Lista 4 (II)

Diez relatos falaces sobre la crisis:

 6) Un daño a la imagen de España en el exterior. En el país de Bankia, Díaz Ferrán y Urdangarín, hay básicamente tres cosas que dañan la imagen de España en el exterior.

- Que la gente proteste en la calle. Tal daño a la imagen de España en el exterior sólo puede ser resarcido con la buena imagen que transmite la policía ahostiando al personal. Nivel de daño 5.

- Que gane las elecciones un partido que no es el PP. Tal cosa transmite muy poca credibilidad en el exterior, aparte de mal gusto y falta de criterio. Nivel de daño 7,5.

- Sánchez Gordillo. Tal cosa no puede ser. Nivel de daño 10.

 7) Medidas valientes. Es lo que hace falta para salir de la crisis. Decisiones valientes. Medidas valientes. Del tipo de valentía que representa quitarle un caramelo a un niño, sumarse a una paliza a un vagabundo, arrancarle el respirador a un viejo, escupir en la sopa de un cliente antes de servírsela. Valentía, gallardía. ¿Para qué vivir con miedo, si son dos días? Y ojo: cuando escuches a un gobernante pedir valentía no pide heroicidad, pide sacrificio. Gráficamente: estás en pompa y te van a dar un latigazo en la espalda desnuda. Concepto 1 de valentía) re rebelas, te das la vuelta y ahostias al del látigo; Concepto 2 de valentía) te quedas en pompa, aprietas los dientes y aguantas sin gritar. Eso es valentía en un ciudadano. Valentía igual a estoicismo. Hay que ser valientes... y joderse. En un dirigente político, valentía es recortar salarios, quitar pagas, reducir derechos, recortar prestaciones, posponer la edad de jubilación... Son decisiones valientes, medidas valientes. Lo valiente es subordinarlo todo al pago a los acreedores-especuladores, mientras que acordarse de los desgraciados es de cobardes, como correr. Somos tan valientes, tan toreros, que en 2013 el interés de la deuda (¡no la deuda, sino sólo el interés!) nos va a costar más que el gasto en personal. Es decir, y siendo esquemático: te quitan el dinero y se lo dan directamente a un pájaro que apuesta desde Islas Caimán a que España va a ir como el culo. Eso es valentía. Lo mejor es que, paradójicamente, estas medidas y decisiones valientes son luego presentadas como medidas y decisiones valientes que no había más remedio que adoptar, porque no hay alternativa, porque esto es lo que hay, como las lentejas. O sea, y resumiendo, que no tenemos más remedio que ser valientes. La valentía va en el cargo. Como pasa con los árbitros, que ya lo dice el cántico: "Árbitro valiente, valiente...".

 

 8) El ánimo de los mercados. Los mercados son muy suyos, tienen un carácter cambiante e imprevisible. Asistimos a la evolución de su ánimo como Florentino a las ruedas de prensa de Mourinho, bastante acojonados. Siempre pendientes de agradarlos, nos podemos encontrar con frialdad en los mercados, entusiasmo en los mercados o indiferencia en los mercados, sin que sepamos muy bien qué teclas tocar. Son como un dios terrible, o como un niño cabrón. Haces todo lo posible por currártelos, pero al final estás expuesto a la lotería de sus emociones. Si Dios está de malas, puedes dar por hecho que te meterá con el rayo en la cabeza. Sabrás que tal cosa va a pasar cuando antes hay turbulencias en los mercados, señal de cabreo gordo de Nuestro Señor. Si Dios está de buenas, lo mismo te perdona en la vida. A veces hay suerte y hay una tregua en los mercados. Pero lo más normal es que haya inestabilidad en los mercados, nervios en los mercados, tensión en los mercados o incluso angustia en los mercados. Los mercados son carne de psiquiatra. Cuando se les ve así alteradillos lo mejor es tomar una medida valiente, tipo cargarte una prestación social, que funciona como un miorrelajante de acción central, causando inmediata tranquilidad en los mercados. Suele durar lo que el efecto de un Válium. Aún no se ha probado una terapia de choque, pese a que es obvio que los mercados están para que los encierren.

 9) Derrumbe tras derrumbe. Las Torres Gemelas se derrumbaron, fueron derrumbadas. Pero una y no más. Es decir, se derrumbaron una vez, que es el número de veces que se derrumban las cosas. A no ser, claro, que se construyan otra vez, que se levanten otra vez. Que se reconstruyan. Es decir, es técnicamente posible derrumbar dos veces la misma cosa si la derrumbas, la reconstruyes, levantándola de nuevo, y luego la derrumbas otra vez. Sólo en ese caso. Pero con la economía es distinto. Todo se puede derrumbar muchas veces, sin necesidad de reconstrucciones intermedias. La bolsa se derrumba y se derrumba una y otra vez, prácticamente cada semana, sin que consten repuntes intermedios. Igual que la economía, que de vez en vez se derrumba, o el empleo, que cada cierto tiempo se derrumba. Lo peor de lo peor de lo peor es cuando los mercados se derrumban y caen en la depre. Ahí ya sólo vale tomar medidas muy muy valientes, del tipo empujar a una vieja a la calzada justo cuando va a pasar un tráiler.

 10) Refundación del capitalismo. (Pinche el enlace)

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16 de diciembre de 2012 - 00:24 h