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ARTE GRÁFICO
El trazo cordobés detrás del nuevo disco de Silvia Pérez Cruz

Una de las ilustraciones de Cámara Pasadas en el disco de Silvia Pérez Cruz.

Borja Cámara (Córdoba, 1992) abrió un día un mensaje privado de Instagram y la remitente era Silvia Pérez Cruz. Así arranca la historia que ha llevado a este creador cordobés a ilustrar y diseñar el último trabajo de una de las cantantes españolas más importantes de las últimas décadas, un trabajo titulado Toda una vida, un día, que acaba de ver la luz en formato digital y físico.

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Prácticamente nueve meses han estado trabajando la cantante y el ilustrador en la imagen que acompaña el disco. Hoy, cuando le preguntan a Cámara cómo ha sido el proceso, parece como si aún estuviera digiriéndolo. “Todavía me cuesta creer que lo haya hecho y que tenga fuera algo así de bonito. Que alguien tan importante se haya fijado en mí y me haya dado esa confianza, de dejarme trabajar codo con codo, ha sido una oportunidad increíble”, explica el creador, que repite un par de veces durante esta charla un mantra que está a punto de caducar: “Yo no soy una persona conocida y llevo muy poco tiempo en esto”.

Vale, las dos cosas son ciertas. Borja Cámara lleva efectivamente poco tiempo constituido como marca de diseño (Cámara Pasadas, búsquenlo en Instagram y Google), e incluso puede que no sea muy conocido. Otra cosa es que no sea reconocible. Lo es, sus diseños e ilustraciones tienen un sello propio. Hijo de un andalucismo contemporáneo que ha explotado especialmente en las artes plásticas, la música y el diseño (ha estado vinculado al colectivo Algazara), el trazo de Cámara brilla por su simbología, el uso del color y la creación de códigos reconocibles, pero reimaginados, reactualizados y resignificados.

Probablemente todo eso es lo que llevó a Silvia Pérez Cruz a buscarle por Instagram. “Nos seguíamos desde hace un tiempo y yo, como trabajo mucho con símbolos, pues eso le gustaba para este disco”, cuenta el artista, que reconoce que el proceso ha sido conjunto, con la artista comentándole todo el universo que quería crear en este nuevo trabajo y él tomando notas y ejecutando bocetos y diseños.

Así, ambos fueron creando un imaginario común a partir de las sensaciones o elementos que Pérez Cruz sentía que tenían que estar en el arte del disco. Hablamos de una artista que no deja un detalle al azar. “Ella canta, compone, toca y hace los arreglos y también ha sido la directora creativa”, apostilla Cámara, un chaval que, hasta hace unos años, era un estudiante de Ilustración en la Escuela de Artes y Oficios Mateo Inurria.

Un disco conceptual en cinco movimientos

Toda la vida, un día es un disco conceptual dividido en cinco movimientos, explica. El trabajo hace un recorrido circular a través de las etapas vitales y de las estaciones primaverales. La quinta etapa, en ambos casos, es el renacimiento, el momento en que todo empieza a girar y comienza de nuevo. Por eso, hasta el momento, la única imagen que había trascendido de los diseños de Cámara Pasadas para el disco era ese símbolo circular grueso que parece hecho a brochazos, con una imperfección perfectamente medida.

Es sólo un elemento de la simbología que acompaña el disco de la que se ha encargado. Hay más: golondrinas, asteroides y lechugas dibujan la primera etapa, la niñez (la primavera) simbolizada por una flor; una muchacha flotando cubierta de flores acompaña la segunda etapa, la juventud (el verano), simbolizada por la inmensidad; ramas secándose y una vestido desabrochado simbolizan la tercera etapa, la madurez (el otoño), encarnada en un jardín; un jarrón, una mujer mayor y una golondrina forman parte del arte visual de la vejez (el invierno), alegorizada por un peso; Y un bebé flotando cierra el círculo con la quinta etapa, el renacimiento de todo.

Cada etapa del disco (un doble vinilo y un CD de generosa duración, con 21 canciones) tiene un sonido distinto y una simbología y un color diferente. Además el compact disc se ha concebido como si fuese un cuento, en el que todas las canciones aparecen traducidas y siguen una cronología, adornadas por las ilustraciones del cordobés.

Diseño gráfico

La guinda del pastel para Cámara Pasadas, ha sido poder ilustrar a la propia Silvia Pérez Cruz, a la que ha representado como una diosa de la naturaleza y la fertilidad, y también como una mujer madura en plenitud, desabrochándose el vestido. Por si fuera poco, también ha acabado trabajando en el diseño gráfico del disco, en un trabajo que reconoce haber disfrutado mucho por el encuentro con una artista a la que define como “muy humilde y abierta a escuchar”.

Una artista a la que ni siquiera le ha preguntado cómo dio con él. Qué llevó a Silvia Pérez Cruz a abrir el privado de Instagram y escribirle a un ilustrador de 30 años prácticamente desconocido sigue siendo hoy un misterio.

“No se lo ha preguntado. Supongo que vería alguna ilustración. A ver, Silvia está muy conectada con el flamenco. Y yo tengo todo eso en mi trabajo, aunque me estoy intentando alejar de lo evidente”, reflexiona Cámara Pasadas, que apunta que todo el auge del andalucismo cultural que está tan de moda forma parte de su corpus, aunque siempre intente darle un giro y llevarlo hacia otros planos.

De todo eso y de mucho más hay en sus próximos trabajos. Ahora mismo tiene pendiente que salgan las ilustraciones del libro El pueblo duerme, de Pepa Jiménez, del nuevo disco del músico cordofrancés David Donnier y del merchandising para Carmen Xía. También tiene por delante mantener el estado creativo y hacer unos cuantos trimestres como autónomo.

“Yo sólo me dedico a esto ahora mismo afortunadamente. Y creo que ha sido fruto de muchísimo trabajo y también mucha suerte, de estar en el momento y en el sitio adecuado. Pero que si esto se viene abajo, no pasa nada tampoco”, concluye el ilustrador cordobés del último disco de Silvia Pérez Cruz, una artista que, por cierto, siempre presume de saber escoger bien con quién colabora.

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