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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Geografía

Imagen que acompaña al post.

Juan José Fernández Palomo

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Me gusta mucho la geografía, lo reconozco. Es un invento humano maravilloso y a mí nada humano me es ajeno.

Sé que las fronteras son convenciones. Hasta ahí llego. Sé que un atlas es el regalo que un padre le hace a un hijo y es el que antes se pasa de moda. Mi padre me regaló uno justo antes de que estallara la guerra en Los Balcanes y aquellos mapas se fueron a tomar por saco. Por no hablar de África y sus abisinias y sus congos y sus zaires y sus cosas mutables.

Sin embargo, yo hubiera sido un cartógrafo apañado. Me hubiese gustado estar en el puente de mando de un navío con un compás y un catalejo y un papel enorme, una carta, y hubiese dicho con gran seguridad “esto es un delta”, “esto es un atolón”, “esto es un cabo”, “esto es otra cosa, otro accidente, ya me inventaré un nombre para él…”

Seguiría la estela de los Ptolomeos, Mercatos, Américos Vespucio, Herodotos, Hiparcos, Juan de la Cosa… Gente de importancia todos. Gente que inventó la Tierra.

Es mejor inventar la Tierra que soportarla. Aceptar sus lindes. Que se lo digan a quienes se atreven a desafiar a esas convenciones, a saltárselas.

Yo ahora veo la cartografía en la carnicería de mi barrio. Veo el cartel con los cortes del cerdo y veo el mapa de los Estados Unidos de América.

Veo la presa y es Seattle, al noroeste; me fijo en la panceta y me sitúo en Kansas. La península del rabo, al sureste, es Florida. Texas es una enorme panceta. Delaware y Maryland son la parte magra del jamón.

Oregón es la oreja y California, más al sur, es la papada.

Viajo por el cochino y, claro, pago un peaje por ello.

Creo, sinceramente, que con un poco de voluntad por parte de los lectores, esta metáfora pelín majareta puede funcionar.

Ahí lo dejo.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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