Chucherías amargas

Me contaron que para un final de relación, de cuyo nombre no quiero acordarme, el argumento con mayor peso para abandonar aquello era una simple cuestión: ¿hasta cuándo vamos a estar alargando el chicle?

Una frase que podría ser el título de una canción de Camela (y, sin duda, representarnos en Eurovisión) sirvió para poner punto y final a una etapilla y, ya de paso, para sacar una nueva teoría: las relaciones son como las chucherías.

Así de primeras no es que resulte muy bonito comparar los sentimientos y tal y cual (y Pascual) con un chicle, pero piénsenlo.

Hay muchas relaciones chicle, empiezan con un sabor muy potente, tan intenso y enfermizo que puede llegar a hacer estornudar, y se va perdiendo poco a poco… A veces a toda velocidad y uno sabe que debe cambiar de chicle cuanto antes y otras sin que el consumidor se percate de que sólo mastica plástico y nada más.

En un principio no pensados para ser compartidos (ehem) y disponibles en infinidad de tamaños, colores y sabores (hay dulces, refrescantes e incluso picantes, válgame), al final todos los chicles terminan de dos maneras: o destruidos en pequeños cachitos en la boca (no sé por qué pasa esto pero a menudo resulta complicado retirar los restos de entre los dientes) o duros hasta el punto de que hacen daño en la mandíbula de tanto masticar.

Pues eso, como muchos "enamoramientos".

Pero no sólo pueden parecerse a los chicles. Hay relaciones de piruleta, tan cuquis y romanticonas, una variante algo más tosca y duradera de chupa chups, ese gran orgullo patrio junto a la fregona (somos la cremita), de caramelos de miel, empalagosas como ellas solas, o de peta zetas, picantonas, poco saludables y en las que sin una herramienta adecuada es imposible acceder hasta el fondo del asunto para gozarte todo el pica pica.

Más variantes. Están las de ositos de gominola, tan tiernas ellas y tan exageradamente parecidas (para mí que todos tienen el mismo sabor pese a que los cataloguen con frutas diferentes), de caramelos Drácula, sólo aptas para melómanos que se pasen el día hablando de lo brutales que fueron todas las cosas ocurridas en los 80 y 90, o los enamoramientos de regaliz negro, que parecen diferentes al resto y dejan un regusto amargo.

Sobre todo en verano, están los noviazgos polo flashpolo flash, tan dulces como fríos. Me consta que esa barra de líquido congelado de colores estridentes y sabores locos (también conocida como la versión barata del Calipo) no se denomina igual en toda la geografía española (ruego hagamos un Top5 amigos) pero se dé dónde se dé esta relación, uno tiene que andarse con ojo de no rajarse vivo las comisuras de la boca. No me malinterpretéis (que también), me refiero a esas relaciones con un doble filo mortal. Refrescantes pero arriesgadas (Consumo, a ver si miramos a cuento de qué coño podemos hacernos una sonrisa de Joker con una chuchería).

Y luego hay chuches que no cansan, sientan bien y cada nuevo mordisco sabe a gloria.

Busques la que busques, te toque la que te toque o ansíes la que ansíes, recuerda siemprelavarte bien los dientes

entre una y otra para no mezclar sabores.

https://www.youtube.com/watch?v=XQmBXEZEYtg

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28 de enero de 2014 - 08:00 h