grados. Este episodio (que muchos dicen que no ha acabado) se cerró ayer tarde con una máxima de 43,5 grados. La temperatura más alta registrada en Europa, según diversas fuentes.

Tal vez el fin de semana deje alguna tregua. Pero la semana que viene podría ser como las que hemos venido sufriendo. O tal vez, incluso, peor. Paciencia. Lo parezca o no, se acerca el otoño. Y, algún día, llegará el invierno.

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17 de julio de 2015 - 07:40 h
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