Adiós y a otra cosa

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Ya solo queda lo real: la Liga. No hay más distracciones para el Córdoba, que salió de la Copa del Rey con una patada en el trasero por parte del Getafe, que dominó la eliminatoria de un modo absoluto. Los blanquiverdes se lo pusieron un poco más fácil, todo hay que decirlo. Tanto en la ida, con Sandoval al frente, como en la vuelta, ya con Curro Torres en el banquillo, el cuadro cordobesista enseñó sus taras sin poder evitarlo. Podrá disimular y algunos días hasta le saldrá bien, pero a día de hoy sus éxitos deportivos son sucesos puntuales, bocanadas de aire que le permiten mantenerse a flote en medio de un temporal que va más allá de lo que sucede en el campo.

En el Coliseum Alfonso Pérez hizo lo que pudo. Lo de casi siempre. Tratar de mantener el orden, ser disciplinado en las marcas, mantenerse insistente y solidario en la presión, buscar el modo de controlar al máximo la posesión... Eso le da para aguantar el tirón siempre que su adversario no sea mejor o cometa fallos. En Getafe se dieron esas dos circunstancias. Los locales contaban con elementos de mayor calidad y, además, hubo errores clave. Propios y ajenos. Y la acostumbrada dosis de desgracia: Jaime Romero abandonó el césped en camilla tras perder el conocimiento después de una mala caida tras una aparatosa entrada.

A Curro Torres, condicionado por las bajas, le pareció buena idea ir buscando nuevas opciones para la zona ofensiva. Dio camiseta de titular a Erik Expósito, el único que no se había estrenado como goleador, y recuperó a dos piezas a las que habrá que exprimir: el veterano Alfaro y el novel Sebas Moyano. El de La Palma se metió como enganche y el de Villanueva del Duque se movió por el frente de ataque buscando el uno contra uno o la asociación rápida. Su entusiasmo por dejarse ver es a día de hoy uno de los argumentos de un Córdoba ansioso por abandonar el tono depresivo. Los blanquiverdes, sin nada que perder, se plantaron con cierto descaro en el Coliseum Alfonso Pérez, cuyas gradas presentaban su tradicional -en esta ocasión más, por el dudoso atractivo del equipo, el día y la hora- aspecto. Semivacío. Entre los espectadores estuvo Sergi Guardiola, otrora estrella goleadora del Córdoba y actualmente suplentísimo del Getafe. El jumillano, que tenia molestias físicas -según dijo Bordalás en la previa-, está cedido por el club blanquiverde al azulón hasta junio y con una opción de compra de diez millones de euros que jamás se hará efectiva. Una maravillosa gestión. Otra más.

A los doce minutos, un saque de esquina de Sebas Moyano lo tocó en carrera Erik Expósito y el balon se fue alto. El Getafe sesteaba, seguro de su superioridad ante un Córdoba bullicioso. Bordalás, perro viejo en este negocio, movía la cabeza con inquietud en la banda. El Getafe apretó algo, no demasiado, y se llevó premio. A los 17 minutos, Portillo remachó sobre la línea el 1-0 tras tocar un balón centrado por Cabrera que no había blocado bien Marcos Lavín. Tras el golpe, el Córdoba siguió a lo suyo. A buscar su estilo, a encontrarse a sí mismo. Jaime Romero lo intentó en un latigazo en el 20, pero la pelota salió junto al palo de Chichizola. Los blanquiverdes tenían más posesión, pero sin llegar mucho más allá. Ángel, de cabeza, asustó a Lavín en el minuto 38. El Getafe, con poco, gobernaba el pleito con soltura ante un Córdoba esforzado pero sin inspiración.

Todo se nubló un poco más en el minuto 41, cuando Munuera decretó penalti tras una caida de Ángel en el área cuando Jesús Valentín se había lanzado al césped para sacarle el balón de los pies al punta azulón. La acción desató el caos: Curro Torres fue expulsado del banquillo por protestar, el central Jesús Valentín vio amarilla y el delantero canario del Getafe firmó el 2-0 con un toque templado que engañó a Lavín. El Getafe, con servicios mínimos, se fue al vestuario con el trabajo prácticamente terminado. El Córdoba acabó la primera parte con un marcador excesivo, su entrenador expulsado y la necesidad de marcar tres para darle la vuelta a la situación. Esa opción nunca estuvo sobre la mesa.

Nada más salir, la herida se agrandó en el Córdoba con un gol de Robert Ibáñez, que aprovechó una acción de Gaku Shibasaki para firmar el 3-0 ante la pasividad de la retaguardia. La defensa cordobesista sigue siendo una tómbola en la que siempre toca. Marcos Lavín evitó en el minuto 50 un gol de Robert Ibáñez, que había driblado a todos los que le salieron al paso. El Getafe sintió su poder y apretó a un Córdoba deshilachado, ya más pendiente de que terminara la tortura que de otra cosa. Los menos habituales vieron la ocasión de lucirse y no renunciaron a hacerlo a costa de los blanquiverdes, que por entonces estaban claramente sometidos.

A los 60 minutos, Jaime Romero tuvo que salir del campo en camilla y con un collarín después de una entrada de Cristóforo. El Córdoba se envalentonó y marcó el primer gol por mediación de Aythami, que adecentó el marcador y espoleó algo a los blanquiverdes para que arriesgaran. No por una remontada sino más bien por una cuestión de amor propio. La consecuencia de este arreón fue el montaje de contras azulonas y una demostración de calidad de Ángel, que en dos minutos firmò dos tantos para llevar el marcador a un cinco a uno. Ahí terminó la pesadilla para el Córdoba.

FICHA TÉCNICA

GETAFE, 5: Chichizola, Foulquier (Damián, 70'), Miquel, Bruno, Cabrera (Antunes, 64'), Cristóforo, Portillo; Iván Alejo (Hugo Duro, 56'), Gaku, Robert Ibáñez y Ángel.

CÓRDOBA, 1: Marcos Lavín, Loureiro, Jesús Valentín (Álex Quintanilla, 78'), Aythami, Javi Galán, Bambock, Sebas Moyano (Andrés Martín, 78'), Quim Araujo, Alfaro, Jaime Romero (De las Cuevas, 60') y Érik Expósito.

ÁRBITRO: Martínez Munuera (Comité Valenciano). Amonestó con tarjeta amarilla al local Cristóforo y a los visitantes Jaime Romero, Jesús Valentín y Alfaro. Expulsó a Curro Torres, entrenador del Córdoba, en el minuto 41.

GOLES: 1-0 (17') Portillo. 2-0 (41') Ángel, de penalti. 3-0 (48') Robert Ibáñez. 3-1 (70') Aythami. 4-1 (77') Ángel. 5-1 (79') Ángel.

INCIDENCIAS: Partido de vuelta de dieciseisavos de final de la Copa del Rey, disputado en el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe.

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