Rodri Ríos y la sonrisa recuperada de un goleador

Rodri en el Córdoba - Nástic (2-0) en El Arcángel | LARREA
El doblete ante el Nástic coloca al soriano con cuatro dianas y le reafirma como referencia en el ataque de un Córdoba efervescente

Las cosas, como son. Su fichaje no levantó olas de entusiasmo en el cordobesismo. La pérdida del tridente -Florin, Fidel y Xisco, con sus 43 goles- y la reestructuración bajo el signo del low cost favorecían el clásico clima de dudas de pretemporada. Que esa sensación de inquietud se vaya disipando tiene una de sus grandes explicaones en la figura de Rodri Ríos. El Córdoba llevaba mucho tiempo peleando por él. Lo intentó el curso pasado, pero el delantero acabó fichando por el Real Valladolid. En Pucela firmó cuatro goles en 34 encuentros. Los mismos que ahora acumula con el Córdoba en siete partidos. Es el máximo goleador, ha cerrado el nefasto capítulo de su paso por Alemania -estuvo en el TSV 1860 Múnich sin acoplarse jamás- y ahora es un hombre nuevo. Rodri vuelve a sonreír y en El Arcángel se corea su nombre. Se lo está ganando a pulso del mejor modo posible: dando volteretas en el aire, como un acróbata, mientras el portero rival saca la pelota del fondo de la red. Así festeja los goles un jugador peculiar, que siempre fue más un facilitador que un finalizador. En el Córdoba le toca hacer de todo un poco. Y no le va mal.

“Ojalá siga así y siempre marque de dos en dos”, bromeaba el soriano ante los periodistas en la zona mixta. Su anterior doblete lo protagonizó frente al Lugo y el Córdoba no consiguió ganar (3-3). Esta vez la satisfacción fue plena. “Cuando el equipo está como está ahora, que todo sale bien y hay pocos errores, en lo personal todos estamos bien”, argumentó. A sus 26 años, Rodri tiene mucho que decir después de una trayectoria deportiva singular. Aquel chaval criado en Dos Hermanas que deslumbró en el filial del Sevilla y debutó en el primer equipo cuando en Nervión entraban en la edad de oro es hoy un futbolista al que le quedan preguntas por contestar como profesional. Pasó por el filial del Barça y luego le cedieron al Sheffield, el Zaragoza y el Almería. Su irregular desempeño -sólo destacó en el cuadro rojiblanco andaluz, donde marcó 8 goles en 27 partidos- hizo que el club catalán se desprendiera de él. Lo vendió al Múnich 1860, donde no cuajó. Este verano volvió a la capital de Alemania con la idea de irse. El Córdoba lo sabía. Esperó su momento y lo fichó cuando estaba libre.

Ahora, tras cuatro goles con su firma, Rodri levanta el vuelo. “La marca de la temporada pasada estoy seguro de que la voy a superar con el trabajo de todos y el mío”, reconoció tras la victoria ante el Nástic, tercera consecutiva de un Córdoba que está “con la confianza por las nubes”. Ahora le toca reivindicarse de nuevo en una plaza complicada: La Romareda. Allí estuvo defendiendo los colores del Zaragoza en 2013, prestado por el Barcelona. El antiguo hogar será ahora terreno hostil. El fútbol.

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