Lunes Santo

Decían en el informativo de Canal Sur del día de ayer, que esta semana, todos nos volvemos un poquito meteorólogos. No les voy a engañar, lo mío es afición, reconvertida en cierto atrevimiento para tener en cuenta lo que nos pasa por la cabeza, en múltiples sentidos. Pero para atrevimiento, la aprobación de proyectos que pudiera ocurrir no sirvan para aquello que fueron ideados.

Las isobaras, a diferencia de la anchura de los hechos, son dinámicas y ordenadas. Su evolución temporal se ha ido previendo gracias a la criba puramente empírica que el método científico ha permitido. Ensayo, prueba y error, si algo no vale, se deshecha, y a seguir experimentando con teorías más válidas. Es la comunidad científica, una suerte de red anclada en la fuerza de los hechos, la que hoy permite que sepamos desde el miércoles pasado que este Lunes Santo pase a la historia cofrade sin incidencias en el cielo.

Un cielo claro como el de ayer que tendrá en la de hoy y la de mañana, las tardes más calurosas de la Semana Santa 2015. Cielo raso sin más nubes a la vista que el posible velo traslúcido de algunos cirros formados al albur de unas isos de 15º C a finales de marzo. Tranquilidad atmosférica que deja lejos los horizontes propios de la época, con nubes de tormenta creciendo según rozamos el mediodía.

Las únicas nubes que se atisban en la presente Semana Santa, las que desde las prisas y la más tradicional chapuza hispana, dejarán intacta la Segunda Puerta aunque sea la cuarta. Una minucia de problema que muchos desconocen al no estar aireándose con la misma alegría que se hizo con el permiso exprés de Urbanismo. Un titular remolón donde antes había exaltación, una declaración con tono de mohín, de saberse embarcado en una nave, imposible de llegar a puerto, una tormenta esa, que aún está por estallar.

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30 de marzo de 2015 - 08:00 h
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