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Cosfera: “Nuestro proyecto es una excusa para hacer lo que nos da la gana”

Antonio, Pilar y Miguel son Cosfera | MADERO CUBERO

Miguel Ángel Calero, Pilar Manrique y Antonio Fernández son Cosfera, el primer centro de coworking de Córdoba. Bueno, ellos tres son sus impulsores. Porque Cosfera (Córdoba, 2012) son en realidad las seis decenas de emprendedores, empresarios y autónomos que cada día usan ese espacio abierto y sin paredes que es la gran sede del centro de Córdoba. Allí nos reciben los tres un viernes por la tarde, día de Santiago. Además de los padres de la criatura, un cosférico trabaja en su puesto. En un día normal, el bullicio del sonido de los teclados, las conversaciones en las salas de reunión, las consultas y las respuestas, lo ocuparían todo.

Pero hoy, en una Cosfera para nosotros solos, Calero, Manrique y Fernández obedecen sin rechistar las órdenes del fotógrafo. En una de las imágenes, asoman por distintos recuadros dibujados por los anaqueles de una estantería. A uno de ellos le recuerda el principio de la serie La tribu de los Brady, icono algo empalagoso del optimismo de los años sesenta americanos. A todos les hace gracia. Y a este redactor le surge la primera pregunta al hilo de ese comentario, rodeado del coro de risas alegres de los tres.

PREGUNTA. ¿Hay un punto Brady en Cosfera? Optimismo, buen rollo, inocencia...

MIGUEL ÁNGEL CALERO. Un punto inocente, sí, mucho.

ANTONIO FERNÁNDEZ. Hoy en día lo que hace falta es optimismo y eso sí que lo teníamos desde el principio. Lo que queríamos es que el ambiente que se respirase en Cosfera fuese optimista y de hecho no hay ni que decirlo ni mencionarlo pero cuando alguien viene y tiene un talante o una forma de ser que no es optimista o alegre, a ésa persona le cuesta más trabajo integrarse. Porque la gente lo que prefiere es trabajar a gusto con gente que tenga una sonrisa para ti. Porque eso es siempre mucho más motivante para el día a día.

M.Á.C. Yo creo que, de hecho, Cosfera nace precisamente porque empezamos a juntarnos o a quedar para que la gente se subiese a la primera sede, arriba en el chalet del Brillante, cuando todavía estábamos allí. Y la gente te decía, mira a mí me gustaría estar en un contexto en el que la gente se lo pasa bien; o al menos, que tenga cosas interesantes que decir, proyectos interesantes. Nacemos un poco con esa idea: este es nuestro oasis de felicidad -llámala empresarial, si quieres- y lo que queremos es rodearnos de gente que tenga ese puntito de optimismo. Obviamente todos tenemos las cuentas en el banco, las pólizas de crédito, Hacienda somos todos... (risas) No vamos a negar eso, pero también es cierto que cuando te levantas por la mañana tienes dos opciones: o sentir que el mundo está en tu contra o decirte vamos a vivir con alegría el día, que hay mucho tiempo por delante y muchas cosas buenas por hacer.

Este es nuestro oasis de felicidad

P. Pero Cosfera nace en plena crisis económica, en el momento menos optimista de este país en muchos, muchos años.

PILAR MANRIQUE. Para Cosfera la crisis ha sido una oportunidad. O al menos así es como creo que lo hemos vivido. Hemos sido unos pocos locos que queríamos encontrar esas oportunidades que parece que se estaban negando y descubrir que en Córdoba no todo era tan negativo como parecía que nos estaban vendiendo.

P. ¿Y qué habéis encontrado?

P. M. Pues que en Córdoba se están haciendo muchas cosas, que hay personas que se están currando su día a día y sus proyectos de una manera brutal.

M. Á. C. Y con éxito.

P. Es verdad, además con éxito.

A. F. Hay una frase que circula por ahí que me gusta mucho: “Yo quiero ser el Pancho de Verano Azul”. Es decir, yo me quiero quedar en Nerja, no me quiero ir a Madrid después de las vacaciones. Y en nuestro caso eso significa que me quiero quedar en Córdoba.

