De La-Hoz: “La celosía de la Mezquita la pagó el Estado”

Rafael De La-Hoz, junto a la celosía de la Mezquita que diseñó su padre | MADERO CUBERO
La familia va a presentar un recurso de alzada ante la Consejería de Cultura

En 1970, cuando era un adolescente, Rafael de La-Hoz Castanys, vio como su padre, Rafael de La-Hoz Arderius, se enfrascaba en un diseño arquitectónico muy particular. Se trataba de unas celosías que instalaría en cuatro de las arcadas libres que dan al Patio de los Naranjos de la Mezquita. “Yo le vi dibujarlas. Y me dijo: 'Las he diseñado para que no las quiten nunca'”, recuerda De La-Hoz Castany. Pero cuatro décadas después, una de esas arcadas de dos toneladas de madera de cedro maciza puede desaparecer, merced al deseo del Cabildo de facilitar el acceso a las procesiones y al permiso que le ha dado la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico de Córdoba, presidida por la delegada de Cultura, Manuela Gómez. En marzo, este organismo de luz verde a un proyecto que plantea instalar una nueva puerta móvil que se abriría en dos hojas que imitarían la celosía original. “La imitación que se plantea no es más que bisutería y eso la Mezquita no lo puede tolerar”, zanja el arquitecto.

De La-Hoz Castanys y su familia alegaron contra esa retirada de la celosía “que pagó el Estado”, como ha recordado esta mañana en una rueda de prensa en el Colegio de Arquitectos. Pero la Junta rechazó el recurso porque su padre no aparecía en la firma final del proyecto. No obstante, ayer se hizo público un documento firmado por el arquitecto que rubrica los planos, Víctor Caballero Ungría (que hoy tiene 92 años) afirmando que él solo fue coautor de la obra junto a De La-Hoz Arderius. De esta forma, la familia va a presentar un recurso de alzada ante la Consejería de Cultura.

Pero más allá de la polémica de la autoría, “que no tiene discusión y ya está zanjada”, De La-Hoz Castanys ha querido ir al fondo del asunto, es decir la introducción de las procesiones en el interior del monumento. El arquitecto ha recordado que en 2012 la Comisión de Bienes Inmuebles de la Junta ya rechazó el primer proyecto de puerta. En aquella ocasión, ni siquiera entró a considerar la propuesta radical que hicieron los arquitectos conservadores (sustituirla por una puerta de cristal y acero y destruir la original) sino cuestionando el fin último de la intervención. “Lo que pedían era que se estudiase bien con los expertos, que se consultase con el Icomos o con la Unesco, que se debatiese antes de entrara considerar una obra con tanto impacto”, ha recordado el arquitecto.

Por eso, para el hijo del diseñador de las celosías es tan difícil entender lo que ahora hace la Junta al dar permiso al segundo proyecto de apertura. “No se tiene en cuenta lo que la propia Junta dijo hace tres años y permite la obra antes de estudiar el conjunto de lo que supone”, destaca. “No sé por qué hay miedo de hablar con los expertos. Sentándonos con todos seguro que llegaremos a una solución”.

El arquitecto no se ha mostrado en contra de que se celebren procesiones -“me encantan, he traído a mis hijos para que las conozcan”- y tampoco de que entren en la Mezquita -“siempre y cuando no dañen al monumento, que es lo más sagrado”- pero sí ha insistido en que todo tiene que hacerse “con diálogo”. En este sentido, se ha mostrado confiado en que no sea necesario llegar a los tribunales.

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