Me postulo

Quiero ganar el premio con este artículo. Lo digo desde ya; no me escondo.

Se ha convocado el premio internacional de periodismo "Córdoba Gastronómica" dotado con 2.000 pavos en cada una de sus tres categorías: escrito, fotografía y audiovisual.

Me lo merezco y tengo mis razones:

Cordópolis es un medio digital escrito que da mucha importancia también a lo visual.

El nombre de este blog es Comicalla (un nombre cojonudo, no lo negarán).

Cocino habitualmente e invito a mis amigos a veces, no les cobro, no les engaño, no utilizo cebolla caramelizada, no adorno los platos con chorretones de vinagre de Módena para parecer más guay.

A veces escribo sobre las periferias de las cosas de comer y sus asuntos, aunque no tenga ni pajolera idea, pero disimulando.

No sé de vinos, ni de taninos, ni de añadas, ni de retrogustos, ni de redondeces en la boca, ni de recuerdos de frutas rojas y roble. Ahora bien; me gusta mucho beber vino y comer queso junto a mi prometida.

Me gusta escribir la palabra "chalota".

También me gustan los flamenquines que hace mi hermano con la técnica heredada de mi abuela y los que sirven en ese bar de Bujalance que no me acuerdo cómo se llama. Flamenquines bien hechos, con su envoltura justa, con tiras de jamón decente entre el filete de lomo abierto como un libro y luego enrollado. No flamenKingnes gigantes de Guinness (he aquí una aliteración de sibilantes alveolares, no seré un gran ilustrado, pero tengo estudios); porque el tamaño no importa, todas mis novias me lo han dicho desde siempre y lo que dicen mis novias va a misa, aunque yo no vaya a misa porque no te dejan fumar, me aburro y las obleas son insípidas.

Me gustan los bares de barrio con una carta pequeña y eterna, donde sirven callos, carne con tomate o boquerones fritos o bacalao y pare usted de contar. Bares que no llevan el sufijo "gastro" ni delante ni detrás.

Me gustan los platos blancos y no las pizarras con chorradas encima. Me gustan los platos llenos, no los que llevan la comidita de colorines chiquita y dispersa como si fuera un archipiélago en medio de un océano de nada.

En fin, que creo que merezco el premio. Y que quiero los 2.000 euros (excepto el bocado que se queden de Guindos y Montoro) y que no tengo ninguna intención "buenista" de donarlo a ninguna causa noble o innoble.

Quiero gastarme la pasta en las tiendas de mi barrio, en las fruterías, en la carnicería, en la pescadería y comprar tiestos para poner albahaca en mi terraza y hierbabuena y cebollino.

Me merezco el premio y, si no me lo dan, lo consideraré un tongo, una injusticia y una gastrovileza infame como tantas otras gastrofantasmadas que nos están rodeando. Ea.

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12 de octubre de 2014 - 03:00 h