Nico, Pedrito, Butarque y los títulos de los pobres

El Córdoba que se salvó en Butarque y descendió al Leganés en 2004 | MADERO CUBERO
El Córdoba logró la salvación en la última jornada de la Liga 2003-04 ganando por 0-1 al Leganés| El gol del uruguayo Olivera mandó a los madrileños a Segunda B

Qué tiempos aquéllos. Si a cualquiera de los cientos de cordobesistas que se desplazaron a Leganés en la jornada 42 de la Liga 2003-04 le cuentan que un día verían a su equipo en Primera División, seguramente hubieran pedido de inmediato la prueba de alcoholemia a su interlocutor o, directamente, le habrían recomendado acudir a un buen psiquiatra. Las alegrías de la afición blanquiverde las provocaban, por entonces, otros logros deportivos: ascensos desde Segunda B y salvaciones milagrosas en la última jornada, mayormente. Para el Córdoba de aquellos años, el mayor placer era terminar con el dolor y celebrar la vida tras ver muy cerca el final. La gente era feliz con muy poco. Agarrar cuanto antes sus cincuenta puntos, ver dos o tres partiditos decentes y pasarlo de escándalo en los desplazamientos. Y cada verano, otro proyecto. Un nuevo desembarco de fichajes -pagando lo que no hay en los escritos-, un entrenador que duraba sólo unos meses y algún chiquillo de la cantera que despuntaba antes de que le enviaran a algún lugar del que no volviera jamás.

Así era el Córdoba, que como cada año se metió en problemas por su propio pie. Después de una temporada caótica en Segunda, se plantó en la última jornada con una tesitura compleja. Debía ganar su partido en Butarque para no depender de nadie y salvar el pellejo. Su rival, el Leganés, estaba en las mismas. Perder le llevaba al descenso. Los fieles aficionados cordobesistas montaron una caravana de autobuses y coches para invadir el estadio madrileño, ávidos de revivir las increíbles sensaciones del año anterior en Getafe. Allí respiraron con un gol de Ariel Montenegro. Ante la escuadra pepinera, el héroe de la tarde fue Nicolás Andrés Olivera. El uruguayo fue el autor del gol al filo del descanso, colocando aires de fiesta a un curso cochambroso en lo deportivo y lo económico, con tres entrenadores (Castro Santos, Miguel Ángel Portugal y Pedro Sánchez) y una treintena de jugadores en la órbita del primer equipo.

El Córdoba presentó en aquella jornada un equipo compuesto por Jauregi, Larrainzar, Ramón (Fleurquin, 67'), Juanmi, Berruet, Soria, Txiki (López Ramos, 89'), Ariel Montenegro, Pablo Sierra, Nico Olivera (Pablo Villa, 80') y Silvio González. El meta Valero, Ángel, George, Javi Gracia y Platero lo vieron desde el banquillo. Aquel triunfo mandó al Leganés a Segunda B, donde estuvo penando toda una década. Hasta que volvió el año pasado a Segunda A y cuajó una extraordinaria campaña. Se salvó con holgura y ahora quiere imitar a sus vecinos de Getafe. El sábado disputará su primer partido al calor del hogar y lo hará, caprichos del destino, ante el club que lo mandó al descenso hace once años. De aquella época apenas queda nadie. En el Córdoba, algunos empleados como el incombustible José Pedraza Pepillo. Y también bastantes aficionados que estuvieron allí y que el sábado volverán al escenario de aquel episodio singular.

¿Y qué fue de los protagonistas de aquella salvación? Nicolás Olivera, a sus 37 años, sigue en activo defendiendo al Defensor Sporting de Uruguay, el club del que despegó un día siendo Balón de Oro en el Mundial Sub-20 de Malasia 97 para jugar en el Valencia y Sevilla antes de llegar como fichaje estelar del Córdoba. A su lado, tiene a un compatriota, Andrés Fleurquin, que con 40 años cumplidos sigue en la plantilla del Defensor. Los dos uruguayos son los únicos que continúan jugando como profesionales a día de hoy. Este verano se retiró el argentino Pulpo González, con 35 años, tras pasar por el Águilas Doradas de Colombia.

¿Y el técnico? Pedro Sánchez Pedraza, conocido como Pedrito, puede presumir de contar con un expediente perfecto en el primer equipo del Córdoba. Le reclutaron para sustituir a Portugal, que estuvo 30 jornadas en el cargo y fue despedido tras sumar una sola victoria en catorce partidos. Hacía falta ganar los dos últimos, ante Elche y Leganés, y así ocurrió. 1-0 y 0-1. Seis puntos y salvación. Pedrito no volvió a entrenar al Córdoba. Retornó a equipos modestos de la provincia y al deporte de formación en el Colegio Franciscanos, donde es profesor. El pasado fin de semana estuvo en Vista Alegre viendo jugar a su hijo, que con el nombre de Koeman es uno de los puntales del Automatismos Itea, conjunto representativo de la capital en la Segunda B de fútbol sala.

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