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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Un helado de limón

Un helado | PIXABAY

Juan José Fernández Palomo

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El final de mayo siempre es una buena fecha para tomar un buen helado. A pesar de los rigores del cambio climático yo lo sigo considerando el periodo ideal para cambiar el olor a gofre de franquicia, la churrería de madrugada y la megafonía de la hamburguesa, que huele más por la oreja que por la nariz; lo cual la convierte en una sinestesia. Qué cosas.

Así que procuro huir de ferias y verbenas y me voy a Castel Gandolfo, a orillas del lago Albano, no muy lejos de Roma y también cerca del mar.

Voy a comer helado. Concretamente un simple “gelato al limon”, como canta Paolo Conte.

Es muy bueno el de la pasticceria e gelateria “I Tre Papaveri”, una heladería artesanal que sirve a los Papas en su residencia veraniega cercana, la de los Castelli. No se puede fallar ahí.

El nombre de la heladería no es casual. Es la de los “Tres Papas”: Urbano VII, Pío XII y Pablo VI que cascaron allí, de vacaciones.

No hay mayor vacación para un Papa que la muerte (y un helado).

Benedicto XVI, como Papa emérito, residió allí, en Castel Gandolfo durante sus últimos años pero, al final, se trasladó a una residencia anexa a la Basílica de San Pedro para diñarla. Huyó del helado artesanal.

Me llevo la primera cucharada de helado del verano a la boca y no sé si dejo una etapa o si me enfrento a otra, más corta. Siempre es corto el verano, dice el niño.

“No se te ocurra tomar ese helado”, intento decirle al papa Francesco en vacaciones, “sos argentino, tomá dulce de leche, no jodás”.

No sé. No sé si me ha oído. Ni si me hace caso.

Me da igual. Solo me importas tú. Y el primer helado.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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