Diario del Confinamiento | No cuela

Imagen de una playa.

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Llegamos ayer a la caída de la tarde. Decidimos volver a Conil por Semana Santa. Ya sabes que nos gusta mucho y solemos repetir para vacaciones cortas. Lo conocemos, tenemos amigos y nunca defrauda.

Nos instalamos y dimos el paseo de rigor por sus calles encaladas iluminadas por el atardecer, tomamos unas cañas con montaditos de marrajo en El Capricho –sigue esa camarera tan simpática hija del dueño- y luego pasamos a ver a los amigos de El Campito, nos contaron sus novedades en el hostal para la nueva temporada y volvimos a disfrutar de su hamburguesa de retinto. Nunca defrauda. Rematamos el aterrizaje con un par de güisquis en el patio del Tertulia con la buganvilla cada año más grande. Bueno, allí nos encontramos con el Zurdo –que había cerrado su restaurante- y acabaron siendo cuatro güisquis.

Esta mañana, como debe ser, hemos comprado churros en la Chana y hemos bajado al kiosco del paseo marítimo a husmear los libros de ocasión (he comprado una biografía de JFK por cinco pavos –no preguntes por qué). Antes, al pasar junto al Arco de la Villa, le he hecho una foto a la fachada de la farmacia de la licenciada María José Pérez para mandársela a una amiga –es tradición-.

Ahora, mientras te escribo, leo el Diario de Cádiz en la terraza de El Pasaje tomándome un bloody mary frente al Atlántico. Luego daremos un paseo por la playa hacia el Palmar. Para cenar esta noche, hemos encargado en La Fontanilla barriga de atún de almadraba asada a baja temperatura.

En fin, que aquí se está de perlas. Y lo sabes. Un abrazo.

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¡Que te acuestes ya, fantasma! ¿A quién quieres engañar? No cuela, capullo.

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