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Mención especial merece un grupo de aficionados a los toros. Mención especial porque lleva un cuarto de siglo detrás de un torero. Por algo será, claro. Mención especial porque conforma y define lo que es y debe ser el apoyo a algo o a alguien.

Se trata del Club Taurino Finito de Córdoba y su Tauromaquia. Un clan taurómaco que comanda desde su formación un señor de nombre Manuel Cuevas y que en todos estos años siempre ha defendido incasablemente a su torero.

Dicho club ha acompañado a su "titular" a todos los destinos, por remotos que hayan sido, donde el lidiador ha actuado. Estos aficionados y a la par devotos jamás han reprochado, incluso teniendo en ocasiones motivos, nada que no se pueda aplaudir.

Finito, de su lado, siempre ha reconocido a su estilo el apoyo que estos le han profesado. A veces, más comedido, pero anualmente cumplidor con ellos. El torero se siente arropado. Al diestro le gusta saber que su tauromaquia duerme en el colchón que este grupo de incondicionales posee.

Este club aúna a gentes de todo tipo. Aficionados a la Fiesta, en general, pero sobre todo, adictos al de El Arrecife. Viajar con ellos rejuvenece. En el autobús se respira un ambiente cálido de amistad y de coincidencia.

Cada uno ve al torero a su manera. Los comentarios, siempre en positivo para con él, ayudan a absorber kilómetros. Nadie despista un lance, nadie obvia un detalle. Escucharlos relaja.

Entre todos conforman una banda sonora taurinamente armónica. Eso sí, sólo Fino. Puro Fino. Su análisis de cualquier actuación del espada debería servir como libro de estilo para el perfecto manual de adeptos.

Siempre en positivo. De lo malo, lo bueno. Y de lo bueno, lo mejor. Su ilusión es incansable. Su destino, la historia. Este nutrido grupo de partidarios está haciendo historia. Como historia ha hecho su titular.

Finito es el toreo que mejor ha toreado desde que existen los Califas. Es el diestro que más seguidores de Córdoba ha movilizado en los últimos años. Pero la labor no ha sido sólo suya. Sin su club, su trayectoria no hubiera sido posible. Se entendería en otros términos.

Ayer, el torero regresó a Madrid. En el recuerdo, muchos destinos. Sobre todo, uno. El primer viaje a Las Ventas en Ave, cuando el tren aún era experimental. El club fletó un chárter que se llenó hasta la bandera. La ilusión de esa partida, aún sigue vive.

El club tiene ahora algunos socios de menos. Algunos partidarios han desaparecido. La vida se los ha llevado por unas circunstancias o por otras. Pero en el fondo, aún siguen montados en el "autobús del club". Su recuerdo, perdura, sus voces, en silencio, también se escuchan. Los presentes y los ausentes, al fin y al cabo, siguen siendo seguidores. Olé por ellos.

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24 de mayo de 2013 - 13:24 h
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