La esperanza en el ADN: decenas de personas se toman muestras en busca de sus familiares represaliados

Pruebas de ADN de familiares de fusilados en Córdoba | MADERO CUBERO

El salón de actos del centro cívico de Poniente en la capital cordobesa era en la mañana de este jueves un espacio de esperanza y dolor, de ojos iluminados por los recuerdos y arrugas en el rostro por lo sufrido. Desde primera hora de la mañana, decenas de personas habían acudido allí para hacerse las pruebas de ADN que les permita identificar a los restos de sus familiares represaliados que se buscan en las exhumaciones de las fosas en el cementerio de La Salud y se prevén realizar también en el de San Rafael.

Antonia tiene 80 años ya y busca a su abuelo, Antonio López Bravo. Sabe que el 5 de junio de 1941, después de pasar por la cárcel, lo fusilaron y lo enterraron en La Salud. Aunque era natural de Villanueva de Córdoba, era ganadero en Santa María de Trassierra y tenía 60 años cuando lo mataron. A un hijo suyo también lo fusilaron, en Belmez. “Su mujer lloró mucho y confió en mí”, dice Antonia recordando a su abuela y sintiendo en carne propia la necesidad y la esperanza de dar todos los pasos necesarios para encontrar, al fin, a su abuelo. Junto a ella, su hija Rosario, empeñada también en hallar al que era su bisabuelo.

Francisco tenía cuatro años cuando perdió a su padre, Juan Bautista Sánchez. Era agricultor, en Puente Genil, “trabajó en el campo toda la vida”, pero “lo señalaron”, porque dos cuñados eran concejales de la República. Lo detuvieron, lo encarcelaron y lo mataron. Francisco apenas tiene datos de lo ocurrido, él era un crío cuando todo pasó y se crió huérfano. “Antes no se hablaba nada de todo esto”, dice sobre el silencio que envolvió durante décadas su vida sin saber qué le había pasado a su padre. Hoy espera paciente, 80 años después, para hacerse una prueba de ADN que le permita saber si alguno de los restos que se hallen en el cementerio de La Salud es el de su padre.

Decenas,cientos, miles de historias así se repiten, por cada uno de los miles de represaliados que guardan las fosas de los cementerios cordobeses. Todas esas historias afloraban este jueves en el centro cívico donde se practicaban las pruebas de ADN. Como la historia de María Josefa, que a sus 67 años busca esperanzada a su abuelo, Martín Redondo. Dedicado a la agricultura en Villanueva de Córdoba, lo fusilaron a los 36 años, al final de la Guerra Civil. “Mucho sufrimiento, mucho”, dice con los ojos llorosos María Josefa, rememorando junto a su hija Eva cómo lo mataron en la tapia del cementerio de San Rafael. “No me he quedado quieta nunca, esta injusticia me ha llevado a moverme siempre para buscarlo”, dice su biznieta. Hoy, lo único que esperan de las pruebas de ADN es que sirvan, al fin, “para reunirnos con él”.

Los sentimientos que se palpan en la salón de actos donde los familiares esperan tienen su otra cara de la moneda en el equipo técnico que prepara todo lo necesario para realizar las pruebas de ADN. En una sala aparte, van llamando uno a uno a los familiares. Allí, una prueba bucal encierra la esperanza de identificar a sus familiares. Los técnicos manejan un listado de 140 personas que han solicitad hacerse la prueba, a los que se suman otras personas que llegaban directamente al centro a lo largo de la jornada, y no solo desde Córdoba y su provincia, sino de otros puntos del país como Málaga, Alicante, Barcelona, Valencia o Zaragoza.

La directora del equipo técnico que lleva a cabo estas pruebas, Elena Vera, explica cómo se ha buscado la posibilidad de hacer la prueba de ADN, en primer lugar, a familiares de primer grado de consanguinidad -hijos o hermanos- de quienes se obtiene mejores muestras para hallar los resultados esperados. Si no, sobrinos o nietos también llenan el listado de personas que confían en hallar a sus familiares.

En paralelo, cuando terminen de exhumar los restos de las fosas en las que excavan en el cementerio de La Salud, practicarán las pruebas de ADN  a partir de huesos largos de cada uno de los cuerpos con ayuda de un laboratorio especializado de Granada, de manera que se puedan cotejar con el ADN de los familiares y hallar finalmente la prueba que identifique a cada uno de los represaliados con su familia.

“No vamos a llevar a nadie falsas expectativas, porque es imposible rescatar a las 4.000 víctimas que hay en los cementerios de Córdoba. Pero sí vamos a rescatar la memoria de todos”. Son palabras de Antonio Deza, portavoz de la plataforma de familiares Dejadnos Llorar, que ha actuado ante las administraciones para que la búsqueda de los represaliados llegue a buen puerto. Hoy, con las pruebas de ADN, se daba un gran paso.

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