P. Lo que no sé es cómo le va a Pancho ahora...

A. F. (Risas). Básicamente era esa la idea: no hay por qué irse. Muchos deciden quedarse en Córdoba cuando ven que hay gente que ha hecho cosas antes. Eso inspira y motiva. Y nuestra primera fase fue buscar ese tipo de cosas que estaban pasando y que funcionaban.

P. M. Y sobre todo, buscar una manera diferente de hacer las cosas también. Es verdad que la crisis estaba ahí y está ahí pero también es cierto que todos nos hemos empeñado en hacer las cosas de la misma manera y eso no puede ser. La crisis lo que está demostrando es que es necesario cambiar la manera de hacer las cosas. Con ese pensamiento en la cabeza, la crisis se convierte más en una oportunidad que en algo negativo.

M. Á. C. De hecho, en nuestra primera jelly [reuniones donde se exponen experiencias de emprendedores contadas por ellos mismos] nos encontramos con la gente de El Arsenal. Y luego llamamos a unos tíos que estaban montando un periódico y les invitamos para que vivieran a contárnoslo [aquí hace referencia al equipo de CORDÓPOLIS, que acudió en invierno de 2012]. Es decir, una de las cosas que teníamos -y de hecho yo creo que ha sido el leivmotiv nuestro- ha sido encontrar gente que está haciendo las cosas de forma distinta, echándole ilusión. Luego ya nos pelearemos con ellos para saber si su proyecto es escalable, sostenible... Pero sobre todo nos interesaban esas personas que son capaces de hacer cosas y de cambiar un poco lo que está pasando a su alrededor.

P. M. Y evidentemente,otra historia son las peleas y luchas que todos tenemos en el día a día para conseguir que económicamente un proyecto funcione y nos permita sobrevivir. Pero el punto clave es hacer las cosas de una forma distinta. Y se puede tirar para adelante para hacer muchas cosas.

No hay por qué irse. Muchos deciden quedarse en Córdoba cuando ven que hay gente que ha hecho cosas antes. Eso inspira y motiva

P. Bueno... Y ahora explicadme, realmente, ¿qué es un espacio de coworking y qué sentido económico tiene?

A. F. Dentro de la filosofía del coworking se está implantando cada vez más la línea de pensamiento del emprendimiento social: entender que no todo tiene un retorno económico en el día a día o directamente en tu negocio; sino que existe otro tipo de retorno que también es importante, interesante y que en su componente social. Eso forma parte de esa idea que comentaba antes y que persigue que la gente se quede en Córdoba, que no se vaya.

P. ¿Entonces os identificáis con el emprendimiento social?

A. R. En parte sí, no todo en el coworking es retorno económico ni mucho menos.

M. Á. C. En realidad Cosfera es una excusa para hacer lo que nos da la gana.

P. Ya me has dado el titular.

M. Á. C. (Risas) Pero es verdad, en realidad es justo eso. Desde el principio intentamos generar un ecosistema, un entorno de gente que nos permitiese hacer las cosas que nos gustan, hacerlas desde Córdoba, desde Andalucía y disfrutar haciéndolas. Eso, obviamente, tiene un componente económico que está ahí porque hay que pagar la estructura que se crea. Cosfera es una base en la que están pasando muchas cosas y que nos permite explorar muchos caminos. A día de hoy, a nadie le extraña nada de lo que hacemos aquí. Eso es fantástico y nos da una libertad asombrosa, permitiéndonos explorar otras líneas de negocio. Tenemos más caminos que van surgiendo en paralelo a Cosfera, desde nosotros mismos u otra gente del espacio.

La crisis lo que está demostrando es que es necesario cambiar la manera de hacer las cosas. Con ese pensamiento en la cabeza, la crisis se convierte más en una oportunidad que en algo negativo

P. A día de hoy dices que nadie se extraña lo que estáis haciendo aquí. ¿Significa que cuando empezasteis la cosa era distinta y la gente no entendía muy bien lo que pasaba?

