Las Lágrimas y su corona con historia

Corona, ya restaurada, de la Virgen de las Lágrimas | HERMANDAD DE LA MISERICORDIA

El orfebre cordobés Emilio León procedió a finales del año pasado a restaurar la corona de salida de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo, titular de la hermandad de la Misericordia, una pieza de 1954 que cuenta con más de una historia relacionada con ella y que el cronista de la hermandad de San Pedro, Antonio Varo, recogió en su libro Nazarenos blancos. Dos etapas en la historia de la hermandad de la Misericordia.

El trabajo de Emilio León ha consistido en una restauración integral de la pieza, a la que ha enderezado la ráfaga, le ha cambiado los muelles de sujeción de estrellas, algunas de las cuales estaban partidas y se han arreglado, le ha reforzado las imperiales y por último, le ha dado un baño de oro nuevo, todo lo cual la ha dejado en inmejorables condiciones.

La idea de hacer esta corona para la Virgen partió de la junta de gobierno de la Misericordia en 1952 con la intención de que estuviera para la procesión del año siguiente. El orfebre elegido fue Rafael Peidró, al que la hermandad dio 2,8 kilos de plata y 2.000 pesetas de entrada. Según cuenta Varo, cuando se fue acercando la fecha de imposición de la corona, el orfebre dijo que no estaría a tiempo. El propio Varo cuenta en su libro Nazarenos blancos que la hermandad requirió al artista para que devolviera la plata entregada, cosa que no sucedió porque, según pudo saber la cofradía y relata Varo por los testimonios recabados por él y que nadie ha desmentido hasta el momento, el material que se iba a utilizar para la corona de las Lágrimas habría sido supuestamente empleado por Peidró en la corona de la titular de otra hermandad cordobesa. Para evitar llegar a los tribunales, el orfebre se comprometió a tener la pieza encargada por la Misericordia para el año 1954.

La profesora María Teresa Dabrio la describe así: “Realizada en plata cincelada y dorada, consta de aro ornado de motivos vegetales y un cuerpo troncocónico invertido que sostiene imperiales poco elevadas. El ornamento que luce es vegetal y figurativo, realizado con la depurada técnica que caracteriza a su autor. Sostenida por las imperiales, muestra una estructura periforme invertida que, a su vez, sirve de soporte a la reproducción de la urna de los Mártires. La ráfaga es ancha y plana, con perfil ondulante, formada por dos secciones separadas por una moldura; la más interna es compacta y profusamente decorada, en tanto que los rayos recuerdan el modelo empleado en la de la Virgen de las Angustias, aunque difiere la disposición de las estrellas”.

Se completa esta descripción con la referencia a la presencia del escudo de la hermandad -única pieza en oro- en el frontal de la corona, flanqueado por representaciones de San Acisclo y Santa Victoria; en la parte trasera se muestra la tiara pontificia escoltada por San Eulogio y San Marcial. En la parte superior de la ráfaga, presidida por la cruz, se aprecia en bajorrelieve la urna de los Santos Mártires, y al dorso de la misma una inscripción.

Y aquí otra historia, en este caso triste aunque llena de fe. La inscripción es una dedicatoria que está hecha en memoria de María del Carmen Rojas Córdoba, una joven alumna del colegio Sagrada Familia (Las Francesas) que había fallecido con sólo quince años de edad en enero de 1951. Su padre, Pedro Rojas, era vicehermano mayor de la Misericordia y fue el principal donante que hizo posible la realización de la corona. Por eso, en la pieza aparece una inscripción que dice: “María Santísima, Reina de cielos y tierra, te rogamos intercedas y alcances para tu sierva María del Carmen la compañía de los santos y elegidos, y haz que siempre te invoquemos confiados porque tú eres nuestro refugio y la esperanza de nuestra salvación. Año Mariano 1954”.

En efecto, fue el Domingo de Ramos de 1954 cuando le fue impuesta la presea a la Virgen de las Lágrimas en un acto de coronación litúrgica. No obstante, y aquí otra anécdota, en las estampitas que se repartieron de recuerdo aparece que se trataba de una coronación diocesana, si bien no existen documentos ni en la hermandad de la Misericordia ni en el Obispado que así lo demuestren. Aunque estaba previsto que fuera el obispo Fray Albino quien presidiera la misa en la que se impuso la corona, por indisposición de éste, fue finalmente el vicario general de la diócesis, Francisco Navajas, el que lo hizo.

Con la restauración de esta corona la Misericordia pone en valor una parte importante de su patrimonio, como viene haciendo en los últimos años con la hechura de un nuevo paso para el Cristo siguiendo el diseño del anterior o intervenciones en piezas del paso de palio, para el que Emilio León hará unos candelabros de cola nuevos en un futuro.

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