Cordobita

En verano, en inviero, en otoño o en primavera. Da igual la estación del año, da igual la temperatura y el clima, da igual. Lo que importa es el entorno, degustarlo con la mirada, saborearlo con la piel, olisquearlo con los sentidos, embeberse de todo aquello que supone cohabitar con otros en un sitio especial.

La sensación es única cada uno de los días que se experimenta. Pese a paracer rutinaria, significa en modo una regeneración en parte de un calado celularmente positivo para el organismo. No hay quien lo demuestre en ciencia, pero tampoco quien lo refute en práctica.

Se trata de un perfecto regalo divino apreciable únicamente por quienes se empeñan en permanecer mientras el contexto se afana en lo contrario. Las circunstancias no acompañan, pero sí el enclave, sí la localización. Sólo con eso, ya se explica el motivo por el que son muchos los que quieren vivir y pervivir en Córdoba.

A todo eso se le podría definir con un término que hace alusión a una tendencia. Llámese Cordobita, por favor. Ser cordobita es apreciar cada día el paso de peatones dando gracias por cruzarlo mientras te rodeas de cordobeses. Es saber valorar con regusto cómo sale el sol, cómo ilumina la sierra.

También supone ser hombre o mujer de costumbres. Apreciar el buen sabor de un café en el bar de toda la vida, en el que te conocen. De la misma manera, ser cordobita es no querer huir de la tierra que te ha visto nacer o que te ha acogido. Formar parte de esta tendencia conlleva criticar desde la seriedad para evitar la perversión de lo puro.

Ser cordobita es sentir satisfacción por saber que las abuelas de tu tierra son guapas, que las mujeres son bellas y que las jóvenes van a ser lo mismo que las abuelas. Ser cordobita es aplaudir la tradición y llorar por su ruptura. Es defender los valores que legaron los antiguos donde la convivencia se erigía como baluarte social.

Cordobita es el que añora una vez cruzado el límite fronterizo, el que compara en la distancia lo bueno de un lugar con lo magnífico de su tierra. El que siente que llega a Córdoba sin necesidad de que nadie se lo diga. Esta tendencia, que forma parte de una filosofía de vida anclada en la sociedad cordobesa, actúa como una droga. Una vez probada, engancha.

Llega el período vacacional (para algunos) y con él, el exabrupto cordobita. Disfrútese del tiempo libre, distráigase. Lea, mejor poesía; escuche, mejor música. Tonifique la mente. Desconecte, familiarice. Desee, ame, proponga, haga, sirva. Si se va, regrese. Córdoba tiene que seguir cargada de cordobitas. Por mucho tiempo. Y que no falte.

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19 de julio de 2013 - 10:30 h
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