M. Á. C. No, significa que cuando ahora decimos, por ejemplo, vamos a hacer un espacio maker a nadie se le quedan ya los ojos como platos, sino que preguntan simplemente qué es eso. Antes, solo se reían de este tipo de palabras o exclamaban qué raro sonaba todo. Eso te permite ir a cualquier sitio y plantear cosas como una aceleradora de empresas de base tecnológica sin que te miren como si estuvieses loco.

P. A. O pones en facebook que vas a hacer una sesión de automatización de procesos usando IFTTT. Al principio todo eran caras raras o silencio. ¡Y ahora la gente le da al me gusta!

M. Á. C. La sociedad ha cambiado y nosotros queremos pensar que quizás hemos sido en parte responsables de que a nivel local ese cambio se haya acelerado. En estos dos años, desde luego somos los que más raro hemos hablado. Pero al final hacemos las cosas. No anunciamos algo cuando lo proyectamos, sino cuando lo hemos hecho. Esa es otra de nuestras máximas.

Sobre todo nos interesan esas personas que son capaces de hacer cosas y de cambiar un poco lo que está pasando a su alrededor

P. A. De hecho, Cosfera se hizo pública cuando ya había gente trabajando allí, cuando ya era un espacio de mucha gente trabajando y cooperando juntos.

P. ¿Os inspirasteis en algún modelo para crear Cosfera o surgió así?

A. F. En realidad lo que pasó es que nos dimos cuenta de que lo que estábamos haciendo tenía un nombre, que lo que nos estaba pasando a nosotros de querer trabajar intercontectados con otros y compartiendo espacios con otros, estaba pasando en otros sitios. Y que eso se llamaba coworking. Un fenómeno que estaba creciendo de forma exponencial. La primera conferencia de este tipo de espacios a la que fuimos tiene poco que ver con las de ahora porque está cambiando constantemente su filosofía. A nivel español, europeo y hasta cierto punto internacional creo que formamos parte del germen de algo que ha nacido y que se está implantando y creciendo en todo el mundo.

M. Á. C. A día de hoy Cosfera es un referente a nivel nacional. Somos de los espacios que más coworkers tiene, de los que más impacta a nivel local. Ese es uno de nuestros valores: queremos impactar a nivel local; queremos hacer que las cosas cambien. Y ahora en las conferencias, aunque seguimos aprendiendo, ya somos de los que, sobre todo, aportamos.

P. A. Es que somos de los más veteranos en España.

P. ¿Tenéis coworkers que os acompañan desde el principio?

A. F. Sí. Pero también hay gente que empezó con nosotros pero su proyecto ya encontró un camino propio por varias razones, porque han crecido, porque son más gente...

P. Pero siempre os empeñáis en que no se os identifique como un vivero de empresas.

A. F. Es que no lo somos. De hecho, muchas de las empresas que están aquí son proyectos consolidados de gente que estaba acostumbrada a trabajar de una determinada manera pero le apeteció comenzar a trabajar de otra. Y se vino. Lo que nosotros decimos, en definitiva es que, al menos, hay que probar a trabajar de esta manera para saber exactamente lo que es.

La sociedad ha cambiado y nosotros queremos pensar que quizás hemos sido en parte responsables de que a nivel local ese cambio se haya acelerado

P. ¿Cualquier tipo de empresa encaja en un espacio de Cosfera?

M. Á. C. Nosotros a todo el mundo le decimos, vente 15 días y vemos cómo funcionas y cómo funcionamos todos.

P. ¿Pero cuál es el perfil tipo del cosférico estándar?

P. A. Es que, como te decíamos antes, la comunidad ha crecido mucho y hay un perfil muy diferente. Tenemos gente que trabaja con Estados Unidos, con India.

