De la costa al interior: las ‘huidas’ del calor estival del Córdoba

Imagen del Hotel Barceló Montecastillo | BARCELÓ MONTECASTILLO

Poco importa si sopla la brisa o acompaña un aire más propio de campo. Lo básico es esquivar las altas temperaturas del verano cordobés. Ya no sólo por la comodidad en el descanso entre jornada y jornada de trabajo sino por la idoneidad meteorológica en relación a lo que corresponde hacer. Sobre todo cuando la tarea se encara de manera mucho más intensa que de costumbre. Porque la pretemporada es el período en que los cuerpos técnicos exigen mayor carga física a los jugadores. De ahí que en casos como el del Córdoba resulte esencial encontrar un lugar adecuado para las prácticas sobre el césped -o en otro terreno-. Tal es la razón por la que el club cierra no sólo un stage sino dos para su primer equipo, que va a estar dos semanas, no consecutivas, lejos del calor de la ciudad. Entre la costa y el interior, para que haya de todo.

Tal y como se conoció, el conjunto blanquiverde va a acudir en período estival, aunque más tarde de lo habitual, a Torrox y Jerez de la Frontera. La plantilla dirigida por Juan Sabas se va a concentrar, en concreto, en El Morche, zona costera de la mencionada localidad malagueña, a finales de agosto y en el complejo Montecastillo en la segunda de septiembre. De esta forma, la entidad pretende facilitar la labor de preparación de la próxima temporada, en la que el cuadro califal tiene el objetivo ineludible del retorno al fútbol profesional -esto es a Segunda A-. Resulta llamativo no tanto que se produzca un doble stage, menos aún porque lo adelantó el consejero delegado del club, Javier González Calvo, sino que se realice en ambientes tan dispares.

Desde que el Córdoba, bajo la presidencia de Rafael Gómez especialmente, escogiera zonas del norte de España de montaña principalmente, la planificación en este sentido varió bastante. A lo largo de las últimas décadas fue casi siempre un destino costero el elegido para la semana de trabajo fuera de la ciudad. No sólo en un municipio bañado por el mar, también muy cerca de éste y con entrenamientos incluso en la arena. Pero la dinámica sufrió otro ligero cambio durante los más recientes años, en los que se dio menos prioridad a la playa que al interior. Como ejemplo se encuentra el precedente más cercano en el tiempo, que corresponde a 2018. Entonces, el Córdoba acudió en primer lugar a Los Ángeles de San Rafael, en Segovia, y después al ya archiconocido Hotel Montecastillo de Jerez de la Frontera.

El interior se convirtió en escenario más frecuente desde 2015, cuando el Córdoba fue a Orihuela. Cierto es que la concentración se desarrolló en zona del Levante español pero se escogió una localidad ligeramente alejada de la costa -como ocurre con Jerez de la Frontera-. Un año después la separación del mar fue llevada al extremo, ya que incluso se puso tierra de por medio con España. En 2016 el cuadro califal completó un histórico stage en el extranjero, con alojamiento y trabajo en la ciudad neerlandesa de Hoevelaken. La tendencia continuó en 2017. Entonces, el conjunto blanquiverde, aún bajo la propiedad de Carlos González, optó otro lugar que no fuera de playa. Aunque estuvo de nuevo a un puñado de kilómetros de ella al realizar su concentración en el municipio malagueño de Benahavís.

La variación en el modelo de planificación fue total, sobre todo si se tiene en cuenta el registro de los anteriores cinco años. Entre 2010 y 2014, el Córdoba siempre se instaló en zonas costeras, con Andalucía como territorio preferido y una salida a la Región de Murcia. Esta última se dio en 2011, en la primera pretemporada de Carlos González como dueño y presidente de la entidad, en La Manga del Mar Menor. Antes tocó Costa Ballena -en la localidad gaditana de Rota- y después las concentraciones se dieron en Mijas Costa (Málaga), Isla Canela -en Ayamonte, Huelva- y de nuevo en la Costa del Sol pero en Marbella -en realidad en San Pedro de Alcántara y no directamente junto al mar-. Esta dinámica sucedió a la inmediatamente anterior pues desde el cambio de siglo lo más habitual fue precisamente viajar a la costa. Sin ir más lejos, Costa Ballena fue espacio repetido y por más de una ocasión. Lo importante, eso sí, es que el cuadro califal va a tener ocasión de escapar del asfixiante calor de la capital durante un par de semanas. Así es a diferencia de lo que ocurrió en 2019, cuando las estrecheces en el plano económico impidieron que el equipo tuviera que adaptarse a las temperaturas sin salir a otro municipio.

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