Nihilismo

En este puente de nuestra Santa Constitución cuyo arco, cuyo ojo, llega hasta el día de la Inmaculada no voy a hacer nada.

No voy a pensar en la Constitución ni en sus enmiendas posibles ni en su laxo artículo sobre la aconfesionalidad del Estado, ni en la inexistente posibilidad de blasfemia ni en el derecho a una vivienda digna que tumban desde un Tribunal.

No. No voy a hablar de "los Padres de la Constitución", muertos o vivos, sueltos o sujetos a la Justicia. Ni siquiera voy a hablar de mi padre recogiendo del buzón aquel ejemplar sin saber qué era. No hablaré ni de Carrillo, ni de Suárez ni de Gutiérrez Mellado, ni de la Anatomía de un Instante de Javier Cercas. De todo eso no hablaré.

Tampoco de mi amiga Inma ni de la Concepción sin mácula, ni de las nuevas familias monoparentales, ni de Jairo, el hijo de mi amiga soltera y sin pareja, que es muy guapo y cumple ahora y al que le contaremos cómo fue su primer año. O no.

Ni siquiera voy a hablar de Mark Chapman, el tipo que hace cuarenta años le soltó cinco balazos desde un revólver del 38 a un tal John Lennon, un cantante de éxito, a la salida de su apartamento en Manhattan, frente a un parque famoso, porque son cosas que pasaron y pueden pasar.

No cuento nada de eso porque enfrento este puente desde la nada que es, sin embargo, un todo como la "Nada", de Carmen Laforet, donde todo lo contó, o como aquel "¿Qué importa?" que movía a los personajes de Chéjov.

No hagan nada en este puente. No hagan nada en Navidad.

Porque todo puede pasar.

Lo dice un tipo que no hace nada y le va así (en italiano cosí)No hacer nada y ser feliz. De alguna manera.

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Publicado el
5 de diciembre de 2020 - 20:01 h
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