P. ¿Pero qué tipo de negocios predominan?

M. Á. C. Es que somos sesenta. Pero a ver, lo importante es que Cosfera te permite crear relaciones de confianza y nosotros provocamos que esas cosas pasen.

P. ¿El coworking ha llegado para quedarse?

A. F. Pensamos que sí, pero el futuro es lo que lo dirá. Es cierto que tendemos a pensar y repetir siempre que nos tienen que dar un trabajo, nos tienen que dar trabajo, nos tienen que dar trabajo. Pero siempre decimos que llega un momento en el que eres tú el que te tienes que buscar tu propio trabajo y los espacios de coworking son sitios esenciales para eso; para que eches a andar tu proyecto porque hay gente que está como tú.

M. Á. C. Hace poco, en Berlín, en París, no se hablaba de este tema, de si el coworking había venido o no para quedarse. Y tal y como está evolucionando el mundo laboral, lo lógico es que poco a poco dejemos de tener edificios de oficinas y empecemos a tener algo parecido a esto.

P. ¿Cómo predicar las bondades del emprendimiento cuando el paro es tan alto y cuando vivimos en una sociedad con una mentalidad tradicionalmente asalariada?

M. Á. C. El coworking forma parte de una tendencia que busca compartir recursos de una manera más eficiente. Eso también forma parte de roturas de estándares sociales con base tecnológica que nos permite estar hiperconectados y prescindir de más y más mano de obra por la automatización de algunos procesos. Hablo de cosas que parecían imposible hace unos años pero que ya no lo son, como los coches que conducen solos. Imagina lo que puede pasar con los taxistas, los conductores de autobús... Y lo que puede pasar con sus divisiones administrativas.

P. Como en el siglo XIX.

M. Á. C.. Pero si lo comparamos con la revolución industrial del XIX veremos que aquella ocurrió al paso de varias generaciones. Y ahora, en cambio, está llegando toda de golpe y son las mismas personas de una misma generación las que van a tener que cambiar. Y nuestras estructuras no están preparadas para eso: ni los políticos ni los gobiernos ni las instituciones financieras ni la banca ni nuestra propia estructura social está preparada para ese cambio. La gran pregunta es qué vamos a hacer para, en las próximas tres décadas, poder convivir con cifras de paro muy alta de forma estable. Eso está pasando en todo el mundo.

P. Eso es un problema.

M. Á. C. Tenemos un problema, pero también muchas oportunidades. Y los grandes cambios que va a haber en los próximos años llegarán por cambios brutales en la educación. El problema es ver cómo enganchar a toda esa gente. Porque hay campos en los que sigue haciendo falta gente. En Córdoba faltan desarrolladores, faltan diseñadores, gente de markting. Hay nichos de trabajo con mucho recorrido que es cierto que exigen cierta mentalidad, cierta formación, pero no tanta. Solo con ciertas bases sólidas ya se puede avanzar.

Llega un momento en el que eres tú el que te tienes que buscar tu propio trabajo y los espacios de coworking son sitios esenciales para eso

P. ¿Se puede reciclar gente ya formada?

P. A. Las personas han de tener unas habilidades que van más allá de la formación: la capacidad de adaptación y de aprendizaje.

A. F. Eso es que más se va a buscar los próximos años, la capacidad de de aprendizaje rápida y cambiante, Google no quiere currículos sino personas. ¿Qué quieres hacer y qué sabes hacer? Hoy ser un friki puede ser una oportunidad. Yo tengo una amiga arquitecto que estaba diseñando una mansión para un videojuego de zombis, por ejemplo.

P. ¿Seguís siendo optimistas?

P. A. Tres años después seguimos aquí, no tenemos ningún motivo para no seguir siéndolo.

P. Y cómo os veis dentro de tres años.

A. F. Nos gustaría seguir haciendo lo que nos gusta.

P. A. Y seguir igual de contentos.

M. Á. C. Eso sería un gran indicador.

Las personas han de tener unas habilidades que van más allá de la formación: la capacidad de adaptación y de aprendizaje

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